El municipio de Salt ha celebrado la primera edición de la Semana de las Religiones para fomentar el diálogo entre personas de diferentes credos. Durante siete días, los seis principales centros de culto de las religiones islámica, sij, evangélica y cristiana se abrieron a las demás confesiones y a los ciudadanos de Salt en general. La iniciativa es un paso más en el esfuerzo del Área de Integración y Convivencia del Ayuntamiento de Salt, la Fundación Atenea y el Proyecto ICI de ”la Caixa”, impulsado en la zona por el Casal dels Infants, por abrir espacios de diálogo que favorezcan la convivencia y el respeto por la diversidad.

A primera vista, la mezquita de la comunidad islámica de Salt es difícil de reconocer. Las pistas de su identidad están ocultas en pequeños detalles: no encontrarás racimos de mocárabes derramándose por las paredes, ni enormes cúpulas con arabescos infinitos. Tampoco llaman a la oración desde un alminar. De hecho, hace 19 años, la mezquita de esta comunidad era un garaje. Hoy, sus paredes verde cartuja son refugio de fe de centenares de musulmanes llegados de Guinea-Conakri, Senegal, Gambia o Marruecos, que han encontrado en este espacio un oasis de recogimiento, estudio y expresión del islam. Hoy, esta humilde mezquita abre sus puertas a toda persona que quiera conocerla y recibe los pies descalzos de una veintena jóvenes del barrio, profesores y ciudadanos venidos, sobre todo, de la parroquia cristiana de Sant Cugat de Salt.

 

 

“Benvinguts”, dice en perfecto catalán de Girona Mamadou Diallo, un joven de Guinea-Conakri delgado, no muy alto, con gafas de montura fina y semblante intelectual. Le acompaña una cuadrilla de cinco o seis muchachos y muchachas. Todos llevan un folio en las manos, están nerviosos y ríen para descargar. Estos jóvenes pertenecen a las tres comunidades islámicas de Salt y han sido designados para explicar los principios de su fe a sus vecinos, quienes, a medida que avanza la charla, se dan cuenta de que, en esencia, persigue lo mismo que la cristiana, evangélica o budista: la felicidad de uno mismo y de los demás, en la Tierra y en el más allá. “Desde la perspectiva ética”, explica la socióloga Clara Fons, responsable de los programas dela Asociación UNESCO para el Diálogo Interreligioso e Interconviccional (AUDIR),“todas las religiones comparten la regla de oro de la moral, aunque cada una la formula de manera diferente. En síntesis, dice que no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti. Todo lo que es cultivar el ego sin tener en cuenta la solidaridad es destructivo”.

No obstante, los retos del diálogo interreligioso se originan en nuestra parte más animal: ver en la diferencia una amenaza para nuestra identidad. “Como animales que somos, lo primero que queremos es sobrevivir. Si pienso que el otro va en contra de mi identidad y, por tanto, de mi existencia, quiero aniquilarlo”, explica Clara. “Esto nos lleva a dos caminos: a posicionarnos en contra, defendiendo ‘lo nuestro’, o bien a construir nuestra identidad teniendo en cuenta al otro, entendiendo que aquello que nos define no es estático, sino que se va modificando en relación con el prójimo. En definitiva: a elegir el camino de la destrucción o del amor”, resuelve.

Mientras tanto, los jóvenes estudiantes de la comunidad islámica de Salt reparten una bolsita de thiakry y una bebida. Los asistentes examinan con ojos curiosos el refrigerio africano, al tiempo que Mamadou continúa con su explicación. “Hay un verso del Corán a través del cual Dios nos dice que nos ha creado y nos ha hecho diferentes precisamente para que nos conociéramos. De hecho, creo que uno de los objetivos de la diferencia es tener la oportunidad de conocerse”.

“El año pasado, con motivo del Día Internacional de la Tolerancia, celebramos un encuentro con jóvenes de diferentes comunidades religiosas”, cuenta Pilar Martínez, coordinadora del Pla Comunitari (Proyecto ICI)de Salt, implementado por el Casal dels Infants e impulsado por ”la Caixa”. “Nos gustó mucho e, inspirándonos en la Nit de les Religions, promovida por AUDIR en Barcelona, pensamos que este año se podía ampliar a una semana”. Desde este crisol de culturas y religiones que es Salt, señala que estas experiencias son fundamentales para, a través del diálogo, comprobar que en la diferencia no hay peligro alguno, sino que, simplemente, es la expresión culturalmente diferente de algo que todos anhelamos. “Todas las religiones quieren la paz. Lo que veneran tiene un nombre diferente, pero al final, la esencia es la misma”, explica, con una sonrisa.

“La UNESCO dice que la religión es cultura, y la cultura es Patrimonio de la Humanidad”, añade Clara Fons. “Aunque tú no profeses una religión, sus tradiciones tienen un impacto positivo en la sociedad, desde una perspectiva cultural, ética y espiritual. Por tanto, es positivo y del interés de todos preservarlas en su diversidad”.

 

 

Texto: Bárbara Fernández
Fotografía: Laia Sabaté