En la película Big Fish —dirigida por el célebre Tim Burton después de que muriera su propio padre—, Edward Bloom y su hijo, Will, nos cuentan la extraordinaria vida de Edward, que ahora se está muriendo en el hospital. Sus fantásticos relatos nos hacen entender que la vida trasciende a la vida, que tú y yo somos también las historias que dejamos a los demás y que, en compañía, todo parece y sienta mejor. Y nuestros últimos días de vida no son una excepción.Hoy, con motivo del Día Mundial de los Cuidados Paliativos, viajamos del cine a la experiencia real con pacientes, con la psicóloga Gemma Roquerias del EAPS Cruz Roja Tenerife. 

Gemma trabaja en uno de los Equipos de Atención Psicosocial (EAPS) que el Programa de Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas de la Obra Social ”la Caixa” apoya a través de un marco científico y estratégico, formación especializada y recursos para realizar investigaciones. Gemma y su equipo trabajan persiguiendo una meta nada sencilla: darle la vuelta al día a día de personas que saben que se marcharán pronto.

 

 

Escuchar y conocer a los pacientes, así como a las personas que tienen cerca, son los primeros pasos. Luego, el reto es transmitirles esperanza. No se trata de decirles que se van a curar, sino de recordarles el peso de las cosas buenas que han ocurrido a lo largo de su vida. “Hacemos ver al paciente lo positivo que es que su familia esté tan unida en estos momentos, que ha tenido una buena vida o que se irá sabiendo que los suyos podrán salir adelante. Son fortalezas que puede encontrar en el pasado, presente o futuro. Todo el mundo tiene al menos una”, cuenta Gemma.

Existen dos tipos de dolores: el físico y el psicológico, y cuando esta esperanza cala en el paciente —cuando su historia de vida cobra sentido— la psicóloga asegura que ambos disminuyen. Se trata de una sensación de alivio que no acalla su miedo a la muerte y a lo desconocido, pero sí le da herramientas para afrontarla con más serenidad o, lo que es lo mismo, para marcharse en paz. “A algunas personas les sirve creer que después de la muerte hay algo o que las cosas buenas que han hecho en vida volverán a la Tierra en forma de una energía positiva que aportará algo bueno al mundo o a los suyos”, dice Gemma.

La psicóloga nos cuenta también el caso de un hombre con cáncer de próstata al que atendió años atrás. El hombre sentía que su vida no había valido la pena porque de pequeño fue abandonado por sus padres y se crio en un orfanato. Pero la psicóloga, dentro de ese mar de frustración y melancolía, le hizo entender que esa difícil infancia era precisamente lo que le había llevado a entregar incontables dosis de amor a su familia. “Dio a sus hijos todo lo que a él le había faltado. Cuando se dio cuenta de eso, me dijo que se podía marchar tranquilo, porque veía que su vida había valido la pena”, dice Gemma. Podía poner el punto final, sabiendo que la esencia de su relato perduraría en los suyos.

 

Texto: Alba Losada