Al enterarse de que su querida amiga, la crítica de cine Lotte Eisner, iba a morir, el director de cine Werner Herzog decidió recorrer a pie los más de 600 km que separan Munich de París para ir a verla. Estaba convencido de que, cuantos más pasos diera él, más tiempo viviría ella. Tardó 20 días en llegar. Ella vivió 9 años más. Herzog podría haber ido en coche y plantarse ahí en 10 horas, pero escogió lanzarse campo a través. Y es que, en nuestras sociedades contemporáneas, en las que ya no necesitamos los pies para movernos, caminar es siempre una elección.

En un mundo que se mueve a la velocidad de coches, aviones, trenes y hasta segways, caminar se ha vuelto tan innecesario que hasta el filósofo Roland Barthes lo consideraba el gesto más trivial posible y, justo por eso, el más humano. Hoy quienes todavía recorren distancias largas a pie suelen hacerlo por puro gusto. ¿Y qué mejor razón para hacer algo que el placer?

 

 

Caminar por caminar es también lo que mueve al grupo de senderismo del EspacioCaixa Reus, uno de los espacios comunitarios que la Obra Social ”la Caixa” ofrece a las personas mayores para que puedan organizar todo tipo de actividades. Ahora en este grupo rondan todos los 70 años, pero hace más de 10 que se echaron a andar. A veces son más, otras menos; pero cada miércoles sin falta, mínimo un par se atan las zapatillas y se preparan para la caminata. Dónde ir es lo de menos. Si escogen una u otra ruta es más bien por si ese día necesitan volver antes para recoger a sus nietos del cole, comer con la familia o ir a clases de teatro, informática o taichí en el EspacioCaixa.

“A mí me encanta caminar desde que era pequeña”, cuenta Francisca, de 72 años. “Tengo artritis, pero hasta el médico me ha recomendado que siga caminando. De hecho, solo me duele cuando estoy mucho tiempo quieta”. Por su lado, José va todos los días a caminar. “Tengo diabetes, así que me tomo el cuidar mi salud caminando casi como una obligación. Pero cuando salgo solo me aburro, en compañía siempre es más divertido”, confiesa.

Caminan sin pausa pero sin prisa a lo largo de unos 10 km, y aún les sobra aliento para echarse unas risas: antes de posar para una foto, Jesús, otro jubilado, pide unos segundos para peinarse, a lo que se saca el gorro y exhibe, divertido, su calva, entre las carcajadas de los demás.

En un momento del recorrido, Emiliano se detiene para mirarse de cerca unos árboles: “Ya empiezan las orugas a caminar por los pinos”, observa. Y es que cuando llevas mucho tiempo recorriendo los mismos senderos, te acostumbras a otra velocidad, más lenta, y eres capaz de percibir hasta los cambios más leves. Parecen hacer suya esa frase del antropólogo David Le Breton que dice que “el caminante es quien se toma su tiempo y no deja que el tiempo le tome a él”.

 

Fotografía: Rita Puig-Serra