Con nostalgia, como en La juventud de Sorrentino. Con rebeldía y actitud, como Allan Karlsson quien, a punto de cumplir un siglo, no está listo para que la fiesta decaiga se larga de su residencia para vivir una última gran aventura. O con perseverancia para cumplir los sueños pendientes, como el americano Alvin Straight, que recorre cientos de kilómetros en su segadora John Deere del 66 para volver a ver a su hermano. El cine nos ha enseñado, una y otra vez, que la tercera edad se puede vivir de muchas maneras. Y hemos llegado a un punto en que los 60 son para muchos una segunda juventud. Una juventud plena, tranquila, con la lección aprendida y… con más ganas de hacer cosas que horas tiene el día.

 “Los jubilados somos gente muy marchosa”, afirma Rosa, que participa en uno de los cursos de gimnasia que Blanca López dirige en el EspacioCaixa Bonanova. Este taller forma parte de las actividades que la Obra Social ”la Caixa” dedica al cuidado físico y mental de las personas mayores. “Tengo 67 años, y una marcha que no veas”, continúa Rosa. “Mi marido y yo no paramos. Ahora estamos haciendo todo lo que nos gusta y que no podíamos hacer cuando estábamos trabajando. Viajamos, me pongo al día en temas de teatro, hago manualidades. ¡Me faltan horas! Es una etapa que estoy disfrutando un montón”.

 

Ya lo decía Pablo Picasso: “Cuando me dicen que soy demasiado viejo para hacer una cosa, procuro hacerla enseguida”. Y en ese plan están Rosa y sus compañeras de clase. “De joven no piensas en cuidarte, pero cuando te haces mayor tienes que hacer cosas para mantener la cabeza y el cuerpo activos”, explica ella.

Las veo moverse a ritmo de twist, con sus mallas y sus calcetines altos rollo Fama, con la energía de un acelerador de partículas, y pienso en qué lejos queda ese anticuado dicho de “a la vejez, viruelas”.

Mari Carmen, de 73 años, lo corrobora. “Ahora los jubilados hacemos muchas más cosas que antes, nos cuidamos más, somos más abiertos de mente y las mujeres, concretamente, tenemos un nivel cultural más elevado. Mis nietos me dicen que soy una abuela moderna. Yo les intento enseñar lo que he aprendido a lo largo de los años: que no todo en la vida es trabajo, que también tienes que dedicarte a ti mismo, a llenarte, para luego no sentirte vacío. Y que lo importante es la salud, la cultura y las relaciones humanas”.

Explica que, al principio, jubilarse le costó, porque sintió que dejaba de ser útil para la sociedad. “Pero ahora soy feliz. Estoy relajada. Tengo tiempo para disfrutar de pequeños detalles a los que antes no prestaba atención”. Ella ha hecho deporte toda la vida. Ahora, además de la gimnasia con Blanca, también esquía, va en bici y juega al golf con su marido.

En los tiempos que corren, a los 60 aún queda mucha vida por delante. Así que, además de saber adaptarse a los cambios y aceptar los más y los menos de los años, es bueno intentar conservar las articulaciones bien engrasadas, la pelvis fuerte y la musculatura tonificada. Ya sea a ritmo de rock, en una clase de pilates o dando paseos por el parque. Porque vete tú a saber qué deportes, viajes, amores, bailes y aventuras les depara a las personas mayores de hoy el futuro.

 

Texto: Meri Soler
Fotografía: Laia Sabaté