Se llama Dolores López. Hija y esposa de médicos, fue una de las primeras alumnas de la Universidad de Granada cuando en la Facultad de Medicina solo había tres mujeres en aulas de 400 alumnos. Sin miedo, se enfrentó a los prejuicios de la época para demostrar que eran perfectamente capaces de convertirse en médicas. Y, cuando se jubiló, decidió seguir abriendo caminos para otros dando clases de informática como voluntaria a personas con síndrome de Down y a jóvenes en tercer grado penitenciario en el EspacioCaixa Murcia, que volverá a reabrir sus puertas en cuanto termine el cierre temporal por el estado de alarma.

Para muchas médicas, Dolores es una pionera. Una persona con valor y coraje suficientes para romper barreras y abrir caminos, que los demás han seguido para cumplir sus sueños. El suyo era ser oftalmóloga y lo consiguió: fue la primera de la provincia de Murcia y su consulta tenía una larga lista de espera. 

Pero llegaron las adversidades: su marido murió a los 48 años en un accidente de tráfico y tuvo que criar ella sola a sus tres hijos adolescentes. Más tarde, sufrió tres ictus que la obligaron a ir en silla de ruedas. Tras una larga y costosa recuperación, desoyó los consejos de su familia de quedarse en casa y quiso seguir activa. Fue entonces cuando descubrió el EspacioCaixa Murcia. Enseguida le motivaron las actividades que se realizaban, dirigidas a fomentar el papel activo de las personas mayores y a facilitar encuentros donde estas pudieran compartir la experiencia acumulada a lo largo de toda una vida. 

 

 

Dolores observó que la sala de ordenadores era como una isla desierta, con equipos que acumulaban polvo en un espacio que siempre permanecía con las luces apagadas. Entonces, se le encendió la bombilla: la aprovecharía para dar clases de informática a sus compañeros de centro. Así, se formó, trabajó y se convirtió en uno de los más de tres mil voluntarios de los centros EspacioCaixa de todo el país. Además, fue una de las impulsoras de la Asociación Murciana de Voluntarios de Informática de Mayores (AMUVIM), y uno de sus miembros más activos. 

Cada vez que se requerían profesores para nuevas actividades, Dolores levantaba la mano. Se convirtió en experta en programas como el PowerPoint o el Photoshop solo para compartirlos con los demás, aprendió a hacer joyas y dio clases de una de sus pasiones, el idioma japonés. De hecho, su frenesí por esta lengua y su cultura le venía de largo. Ya de niña investigaba sobre ella y hasta en su consulta tenía una esterilla del monte Fuji. Una vez jubilada, aprendió el idioma gracias a un abogado que había vivido 10 años en el país nipón. Después de un año y medio de clases, Dolores siguió estudiando por su cuenta y no ha dejado de hacerlo.

Una década más tarde de descubrir el EspacioCaixa Murcia, Dolores sigue al pie del cañón, aunque ahora está esperando a que reabran el centro con el fin del estado de alarma. Cuando todo esto acabe, seguirá dando clases de informática a personas con síndrome de Down y a jóvenes con el tercer grado penitenciario, a quienes ayuda a integrarse en la sociedad y a descubrir que pueden hacer muchas cosas por sí mismos. 

El trabajo de voluntariado de Dolores requiere muchas horas y también mucha energía. De hecho, solo se tomaba libres las tardes de los martes. Aunque dice disfrutar mucho de los fines de semana que pasa con su familia, siente que su vida está allí, ayudando a los demás. Tanto es así, que decidió cambiar su piso de toda la vida por uno en la misma calle que el EspacioCaixa, para evitar que ni la edad ni sus dificultades de movilidad supusieran un impedimento. 

En este espacio también hizo buenos amigos, tanto entre los alumnos como entre los voluntarios. Siempre encontraba un hueco para charlar con unos y otros, y planear nuevas actividades. Es una mujer que despierta cariño. Por eso, se ha convertido en todo un referente en este centro. Asegura que la oportunidad de trabajar como voluntaria es lo que la ha mantenido activa y, cuando se le pregunta de dónde saca tanta energía, esboza una sonrisa: “Nada más me veo vieja cuando me miro en el espejo”.

 

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