Asha en nepalí significa esperanza. Una esperanza que las mujeres de Asha Nepal, una ONG de Katmandú, y las voluntarias de la Fundación Solidaria TAI (Trabajos de Ayuda a la Infancia) han mantenido hasta conseguir la financiación suficiente para que 33 niñas rescatadas de la trata puedan seguir en sus hogares de acogida. La pandemia causada por la COVID-19 ha hecho tambalear los fondos de muchas organizaciones solidarias. Y TAI no ha sido una excepción. Por eso la esperanza ha vuelto a este grupo de mujeres al erigirse como La causa del mes, una iniciativa organizada por la plataforma de micromecenazgo migranodearena.org y la Fundación ”la Caixa”. La admiración por el trabajo de TAI, y sobre todo el apoyo de más de 100 micromecenas, han logrado mantener un proyecto que se sustenta sobre una palabra: hermana.

“Namasté, didi” es lo primero que le dicen estas 33 niñas a Rosa Bao, voluntaria de TAI, cuando las visita en Katmandú. Es la muestra de una aceptación implícita, en una bienvenida que significa literalmente “te saludo, hermana mayor”. Este año, a causa de la pandemia, no podrá ir a verlas. Pero vela por ellas desde la distancia, recabando esfuerzos como los que se han logrado con los fondos aportados por los micromecenas de migranodearena.org. “Sé que están bien cuidadas. En cada casa conviven unas 5 o 6 niñas con una mujer adulta, normalmente también víctima de la trata y el abuso sexual. Ha pasado por lo mismo que estas pequeñas. Por eso sabe bien qué necesitan”.

 

Camino de arcoiris hacia una casa

 

Estas cuidadoras, que en cierto modo ejercen el papel de madres adoptivas, son las voluntarias de Asha Nepal, que trabajan en estrecha colaboración con TAI. “Ellas llevan el día a día de cada grupo, que se convierte en una familia. Así, cuando yo llego, lo que hacen es incluirme dentro de su familia. Me arropan, me dan de comer, se preocupan por mí. Esa forma de cuidarse y darse seguridad las unas a las otras es lo que las hace fuertes”, dice Rosa. Un gesto tan sencillo como trenzarse el pelo entre ellas es un rito importante, porque es la forma de aceptar a Rosa dentro de su comunidad.

“Es tremendo ver a niñas de 8 o 9 años, que han sido rescatadas de la trata, que han pasado por experiencias muy traumáticas y por abusos sexuales, vivir con tanta energía”, cuenta. “Es lo que más me llama la atención. No paran quietas un segundo. Desde que se levantan hasta que se acuestan, están en actividad continua, creando una rutina que les aporta seguridad. Es la forma en la que intentamos empoderarlas, darles herramientas, educación y criterio para que puedan enfrentarse al mundo por sí mismas.”

TAI y Asha Nepal también trabajan de forma integral con las familias de estas niñas. E intentan volver a integrarlas sin riesgos. “Es un trabajo realmente complicado, porque la pobreza de base las hace muy vulnerables a la explotación y el estigma dificulta mucho
su reintegración en la familia. Sobre todo, a causa de la necesidad y la pobreza que asola la zona, y que aumentó de forma brutal tras el terremoto del 2015”.

Comenta Rosa que no hay cifras oficiales. Pero se calcula que unas 20.000 mujeres, niños y niñas son víctimas de la trata cada año en Nepal. “En el proceso de reintegración hay que trabajar mucho para limar el estigma y empoderar a las familias para que las niñas no vuelvan a ser víctimas del tráfico. La culpa y la vergüenza manchan sus vidas. Para algunas niñas, no hay ni tan solo una familia a la que volver.” De hecho, de las 33 que forman la comunidad actual, solo diez tienen familia.

Por eso era importante para Monica Donellan, coordinadora de este proyecto en Nepal con TAI, conseguir los fondos y asegurarles un hogar. Al menos hasta final de año. “Nos hemos visto en una situación muy precaria a causa de la COVID-19. Muchos colaboradores han retirado las ayudas. De las cuatro ONG internacionales que colaboramos en este proyecto, dos se han visto obligadas a abandonar al quedarse sin apoyo económico. Una ONG australiana ha conseguido mantenerse en él y nosotras hemos logrado el objetivo de recaudar el dinero necesario para pagar el mantenimiento de estas casas hasta final de año”, comenta. “Nos veíamos en la situación de tener que dejar a estas niñas en la calle, por lo que hemos actuado de forma urgente. El trabajo ya hecho con ellas es vital para recuperar su salud y su bienestar. No podíamos dejarlas de nuevo ante el peligro”. Una labor que engloba todos los aspectos vitales de estas niñas: desde la atención médica hasta la educación y manutención; además del apoyo psicológico y emocional, y la labor de reintegración con las familias.

Y es muy consciente de la solidaridad demostrada por cada una de las personas que han participado de este micromecenazgo. “La emergencia sanitaria nos ha trastocado a todos, dejando a mucha gente en una situación difícil. Nos ha costado pedir para mantener este proyecto, porque sabemos que recaudar fondos ahora es complicado, pero más difícil se nos hacía tener que asumir que las niñas se quedaran en la calle.”

Así, han llegado 112 donaciones a través de migranodearena.org, con las que se han recaudado 5.014 euros de los 6.000 que se habían establecido como objetivo. “Pero además hemos conseguido fondos a través de otras vías, con lo que el monto total supera los 7.000 euros. Eso asegura el bienestar de las niñas. ¡No podemos estar más felices!”.

 

Texto: Itziar Lecea
Ilustración: Tamara González