Según Arthur C. Clarke, “cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. ¿Cómo podemos prepararnos, entonces, para un futuro que seguramente ahora nos parecería tan mágico e inverosímil como lo sería el mundo actual para alguien del siglo XIX? Analizar los movimientos y tendencias de la sociedad para perfilar los caminos que seguirán es una de las opciones que tenemos para imaginar ese mañana. Otra gran herramienta es la ciencia ficción. De todo esto y más va la exposición “Experimento Año 2100” que puedes ver en CaixaForum Palma hasta el 7 de enero de 2018.

Inspirados por los descubrimientos de su época, aliñados con las especias de su talento e imaginación, grandes soñadores como Julio Verne, H. G. Wells, Isaac Asimov o Philip K. Dick exploraron en sus obras mundos fantásticos e hipotéticas visiones de futuro que fascinaron a generaciones enteras. Pero lo mejor de todo es que, sin saberlo, acertaron muchos de los ingredientes de nuestro día a día. En Un mundo feliz, por ejemplo, Aldous Huxley predijo el uso de los antidepresivos ¡en el año 1932! En la novela de Ray Bradbury Fahrenheit 451, del año 1953, aparecían unos auriculares. Y en 2001: Odisea del espacio, escrita en el 1968, Arthur C. Clarke describió un periódico portátil de pantalla plana.

 

 

El futuro y su predicción es algo que interesa desde tiempos inmemoriales. ¿Cómo será nuestro mundo? ¿Cuántos seremos? ¿De qué viviremos? ¿Cómo aprenderemos? ¿Qué comeremos? Son grandes preguntas que nos preocupan a todos: desde al ciudadano de a pie hasta a gobiernos, militares y grandes empresas. Imagina que el ser humano, por ejemplo, consiguiera la vida eterna. ¿Cómo cambiaría eso nuestro mundo? ¿Qué retos nuevos surgirían? Y ahora imagina que, mañana, los científicos descubrieran un lenguaje que nos permitiera comunicarnos con los animales. ¿Modificaría eso la forma de vernos a nosotros mismos?

La ciencia ficción nos permite imaginar fuera de los límites y prejuicios del presente. Nos ayuda, como decía Michel Foucault, “a crear ventanas donde antes solo había muros”. Y aunque en términos absolutos el futuro no se pueda predecir a ciencia cierta, hoy en día, gracias a la prospectiva y a sus modelos matemáticos, podemos hacer pronósticos razonables, bosquejar futuros posibles y dibujar megatendencias en temas como recursos naturales, ciudades, salud, cultura, educación, economía o tecnología.

Eso sí, lo más importante es entender que, mientras todas estas técnicas nos enseñan las posibilidades, como cuando eliges el color con el que pintar la pared de tu habitación, es nuestra responsabilidad saber qué camino queremos hacer realidad. El futuro lo construimos entre todos, día tras día. Así que dejemos atrás las predicciones distópicas y especulemos sobre posibles utopías. Tomémonos en serio nuestros sueños y transformemos la realidad compartiendo esos sueños con los demás para inventar el mañana, juntos.