Con el adiestramiento adecuado, los cariñosos y activos perros de raza jack russell facilitan muchísimo la vida de las personas con diabetes de tipo 1 y epilepsia. Desde la Fundación CANEM, de Zaragoza, les enseñan a detectar las subidas o bajadas de azúcar y las crisis epilépticas 20 minutos antes de que ocurran y los entregan a sus nuevas familias como perros de alerta médica. Su útil labor se ha convertido en La causa del mes, una iniciativa impulsada por la plataforma española líder en micromecenazgo migranodearena.org y la Fundación ”la Caixa”.

Lorenzo tiene 12 años y hace un par de meses se ha mudado de Mallorca a Cádiz con su familia. Le encanta coger olas con la tabla de surf y sigue practicando, aunque el agua del Atlántico esté más fría que la de las Islas Baleares y las olas sean más altas. La diabetes que padece no frena sus activas rutinas, y además ahora le ayuda su perra Pam. “En la diabetes de tipo 1 el páncreas deja de funcionar totalmente. No se conoce la razón por la que esto sucede; el sistema inmunológico se confunde y ataca al propio organismo”, explica Marian, la madre de Lorenzo. 

Sin diabetes nuestro páncreas toma la decisión de subir o bajar la insulina automáticamente a lo largo del día, nos encontramos bien y ni pensamos en ello. Pero en el caso de Lorenzo, madre e hijo tienen que monitorizar continuamente las subidas o bajadas de glucosa a través de una bomba de insulina y un sensor que Lorenzo lleva encima. Si el nivel de glucosa no es el óptimo se sufre mucho y hasta podría llegar el temido desmayo. En el caso de los epilépticos las crisis producen caídas y golpes. 

 

 

Es aquí donde entran los perros. “El perro es capaz de detectar y avisar cuando te vas a salir de esos límites que te permiten estar bien”, dice Lidia, diabética, psicopedagoga y coordinadora en la Fundación CANEM. El perro adiestrado se anticipa al problema unos veinte minutos, y a través del olfato es capaz de detectar el olor que producimos los humanos antes de la crisis o de la bajada o subida de glucosa. Cuando tenemos que estar alerta el animal nos avisa ladrando y entonces el usuario o la familia saben que tienen que actuar; de esta manera, pueden seguir su día a día sin dramáticos parones. 

“Yo siempre he pensado: si no tuviese diabetes, no tendría a Pam. Antes hacía surf solo, y de repente tengo una perra delante de mí. Cuando la conocí pensaba que era un perro normal, que me iba a ladrar y ya está, pero de repente corre conmigo, salta, cada cosa que hago yo la hace ella… Y cuando me voy a dormir si no tengo a mi peluche, que es Pam, no me siento seguro”. El amor de Lorenzo por su perrita se nota en sus palabras y se ve en sus ojos. 

Paco Martín es el presidente de la Fundación CANEM y adiestrador desde hace más de 25 años. Dice que los perros son totalmente compatibles con la tecnología. Son un anillo de seguridad más, un sistema de alerta adicional que suma. “Algo está a punto de pasar y tú tienes unos minutos para reaccionar y tomar medidas”, asegura. 

En CANEM cada año tienen el objetivo de entregar 20 perros de alerta médica. Este número está supeditado a la cantidad de fondos que entren. La crisis sanitaria de la COVID-19 les ha hecho tambalear la segunda entrega de este año, que ha tenido lugar el sábado, 14 de noviembre. “Cuando se hizo el cruce para que las perritas tuvieran cachorros, el coronavirus no había llegado a nuestras vidas”, explica Lidia, “la previsión era positiva, con eventos programados, un buen ritmo de recaudaciones… pero cuando estaban naciendo los cachorros empezó el confinamiento”. El virus lo paró todo. 

Viendo la situación de la entidad y siendo una de esas personas a las que un perro de alerta médica le ha cambiado la vida, Marian empezó la campaña de recaudación de fondos que ha acabado siendo causa del mes. “Cada euro que entra se transforma en un perro, o varios”, dice Paco. La labor de cuidado de los cachorros, veterinario, adiestramiento y demás, asciende a unos 5.800 euros por perro, suma que asume íntegramente la Fundación. 

¿Cómo se escoge a las afortunadas familias que recibirán un perro de alerta médica? Lidia explica que no hay situaciones más difíciles que otras. Ella estudia los casos uno por uno. Se fija en el nivel de compromiso que puedan tener las familias con el proyecto de un perro de alerta, la seguridad y la autonomía que ganará el usuario o si este tiene la edad suficiente para hacerse cargo del perro. 

En CANEM siguen un protocolo propio y trabajan con cachorros de raza jack russell de dos meses de edad, que al cabo de seis meses ya están preparados para ser entregados. “Se puede preparar cualquier raza”, asegura Paco, pero este es el que les ha dado mejor resultado con muchísima diferencia. Además, son unos animales muy longevos, pequeños y tienen pocos problemas veterinarios. 

La Fundación CANEM cambia vidas, porque el bienestar y la tranquilidad que estos perros de alerta médica procuran a las personas diabéticas y epilépticas es muy grande. Nuestras aportaciones hacen posible que más personas puedan contar con este amigo que nunca te falla, porque como dice Paco: “Lo verdaderamente duro es vivir sin perro”. 

 

Texto: Laura Calçada
Fotografía: Sonia Fraga