¿Mar o montaña? ¿Nos pegamos ese viaje que llevamos años prometiéndonos o visitamos la familia por enésima vez? Pero, espera: ¿tu familia o la mía? Cuando llegan las tan ansiadas vacaciones, luego todo son dudas y, además, siempre las mismas. Este verano, sin embargo, 51 empleados de ”la Caixa” han decidido pasar unas vacaciones diferentes. Mochila al hombro, han cruzado medio planeta y se han zambullido en el programa de cooperación internacional que la entidad ofrece a sus trabajadores. Charlamos con tres CooperantesCaixa para que nos cuenten cómo fueron estas vacaciones tan especiales.

Mucha gente pequeña haciendo cosas pequeñas en lugares pequeños puede hacer grandes cosas”, afirma con entusiasmo Esmeralda Saucedo desde el otro lado del teléfono. Acaba de volver de Colombia, donde estuvo precisamente haciendo una cosa en apariencia muy pequeña —dar clases a niños usando tablets junto a compañeros de ”la Caixa” y trabajadores de Telefónicacon un resultado muy grande: contribuir a que todos los niños, sean de donde sean y tengan los recursos que tengan, reciban la misma educación digital, imprescindible en nuestro siglo.

 

Mapa de África, Asia y Suramérica con personajes

 

Como Esmeralda, Ana Lía González y José Raúl Abando también decidieron sumarse las pasadas vacaciones a los CooperantesCaixa.

 “Se suele decir que la moneda de cambio más valiosa es el tiempo. Pero solo depende de ti decidir cómo invertirlo”, apunta José Raúl, que estuvo tres semanas en la India colaborando con la ONG Development Alternatives y Work For Progress, un proyecto que apoya a las mujeres del ámbito rural en sus ideas de negocio. “En mi caso, tener la posibilidad de viajar, de compartir momentos con otras personas y conocer realidades distintas desde su propia perspectiva ha sido disfrutar de unas vacaciones de verdad, por muchas horas al día que hayamos trabajado.”

Ana Lía, por su parte, se fue hasta Mozambique para aportar su experiencia financiera a jóvenes y mujeres con pocos recursos a través de la ONG Ayuda en Acción, y lo tiene igual de claro: “Ser cooperante es sinónimo de compromiso. Eso es fundamental. Creo que todos terminamos repitiendo año tras año porque no puedes dejar de maravillarte con la gente que conoces, con lo mucho que se aprende, con lo poquito que se hace y lo grande en lo que se convierte”, afirma.

Pero, aunque cada uno de los 51 CooperantesCaixa haya aportado su particular experiencia, conocimientos y habilidades al proyecto en el que ha participado, si hay algo en lo que todos coinciden es que no es nada comparado con lo que estos viajes les han dejado a ellos: “Hacía mucho que no cantaba, que no bailaba, que no pintaba o explicaba las cosas de manera sencilla”, cuenta Esmeralda. Junto a sus compañeros, dedicó el único día libre que tuvieron a pintar un mural en el patio del colegio en el que estuvieron dando clases. “Las caras que pusieron los niños al verlo, sus sonrisas y su alegría… ¡flipaban! No se me olvidará jamás.” A ellos, seguro que tampoco.

 

Texto: Patri Di Filippo