Decía el escritor André Gide que no se descubren nuevos continentes si no se tiene el valor de perder de vista las viejas orillas. Aplicado al futuro laboral de los jóvenes, eso implica no solo viajar y conocer otras culturas, sino atreverse a pensar diferente, en grande, y trabajar en equipo con otras mentes inquietas hasta conseguir innovar. Pero ¿cómo hacerlo con tan solo 17 años? Aprovechando oportunidades como el premio Desafío Emprende de EduCaixa, que premia con un viaje formativo a Silicon Valley a los jóvenes con las ideas más brillantes para mejorar nuestra sociedad.

Eli, Bet y Mariona, de la Escola Thau Sant Cugat, ganaron el premio Desafío Emprende de EduCaixa hace dos años. Su idea innovadora: una manta impermeable para personas refugiadas que, además de aprovechar la energía solar para producir más calor, era hatillo y portabebés. “En el 2016 el problema de los refugiados era ya muy grande. Nuestro profesor Maur nos puso documentales del tema y nos enseñó el concepto de emprendimiento social. Después, nosotras tuvimos la idea”. Esa es, justamente, la primera parada hacia un futuro distinto y mejor: la idea. Reconocer un problema, decidir solucionarlo y pensar cómo hacerlo, teniendo claro que “aunque seas joven y no tengas dinero, si tienes una muy buena idea, la puedes llevar a término”.

 

 

Segunda parada obligatoria: salir de tu mundo, de tu realidad. Celia, Aida y María Luisa, de Salesians Sarrià, aún están asimilando su viaje a California del pasado julio, que fue “como en las pelis”. Ellas inventaron unas pulseras que detectan los niveles de contaminación ambiental para prevenir las enfermedades respiratorias, pero nunca pensaron llegar tan lejos. “Cuando nos dijeron que íbamos a Stanford, fue como… me muero”, confiesa Celia. “Allí ganas mentalidad, te vuelves valiente con los nuevos retos y aprendes otras formas de trabajar”, añade ella. En eso, todos coinciden: en Silicon Valley han aprendido a trabajar en equipo, a colaborar, al learning by doing, a comunicar mejor y a arriesgar. Hay más libertad, pero también más responsabilidad. Y ¿no es eso madurar?

La tercera parada imprescindible en el camino hacia una sociedad mejor pasa por la tecnología. Para Jaime, Marce, Javier y Pablo, del Colegio Nuestra Señora de las Mercedes de Granada y ganadores del Reto Big Data, este ha sido su primer contacto serio con los macrodatos. “Ahora he visto claro que tener conocimiento de big data es superútil en cualquier empresa”, asegura Javier. “Yo quería dedicarme a la informática y me he dado cuenta de que el big data es una parte muy importante, así que me voy a centrar en eso, siempre con ética en la gestión de datos”, decide Marce. Los retos tecnológicos que les pusieron los maestros antes de partir, las actividades formativas y las visitas a las mejores empresas TIC les han abierto los ojos.

Así, el futuro de todos estos chicos y chicas ha tomado un desvío a mejor. María Luisa, que en segundo de ESO aún no tenía nada claro, se ha decidido por el business analytics. “Quiero ser directiva de una empresa tecnológica”. Algunas, como Celia, apuntan aún más alto: “Me encantaría trabajar en el ITER. O en la ONU, en el departamento de ciencia y seguridad nuclear”. Otras, como Eli, Bet y Mariona no cambiarán de vocación, pero sí le darán a su futuro laboral “un enfoque más ambicioso, diferente” gracias a lo vivido. En cualquier caso, los inventos de los chavales –convertir la contaminación acústica en energía eléctrica, un brazalete para vigilar la salud de animales de compañía, un mando a distancia para apagar interruptores desde muy lejos de casa…– ya están empezando a cambiar su futuro y, sin darnos cuenta, el de todos.

 

Fotografía: Javier O. San Martín