Francisco tiene 90 años y es enfermo de párkinson. Es usuario desde hace más de una década del Tratamiento Integral de la Enfermedad de Parkinson, que se lleva a cabo en la Asociación Parkinson Móstoles y que combina tratamiento farmacológico y terapéutico para mejorar la calidad de vida de las personas que padecen esta enfermedad. Pero, además, saca fuerzas cada lunes para bailar. Participa en el programa Danza para el párkinson, que imparte la Asociación de Profesionales de la Danza de la Comunidad de Madrid (APDCM) y que fue seleccionado en 2019 por el programa Art for Change de la Fundación ”la Caixa”. Se trata de una iniciativa artística que contribuye a mejorar la calidad de vida de más de un centenar de personas que padecen esta dolencia. Y, estos días, los bailarines se encuentran inmersos en el proceso creativo de una pieza coreográfica que girará en torno al temblor. Hablamos con algunos de sus protagonistas.

Enrique Núñez de Arenas, presidente de la Asociación Parkinson Móstoles, es claro cuando se refiere a este proyecto que une danza y diversidad. “Supone una ayuda inestimable. Nos demuestra que somos capaces de realizar estiramientos y movimientos que luego podemos trasladar a nuestra rutina diaria. Esto contribuye, junto con las demás actividades que realizamos, a incrementar nuestro grado de autonomía y de autoestima”, asegura. No son pocas todas estas razones, y han conseguido que más de 60 afectados de esta enfermedad, en su inmensa mayoría personas de la tercera edad, realicen cada semana esta actividad en el centro que el Ayuntamiento de Móstoles tiene cedido a la asociación.  

 

Ilustración personas bailando

 

Así de sencillo, por un lado, pero así de complejo cuando los aprendices de bailarines son enfermos con graves problemas de movilidad. “Muchos de nosotros somos autónomos, pero otros, que no se pueden levantar sin ayuda, quedan perfectamente integrados en las coreografías gracias a un trabajo en equipo que también fomenta la solidaridad y la sensación de grupo”, explica Enrique.

Danza para el párkinson está coordinado por César Casares, presidente de la APDCM, que reivindica el carácter social de este proyecto, por estar dirigido a las personas con párkinson, sus familiares y cuidadores, una comunidad vulnerable, para la que los beneficios de la danza han sido ampliamente demostrados, basándose en un principio sencillo pero brillante: para una persona con párkinson es muy útil aprender a pensar como una bailarina: equilibrio, encadenamiento de movimientos y trayectoria en el espacio, explica. 

Asimismo, asegura que este proyecto contribuye a fortalecer la imagen social de los profesionales de la danza: Pone de relieve el carácter solidario de los propios artistas, pues demuestra que bailarinas y bailarines, además de proporcionar entretenimiento y experiencias estéticas, pueden ser un importante suministrador de bienestar social e individual, así como una contribución solidaria para el alma de nuestra sociedad, para potenciar en la conciencia colectiva la ayuda a los más débiles, reflexiona.

Danza para el párkinson no es un proyecto de nueva creación. Se trata de una iniciativa internacional con más de 20 años de vida que comenzó su andadura en España en 2012 de la mano de la Asociación de Profesionales de la Danza de la Comunidad de Madrid y de Danza T-Red de Trabajadores de la Danza, una plataforma que aúna a ocho asociaciones del sector a escala estatal, en la que participan cerca de 1.500 bailarinas y bailarines de Andalucía, Asturias, Canarias, Catalunya, Euskadi, Madrid y Valencia. 

La fortaleza del equipo profesional de bailarines que hay detrás de este proyecto le ha insuflado una enorme vitalidad, así como la posibilidad de entrar en contacto con las compañías más importantes de este país. Enrique Núñez, de hecho, aún recuerda emocionado –fue un día, pero en mi memoria será siempre mucho más, asegura– cuando, el 11 de abril de 2017, se celebró el Día Mundial del Párkinson con una coreografía conjunta que protagonizaron con algunos de los bailarines más destacados del Ballet Nacional, bajo la dirección de Antonio Najarro. O en 2019, cuando repitieron experiencia en la sede de la Compañía Nacional de Danza, bajo la dirección de José Carlos Martínez, donde interpretaron fragmentos del ballet El Cascanueces junto a personas afectadas por esta enfermedad. De la mano de los bailarines de la compañía –Elisabeth Biosca, Sara Lorés y Jessie Inglis– y las maestras de Danza para el párkinson –Paloma Alfonsel, Cristina Arnau, Guillermina de Bedoya y Concha Moram–, esta creación ha pasado a formar parte del repertorio coreográfico del proyecto Danza para el párkinson.

En este sentido, la APDCM cuenta para este proyecto con Patricia Ruz, creadora con amplísima experiencia y trayectoria en danza y diversidad, que estos días trabaja en un proceso creativo en el que participarán enfermos de la asociación de Móstoles para desarrollar una coreografía sobre el temblor como expresión de aquello que nos conmueve desde el punto vista emocional. Este atributo icónico de la enfermedad de Parkinson se transformará de manera radical en un movimiento dancístico gracias al trabajo de Patricia, que se ha acostumbrado a ver el movimiento en todos los órdenes de la vida. Miras hacia el cielo y hasta los pájaros son coreografía, asegura esta hija de dibujante.

El estado de alarma nacional decretado el pasado mes de marzo supuso un parón en seco a este trabajo de proceso creativo que retomarán tras el verano. Estamos deseando volver para seguir con nuestras terapias y para retomar nuestras clases de danza, porque para nosotros son muy importantes, concluye Enrique.

 

Texto: Amalia Bulnes
Ilustración: Sonia Alins