La polución es como uno de esos dolores crónicos al que nos acabamos acostumbrando. Sin embargo, en estos dos últimos meses, el coronavirus nos ha mostrado fugazmente cómo sería la vida sin ese dolor. Y nos ha gustado (aunque el precio que hemos pagado ha sido demasiado alto). Hoy, Día Mundial del Medio Ambiente, nos preguntamos si esta pandemia servirá para allanar el terreno a la transición energética. Para encontrar la respuesta, hablamos con dos jóvenes científicos del programa de becas de doctorado INPhINIT ”la Caixa” que están desarrollando proyectos para lograr una sociedad más sostenible. Son Marta Ventosa, que trabaja para que el hidrógeno llegue a sustituir al petróleo, y Aljosa Slamersak, quien se esfuerza por diseñar un sistema económico y social sostenible que resista mejor a los embates actuales y futuros.

Marta y Aljosa son dos investigadores comprometidos con el medioambiente. Ella viene de Químicas y él de Meteorología. Ella es de Tarragona y él de Eslovenia. Sin embargo, tienen algo en común: que aprendieron a amar la naturaleza cuando apenas tenían uso de razón. A Marta se lo inculcaron los frondosos bosques de abetos y las montañas de los Pirineos, donde veraneaba con su familia. A Aljosa, unos ositos voladores. “Cuando era pequeño me encantaba una serie de dibujos animados, cuyos protagonistas eran ositos voladores, que tenían un empleo parecido al de los agentes rurales de Cataluña: cuidar del bosque. A partir de ahí empecé a interesarme por la defensa del medio natural”, cuenta el joven. 

 

 

Otra cosa que tienen en común es que a ambos la pandemia les pilló en su tercer año de doctorado, a Marta en Tarragona y a Aljosa en La Floresta, en Sant Cugat del Vallès (Barcelona). “Aquí se ha parado la vida”, dice Marta. “Piensa que en Tarragona tenemos la industria petroquímica más grande del sur de Europa. Eso hace que haya un montón de tráfico vinculado a ella. Con la parálisis industrial, el tráfico se ha detenido y eso ha provocado que la polución total haya disminuido a la mitad”

Aljosa recuerda que la contaminación no solo calienta el planeta, sino que tiene un impacto directo en la salud de la población. “Solo durante estos dos meses, 11.000 personas con problemas respiratorios han salvado la vida en Europa, según un estudio del Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio de Helsinki”. Sin embargo, para el climatólogo esloveno todos estos cambios no tendrán ninguna repercusión a largo plazo si no se ejecutan medidas estructurales. “La disminución de las emisiones durante estos dos meses ha sido del 8 % en todo el mundo. Es un número histórico, pero a la vez irrelevante, porque representa un 0,1 % del total desde que tenemos registros. No tendrá ningún impacto sobre el clima”, dice. 

No obstante, esta pandemia les ha dado un empujón extra para seguir con sus investigaciones y hallar fórmulas que combatan la crisis climática. Para Aljosa, estamos ante un umbral que nos puede llevar a hacer las cosas muy bien… o muy mal. “En este momento, los gobiernos se están endeudando para recuperar la economía. Es importante condicionar esas inversiones para que las compañías inicien la transición ecológica y poder evitar la próxima crisis, que será climática”, dice el joven. 

De hecho, este es precisamente su objeto de estudio. Su proyecto de doctorado quiere mejorar el “metabolismo” social: evolucionar hacia un sistema que use menos energía y recursos pero que, a la vez, sea capaz de mejorar la calidad de vida de las personas. Nos pone ejemplos: “Aislar los edificios para reducir el consumo de energía, que implica menos emisiones y menos gasto en la factura de la luz. Fomentar el transporte público, la bicicleta, el patinete. Y también disminuir las horas de trabajo de las personas, quienes siguen dedicando el mismo tiempo al empleo, pese a que su productividad se ha multiplicado por cuatro en los últimos años, según nuestras investigaciones. Estamos dejándonos la vida en el trabajo”, afirma. 

Marta, por su parte, investiga cómo obtener hidrógeno de manera limpia y sencilla. Y lo hace inspirándose en las plantas: busca materiales que puedan captar la luz del sol y, con ella, separar el hidrógeno y el oxígeno del agua, un proceso que ahora es muy costoso. “El hidrógeno es la fuente de energía del futuro y puede sustituir al petróleo. Cuando se utiliza se convierte otra vez en agua, por lo que no genera ningún impacto”. Además, tiene otra ventaja: esta tecnología permitiría producir energía y transportarla a otro lugar, a diferencia de las plantas solares o eólicas, cuya energía se tiene que consumir en el mismo lugar donde se ha producido. “Incluso nos podría convertir en productores a escala individual y dejaríamos de depender grandes industrias”, cuenta la joven. 

Así, esta crisis ha abierto la puerta a la posibilidad de construir un futuro ilusionante. “Pero tenemos que hacerlo rápido. La crisis climática será irreversible. Yo estoy dando lo mejor de mí”, dice Aljosa. “Antes, mi visión del futuro del planeta era más bien negativa, pero ahora sé que hay esperanza, y es desafiante. Porque habrá más problemas, y más graves, pero nos ayudarán a hacer que esta transición sea una realidad y esto nos traerá cosas muy positivas”, concluye Marta. 

 

Texto: Bárbara Fernández
Fotografía: Mònica Figueras