Los expertos lo vienen advirtiendo desde hace tiempo, pero ahora ya no podemos eludir la evidencia, y la lucha contra el cambio climático se ha convertido en una prioridad para todos los que queremos salvar el planeta. ¿Es demasiado tarde? Evidentemente no, pero hay que ser conscientes de la urgencia de establecer un nuevo paradigma productivo que tenga en cuenta la vertiente ecológica. En este sentido, charlas como “¿La democracia puede revertir el cambio climático?”, organizada por la Fundación Ernest Lluch y el Palau Macaya de”la Caixa”, resultan fundamentales para asentar las bases de una nueva manera de enfocar la vida.

 La conferencia inauguraba el ciclo “Democracias perplejas”con el objetivo de abordar a lo largo del otoño los mayores retos a los que debe enfrentarse nuestra sociedad en el siglo xxi. Lejos de catastrofismos, pero también de soluciones simplistas, dos invitados de lujo —la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, y el eurodiputado Ernest Urtasun— nos revelaron algunas de las claves de cómo la emergencia climática va a afectar nuestras vidas a todos los niveles.

La ministra, recién llegada de la cumbre de la ONU en Nueva York sobre el clima, quiso destacar en primer lugar lo transversal del movimiento de lucha contra el cambio climático y la importancia de la implicación de los jóvenes en este sentido: “De repente ha habido un despertar en la población y la gente ya no delega en otros, sino que todos tenemos vocación de participar en el debate”.

 

Díptico sobre cambio climático y transición ecológica

 

Queda mucho por hacer por parte de los políticos, ya que, como subrayó Ernest Urtasun, “solo un 0,1 % de los debates en el Congreso de los Diputados a lo largo de los últimos 15 años ha abordado el problema del cambio climático.” Las cosas cambian y hay que celebrar el grado de madurez de nuestra sociedad a la hora de encarar la situación, como lo demuestra el seguimiento que está teniendo Greta Thunberg entre los jóvenes o la buena acogida ciudadana ante medidas tan importantes como Madrid Central.

De nada sirve lamentarse por las acciones del pasado y mucho menos dar la batalla por perdida. Hay que hacer “diplomacia ecológica”, como dijo la ministra, y tener muy en cuenta la vertiente social: “No se trata solo de cambiar electrones marrones por electrones verdes, sino que hay que pensar qué tipo de infraestructuras, bienes de equipo y aprovechamiento de bienes digitales vamos a tener”, palabras corroboradas por Ernest Urtasun, que considera “necesario que esta perspectiva impregne los diferentes niveles de la Administración”. No hay duda de que algunas medidas pueden comportar cambios en nuestra vida diaria, pero la sociedad está suficientemente concienciada para asumirlos.

Entre las medidas planteadas, se abordó la posibilidad de un impuesto al combustible en el tráfico aéreo. “El queroseno que sirve de combustible en los aviones no paga impuestos, en cambio el camionero sí debe pagarlos por su gasolina. Eso se decidió en su momento para favorecer el transporte aéreo, que se asociaba con la modernidad, pero ahora sabemos que tenemos que reducirlo porque es uno de los mayores contaminantes.” ¿Será una medida difícil de asimilar? Según la ministra, no: “Si alguien viaja con Ryanair por 20 euros, lo hará por 22”.

También se abordó la posibilidad de establecer un peaje de acceso a las grandes urbes, como ocurre ya en algunas ciudades del norte de Europa. Para Ernest Urtasun, se trata de “sacar coches de la ciudad, ya que ocupan el 70 % de su espacio,” pero ofreciendo al mismo tiempo “alternativas como el tranvía”. Para Teresa Ribera, “cada ciudad tiene que buscar su mejor opción y nuestra propuesta es que todas las ciudades por encima de un número determinado de habitantes cuenten con una zona de cero emisiones”; es decir, donde solo puedan acceder vehículos de hidrógeno o eléctricos.

China es un país que, por su envergadura y su enorme potencial industrial, despierta recelos a nivel internacional en cuanto a su compromiso con el medioambiente. Su desbocado desarrollo económico ha tenido también graves consecuencias ecológicas, a las que se está enfrentando con retraso. Pero por otra parte, según Ernest Urtasun, el gigante asiático “está invirtiendo mucho en nuevas tecnologías vinculadas con las energías renovables porque quiere venderlas al mundo occidental”. Una vez más, se trata de hacer que la lucha ecológica presente una rentabilidad económica que haga que las medidas que se adopten resulten rentables o, por lo menos, asumibles.

No hay soluciones milagrosas ante un problema con tantas ramificaciones, pero está claro, para la ministra, que hay que establecer cuanto antes “políticas de estímulo, políticas fiscales y políticas sociales” que asuman esta perspectiva. Según Ernest Urtasun, “hasta ahora los planes de estímulo económico no tenían visión climática” y se trata ahora de verqué salida ecológica compatible con la lucha contra el cambio climático vamos a dar a la desaceleración económica.” No hay tiempo que perder, es verdad, pero el cambio es ya imprescindible y no debería asustarnos.

 

Texto: Raúl M. Torres