Cambio climático, demencia, epidemias… Los retos a los que se enfrenta la ciencia son muchos y globales. Y necesitamos soluciones, vengan de donde vengan. Michela Bertero, responsable de asuntos internacionales y científicos del Centro de Regulación Genómica en Barcelona (CRG), nos habla de la importancia de la iniciativa Together Science Can, impulsada por organizaciones como la Obra Social ”la Caixa”, para proteger y celebrar la unión entre investigadores de todo el mundo.

“La colaboración es un valor para la ciencia y, en general, aunque puede haber competición, el científico quiere colaborar, quiere abrirse”, asegura esta experta en asuntos científicos internacionales. “Hay temas globales que necesitan claramente que trabajemos todos juntos, como el proyecto para interpretar el genoma humano; ahí los investigadores han avanzado mucho gracias a compartir datos”, apunta Bertero.

Pero los objetivos de la campaña Together Science Can no se detienen en el intercambio de información y buenas prácticas, sino que también apuestan por la unión de voces, sobre todo frente a la aprobación de políticas que afectan al ámbito científico. “En Bruselas se deciden muchos temas importantes, y vimos que si íbamos solos nadie nos escucharía. Así que creamos una alianza entre 13 centros europeos similares a CRG: el Curie de París, el Babraham de Londres, el Gulbenkian de Portugal… Gracias a esta asociación internacional a la que llamamos EULife, ahora tenemos más peso en la Comisión Europea, y podemos desarrollar proyectos como LIBRA, que promueve la presencia de mujeres en la investigación para que también ellas lleguen a ser jefas de grupo o directoras”, explica la miembro de la European Open Science Policy Platform.

 

 

Otro de los proyectos de CRG que ha sido posible gracias a la cooperación internacional, en colaboración con la Obra Social ”la Caixa”, es el European Genome-Phenome Archive: una enorme base de datos genómicos y fenotípicos humanos que no solo se archivan sino que también pueden ser compartidos de forma segura. “Originalmente, la base de datos estaba en el Reino Unido, pero ahora tenemos base de datos también en Barcelona. El siguiente paso que queremos dar con la Obra Social es enseñar la utilidad de los datos genómicos para la clínica, más allá de la investigación más básica”, avanza Bertero entusiasmada.

Para la experta, la voluntad de cooperación —simbolizada por dos puños en contacto en el logo de Together Science Can— debería darse no solo entre investigadores, sino también entre estos y el resto de actores: universidad, industria, inversores, revistas científicas y hasta público en general. “Hay que facilitar diálogos en que las dos partes escuchen. Con la industria, por ejemplo, porque es imprescindible para que el descubrimiento llegue a la sociedad y consiga que esta avance. Y con la sociedad, porque no solo se trata de presentarle el trabajo, sino también de entender la posible repercusión e inquietudes que despierte en las personas”, defiende.

Y como primer paso para conseguir la imprescindible unión entre profesionales, Together Science Can propone a investigadores e institutos usar las redes sociales (Instagram, Facebook y Twitter) para demostrar, con imágenes y palabras, con puños unidos e historias de movilidad y colaboración, que, juntos, podemos más.

 

Texto: Ana Portolés
Fotografía: Laia Sabaté