La cultura es un derecho para todo el mundo, pero específicamente para las personas más frágiles, “porque para ellas el paquete de beneficios es mucho más grande”, explica Sonia Gainza, directora de Apropa Cultura. Este proyecto acerca el teatro, la música, la danza y el arte visual a colectivos en riesgo de exclusión social ofreciéndoles butacas a precio reducido, así como visitas y actividades adaptadas. Además, del 23 al 29 de este mes se celebra la 3ª Semana Apropa, apoyada por la Obra Social ”la Caixa”, con más de 200 experiencias culturales en 93 equipamientos culturales.

Jean-Baptiste Texier toca el chelo en la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña (OBC). Semanalmente tiene una media de tres conciertos. Pero pocos tan especiales e íntimos como el que dio él solo, el jueves pasado, durante la pausa del ensayo de la OBC, en el vestíbulo de L’Auditori de Barcelona. Pocos que le hagan entrar tan en contacto con el sentido social de la música, y con un público tan dispuesto y transparente: una quincena de personas con discapacidad intelectual que le admiraban alucinados.

Al terminar el concierto en exclusiva, los invitados se sentaron en las butacas de la Sala Pau Casals para escuchar parte del ensayo de la orquesta. Se les veía emocionados, y cada uno lo mostraba a su manera: unos emitían sonidos indescifrables, otros temblaban ligeramente y, a la mayoría, la sonrisa les delataba.

Pero fue la tercera parte de la actividad la que más nos impactó. Era un taller con la musicoterapeuta británica Catherine Clancy. En la sala había xilófonos, contrabajos, timbales, panderetas, chelos, violines, guitarras, cajas… La cara de alegría de los chicos y chicas al coger por primera vez un instrumento a su elección, era impagable. Ana, sordo-ciega, eligió la guitarra. Gozaba con la vibración de la caja de resonancia y el tacto de la madera. Antonio prefirió el violín. Marc, el elefante de la selva musical, el contrabajo. Otros golpeaban alegremente los timbales al ritmo de la canción que Cathy cantaba. Luego la profe nombró director de orquesta a Félix, un chico en silla de ruedas y movilidad muy reducida. “En su vida diaria este chico es silencioso, casi invisible”, explica Cathy. “La música da voz e identidad a personas como él. La música abre fronteras y empodera.”

Esta actividad demuestra la voluntad de la red Apropa Cultura por abrir sus espacios a las entidades sociales. “A las personas con discapacidades, pero también a las que no tienen hogar, a las personas mayores o a los inmigrantes en situación vulnerable” les va bien salir de su rutina, de su entorno, para mejorar, para integrarse, para avanzar. A veces pensamos que tienen otras preocupaciones, que la cultura es secundaria. Pero ellos también tienen alma”, afirma la directora del programa, Sonia, “y el alma hay que alimentarla porque también puede morir de inanición”.

La idea es que el acceso universal a la cultura se acabe convirtiendo en un derecho. Sonia explica que “hay que empoderar al público para que haga sus reclamaciones y nos ayude a todos a ponernos un poco las pilas. Además, vamos hacia un envejecimiento de la sociedad, y cuando alguien se hace mayor, tiene todas las discapacidades”. El mensaje es claro: la inclusión nos beneficia a todos.

 

Fotografía: Laia Sabaté