Nunca verás al famoso Hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci columpiándose en un parque infantil o bajando a por pan. Sus proporciones ideales, perfectamente geométricas, solo existen sobre el papel. Las personas somos todas seres imperfectos. Y las ciudades son escenarios de vida de estas personitas llenas de defectos y virtudes y, como tales, tienen que diseñarse para que todo el mundo pueda disfrutarlas por igual. Para unir y reunir a la gente. Para que todos podamos andar, trabajar y jugar en ellas. Con este ideal en la cabeza, el estudio de arquitectura Izaskun Chinchilla, el centro de arte contemporáneo La Panera y la asociación AREMI, dedicada a atender personas con parálisis cerebral y otras discapacidades motrices, han unido fuerzas para construir el primer parque infantil inclusivo de la ciudad de Lleida. Porque si hay que empezar por un sitio, siempre será por los niños.

“Para nosotros la arquitectura es un servicio social”, dice Izaskun Chinchilla, arquitecta y directora del proyecto Arte, espacio público e inclusión, apoyado por el programa Art for Change ”la Caixa”.Si diseñamos ciudades para los ciudadanos pero sin los ciudadanos nunca sabremos qué necesitan.” Y saber qué necesita alguien es tan fácil como preguntar. Por eso el primer paso para construir este parque sin barreras ha sido ir a la asociación AREMI, donde viven o estudian hasta 100 personas con parálisis cerebral y otras discapacidades, a preguntar cómo les gustaría a ellos que fuera ese espacio.

 

 

Así, personas de todas las edades y diferentes capacidades han participado y participarán en talleres (de reconocimiento de formas, sonidos, texturas y hasta de asociar emociones a colores) que darán forma al futuro parque. Hoy tocaba hablar del que será el elemento central: el tiovivo. Gema, por ejemplo, tiene clarísimo que el sonido del tambor es el que más le gusta. Javi —que participa en la revista de la asociación y, como todo buen reportero, va siempre cámara en mano— toca diferentes muestras de textura, desde tela de saco hasta terciopelo, para quedarse al fin con la más suave: relleno de cojín. Hay a quien el verde le inspira frialdad, y a quien el rojo, calor o fortaleza. A ninguna chica le gusta el caballo regio y seriote del Napoleón cruzando los Alpes de Jacques-Louis David, mientras que los coloridos caballos de Franz Marc ganan por voto popular.

“No es concebible que haya una parte de la población que no pueda acceder a los espacios lúdicos”, dice Alejandra Pociello, directora del centro educativo de AREMI. En los parques infantiles los niños tienen la oportunidad de desarrollar su musculatura y psicomotricidad, mejorar su dominio espacial, socializar y aumentar su autoestima. Aunque “no habría ni que cuestionarse el porqué de este proyecto: el juego nos gusta a todos y el derecho al disfrute, al ocio y al tiempo libre es inherente a todo ser humano. Este es solo el primer paso: ojalá llegue un día en que algo así no sea ni noticia”. Esa, y no otra, sería la normalidad absoluta.

Un día que llegará tarde o temprano gracias a los niños y a sus tardes entre columpios y toboganes. “Si desde pequeño convives con la diferencia, la integras y dejas de percibirla”, cuenta Vanesa Ibarz, gestora de proyectos en La Panera. “Por eso, antes de colocarse definitivamente en el patio de AREMI, la instalación estará unos meses en distintos espacios públicos de Lleida para que niños con discapacidad y sin ella puedan disfrutarla juntos.” La meta final es crear un espacio de convivencia comunitaria en la ciudad.

Podrá parecer contradictorio pero, cuanto más diseñadas estén nuestras ciudades para acoger la diversidad, más universales serán. De hecho, “una ciudad adaptada a un niño que va en silla de ruedas, por ejemplo, también es una ciudad adaptada a los ancianos o a los carritos de bebé”, dice Izaskun. “Este es el verdadero significado de las palabras accesibilidad e integración. Todos estos discursos, que parecen minoritarios, en realidad suman.” Y lo resume bien Elisenda, del departamento de comunicación de AREMI, al afirmar que su lucha, por encima de todo, es “hacer del mundo un lugar adaptado y feliz para todos”.

 

Fotografía: Rita Puig-Serra