En 1977, cuando la NASA envió sus sondas Voyager 1 y 2 a explorar el sistema solar, preparó una cápsula del tiempo para que, en caso de que entrara en contacto con vida extraterrestre, pudiera mostrar parte de la vida de los humanos. Entre los ítems elegidos, había grabaciones de sonidos de la Tierra, como el mar, los truenos o los pájaros, así como de la Sinfonía n.º 5 de Beethoven. Inspirados en los sonidos de nuestro planeta y la música creada por el hombre, el director y guionista Igor Cortadellas, la Fundación ”la Caixa” y el ilustre director de orquesta Gustavo Dudamel han creado SYMPHONY, una experiencia virtual, insólita e inmersiva capaz de llevarnos al corazón de la música clásica a través de las emociones y ponerla al alcance del gran público en un viaje sin precedentes a la esencia del alma humana.

Cuatro años de trabajo, más de 250 personas involucradas, entre profesionales y músicos; y dos películas de 12 minutos –una panorámica y otra de realidad virtual– conforman una de las obras audiovisuales más cautivantes e innovadoras de los últimos tiempos: SYMPHONY. Un proyecto que, desde su concepción, destaca por su calidad: con solo las mejores piezas musicales, grabado en uno de los mejores teatros del mundo (el Gran Teatre del Liceu), de la mano de uno de los mejores directores de orquesta (Gustavo Dudamel), con 101 músicos impecables (60 de la prestigiosa Mahler Chamber Orchestra y 41 de la Fundación Gustavo Dudamel) y con los mejores medios tecnológicos existentes (como las butacas para el espectador, que integran un ordenador con tecnología de realidad virtual y que van conectadas al modelo de gafas más avanzado del momento).

 

 

A este gran despliegue de medios se le une un objetivo de lo más ambicioso: lograr que el espectador sienta la música desde dentro, que la viva como nunca, que tenga acceso a ese universo sin límites que contiene la expresión más pura del espíritu de la humanidad. “Ha sido un reto monumental con la delicadeza de una cajita de música”, comenta Igor Cortadellas. “Y lo hemos hecho. Porque no sabíamos que era imposible”.

Así, el viaje de SYMPHONY se inicia con los sonidos ambientales de tres partes del mundo (las olas del mar Mediterráneo, el metro de la ciudad de Nueva York y el campo de Colombia), que poco a poco se acompasan hasta convertirse en música. Una melodía que interpretan tres jóvenes músicos de diferentes partes del mundo. Tras este preámbulo, el resto de concertistas se unen para interpretar el primer movimiento de la Sinfonía n.º 5 de Beethoven en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona. Una vez allí, gracias a la realidad virtual, los espectadores se encontrarán con el maestro Dudamel quien, con su sensibilidad y carisma, les conducirá en un viaje inmersivo de visionado en 360 grados al corazón de la orquesta, hasta que puedan escuchar cómo suena un violín o una trompeta desde dentro. “Notas que están tocando para ti”, asegura Cortadellas. “El trabajo de sonido es tan brillante que casi permite notar los materiales de las diferentes familias de instrumentos”.

“En la orquesta había músicos de España, Venezuela, Colombia, EE. UU., Japón, Corea, Noruega… porque la música es un elemento de unión que tiende puentes y rompe diferencias”, explica Dudamel. “Además, todo el que viva la experiencia va a entrar en un viaje en el que se va a conectar con algo que le pertenece: su derecho a la inspiración, a la contemplación, a la belleza… no solo para entretenerse, sino para transformarse. Soy un firme creyente en que la música es un poderosísimo elemento de transformación social, que se puede usar como rescate y transformación de una comunidad”, asegura el director de orquesta. “La experiencia me ha transformado incluso a mí mismo. Me ha llevado al punto más primigenio de la experiencia como músico. Ha sido un viaje maravilloso”.

Está previsto que la proyección itinerante y gratuita de SYMPHONY recorra un centenar de ciudades de España y Portugal, y sea vista por unas 200.000 personas al año durante los próximos 10 años. Primeras paradas: Valladolid y Santander. 

Es una obra no para verla, sino para vivirla. Un poema visual que no pretende informar ni enseñar, sino solo sugerir y abrir nuestra percepción”, indica su director y guionista. “Vívanla”, recalca Dudamel, “y sientan la música como un elemento esencial de sus vidas que conecta el alma de las ciudades, de los países. El alma del mundo”.