Me bajo en la estación de Collblanc. Después de pasar las fruterías, bazares, locutorios, centros de estética y carnicerías halal de la calle del Llobregat, me aventuro por el parque de la Torrassa, bajando por las escaleras.

Huele a césped, flores y cañas. Diminutas nubes de arena se levantan al caminar. La vista es bonita y veo pasar el metro más abajo. Sigo caminando hasta encontrar a Alba, Rubén y Javi. Los dos primeros son educadores de calle de la Asociación Educativa Itaca. El tercero es técnico del proyecto ICI (Intervención Comunitaria Intercultural), promovido por la Obra Social ”la Caixa”. Una red de vóley está montada y, mientras esperamos a que lleguen la mayoría de jugadores (y vecinos), miramos cómo se pasan la pelota José y Bilal, dos chavales del barrio muy majos.

La idea de jugar un torneo de vóley nació para mejorar algo que ya estaba sucediendo en esta plaza. Espontáneamente y desde hace más de 3 años, Mirko –un señor de origen peruano­– y sus amigos se juntaban para jugar a vóley, trayendo su propia red. “Tienen un grupo de WhatsApp y se autogestionan”, dice Alba. Desde el proyecto ICI, coordinados con Oci al Barri, decidieron montar un torneo para que así los dominicanos, paraguayos, jóvenes del Punyab, de Pakistán o las mujeres que bajaban a la plaza se relacionaran entre ellos.

 

 

El Distrito 2 de L’Hospitalet, Collblanc-la Torrassa, tiene una gran densidad de población y alberga más de 122 nacionalidades. Me explica Javi que la gente coexistía pero no convivía, y actividades como este torneo de vóley hacen crecer la cohesión. A través de un diagnóstico y proceso comunitario previos, en el proyecto ICI buscan apoyar y optimizar las actividades de los vecinos. El premio de hoy será la pelota de vóley para el equipo ganador.

Mientras unas 12 personas siguen jugando el partido, algunos con muy buena técnica, me acerco a charlar con Mirko y su amigo John, sentados al lado de un grupo del Punyab. “Al vernos a nosotros, poco a poco otros se han ido animando. Todos unidos por el deporte después del trabajo”, cuenta John, quien trabaja en un supermercado en el barrio de Sant Gervasi. Añade que en esta cancha han jugado gais, lesbianas, transexuales… Todo el mundo es bienvenido. Hace unos 5 o 6 años, el parque era un sitio poco seguro donde se vendía droga y había robos. Hoy es un sitio de encuentro, juego y deporte.

Asmae, que estaba jugando, se sienta a mi lado para descansar. Es una mujer de Marruecos de 22 años. Está casada y es profesora de árabe para niños. Juega muy bien. “Me gustan el deporte y el fútbol. Ya jugaba en Marruecos”. Al poco tiempo, el torneo finaliza. Mientras compramos un helado de coco casero hecho por una familia colombiana, pregunto a uno de los educadores quién se va a quedar con la pelota, ya que ha habido empate. Él contesta que da igual; “sea para quien sea, la acaban compartiendo todos”. La novedad: el año que viene, Javi intentará que el premio sea pasar un día entero en un parque temático.

 

Texto: Laura Calçada
Fotografía: Mònica Figueras