“Hemos de empezar a amar para no enfermar y enfermamos en cuanto una prohibición interna o externa nos impide amar”, escribió Freud en Introducción al narcisismo. A lo que añadió: “Por eso no debemos menospreciar al amor como poder curativo de los delirios”. Y el amor es, precisamente, el tema de la producción teatral que la compañía Teatro En Vilo está creando, apoyada por Art for Change ”la Caixa”, junto a unas 20 personas con diagnóstico de enfermedad mental.

Cuando entró en el mundo del teatro, Andrea Jiménez quería hacer reír a la gente. Ahora, de forma casi inesperada, se encuentra haciendo de terapeuta ocasional. “Siempre que diriges una obra de teatro, y sobre todo si la diriges a partir de la experiencia del actor como solemos hacer en Teatro En Vilo, acabas siendo un poco terapeuta, porque tienes que dirigir con mucho mimo y respeto, y a la vez ser un poco provocadora: desafiar y cuidar a la vez”, afirma la madrileña, directora junto a Noemí Rodríguez de Transformando el ahora, uno de los 18 proyectos seleccionados en la convocatoria Art for Change ”la Caixa” del 2017. 

El proyecto empezó cuando una amiga de Andrea, que se estaba preparando para hacer el papel de una persona con esquizofrenia en una película, conoció la labor del Centro de Rehabilitación Laboral de Carabanchel y, a raíz de una conversación sobre los usos transformadores del teatro, Andrea y Noemí decidieron montar allí talleres escénicos con personas diagnosticadas con trastornos psicóticos, de la personalidad o del estado de ánimo.

 

 

“Desde el primer año ya fue increíble la fuerza de las sesiones y ver cómo iban cambiando los participantes: iban ganando confianza, autoestima, espontaneidad y felicidad. La psicóloga del centro estaba impactada”, afirma Andrea, “así que nos animamos a montar una obra teatral con ellos”. Y ese con significa que ellos participan en todas las fases de la producción, desde la creación de los textos hasta la interpretación, escenografía, vestuario y producción.

“La relación que hemos desarrollado es de artista a artista”, explica Andrea. “En el centro del proyecto está su propuesta, sus testimonios, lo que les gusta e interesa”. Parten de escenas famosas entorno al tema del amor (desde Romeo y Julieta hasta Cuando Harry encontró a Sally, Casablanca o Pretty Woman) y le pasan el filtro de sus vivencias. Lo autobiográfico se mezcla con la ficción.

El proyecto está principalmente orientado a que los participantes ganen habilidades relacionadas con el trabajo. “Podríamos habernos limitado a las habilidades sociales, de presencia física y de gestión del cuerpo”, explica Andrea, “pero intentamos ir más allá de lo puramente técnico para tratar el placer. Porque el objetivo de cualquier producción teatral nuestra es redescubrir el placer de subirse a un escenario y de ser mirado y dejar que te miren”.

El teatro tiene el superpoder de convertir la realidad en juego y puede ayudar a los participantes a mejorar cosas que se pierden con la enfermedad, como el bienestar, el hecho de estar a gusto con tu cuerpo, de sentirte útil, la creatividad o la expresión. “Ver a una persona que lleva 10 años en terapia, con muchas dificultades para expresar emociones y sentimientos, ponerse a llorar mientras lee un poema de amor que le recuerda a su juventud es impresionante”, confiesa la directora. “Sobre todo porque entiendes que ha encontrado un lugar de confianza muy grande donde dejarse ver.” En los talleres, la libertad de hacer, estar y compartir es lo primordial. “Y eso igual les cambia la perspectiva con la que ven la vida: porque para ellos lo esencial es encontrar un trabajo, pero antes de empezar a trabajar hay que empezar a vivir.”

Además, el espectáculo puede servir también para romper prejuicios, “porque lo que el público va a encontrar son personas que han tenido la valentía de ponerse en el escenario y dejarse ver al completo: con sus miedos, sus sueños y sus deseos, sin máscara, al desnudo. De hecho, cuando trabajas con personas que no son actores, me parece maravillosa esa fragilidad de quien sube al escenario por primera vez. Es como un desvelo. Y ese despertar es para nosotras el sentido del teatro”, sentencia Andrea. En cuanto al objetivo artístico, explica que, para ellas, al final, “todo se traduce en si le brillan o no los ojos al público al acabar la función. Si le brillan, es que lo hemos conseguido”. Lo comprobaremos el 30 de junio en CaixaForum Madrid.

 

Fotografía: Iciar J. Carrasco