En la sociedad en la que vivimos, ser mujer ya es de por sí una desventaja. Pero si, además, tienes una discapacidad, eres migrante o vives en situación de pobreza, la desventaja es doble. Apropa Cultura nace en el año 2006 con el objetivo de acercar la cultura a las personas en situación vulnerable. Este año han dedicado su 5ª Semana Apropa Cultura, apoyada por ”la Caixa”, a los colectivos de mujeres doblemente vulnerables para reivindicar la necesidad de aumentar su presencia en los museos.

Según el Ayuntamiento de Barcelona, si se unieran todas las mujeres y niñas de la ciudad con algún tipo de discapacidad física o psíquica, podrían llenar prácticamente todas las gradas del Camp Nou. De estas mujeres en edad adulta, 1 de cada 4 ni se plantea trabajar, y las que ya lo hacen cobran un 18% menos que una mujer sin discapacidad. Sin embargo, son casi invisibles para la mayoría.

La diversidad funcional puede someter a un ser humano a situaciones de vulnerabilidad, sea hombre o mujer. Es así porque la sociedad aún no ha aprendido a reconocerlos como parte de ella. También lo es el hecho de ser una persona migrante, ser pobre o haber vivido situaciones de violencia. Pero cuando cualquiera de estas situaciones afecta a una mujer, las desigualdades se agravan. Además, una mujer puede ser víctima de la violencia machista o la trata de blancas, algo que no afecta a los hombres. Por eso, la 5ª Semana Apropa Cultura pone esta vez el foco en ellas, en las mujeres que se encuentran en esta situación de doble vulnerabilidad, y en el papel que desempeñan los museos a la hora de acogerlas, aceptarlas, visibilizarlas y representarlas.

 

Mujeres en un museo

 

Las Jornadas de Accesibilidad y Diversidad, dirigidas a profesionales del sector cultural, han reunido a varios de estos colectivos de mujeres en la Fundació Joan Miró. Este espacio artístico se ha convertido en un foro donde han compartido qué es para ellas el arte, cómo puede beneficiar a sus vidas y qué esperan de un museo. Lo han hecho delante de casi un centenar de técnicas, profesoras, directoras de espacios expositivos e investigadoras con ganas de cambiar las cosas.

“El museo tiene una función impresionante desde el punto de vista social, cultural y educacional. Pero las mujeres aparecen como excepciones aisladas”, dice Marian López Fernández-Cao. Profesora en la Universidad Complutense de Madrid, investigadora y feminista, es una de las ponentes principales de la jornada. Ella, experta en deconstruir discursos patriarcales, cuenta que, desde el siglo XVII, existe una voz científica, sin forma, que nos dice qué es verdad y qué no lo es en términos absolutos: el llamado testigo modesto que acuñó la investigadora feminista Donna Haraway. Sin embargo, esa voz es “masculina, blanca y de clase media. Todo lo que se desmarca de su visión es subjetivo y parcial”, explica Marian.

Así, cuando una niña visita un museo, muchas veces ve un discurso en el que las mujeres existen, pero en el que se da a entender que podrían no haber existido. Que todo lo que tiene que ver con la creación de nuestra sociedad es cosa de hombres. El museo destaca los objetos dedicados a destruir la vida, como los restos de armas. Sin embargo, los que la cuidaban y preservaban, como las agujas para coser o los cuencos para alimentar son pura anécdota. “Esa es la prueba del algodón para reconocer un museo patriarcal”.

Encarna Lago, por su parte, es gerente de la Rede Museística de Lugo y el otro plato fuerte de la jornada. Su modelo de gestión y de trabajo en red ha recibido premios nacionales e internacionales, y llega al encuentro con un “kit de herramientas para un museo igualitario, sostenible e inclusivo, que pasa por evolucionar del patriarcado al feminismo, del 1% al 99%”. Explica que un museo es un servicio público, que ha de trabajar en red con la sociedad. Recuerda una anécdota que le ocurrió en los años 90. “Tuvimos la caradura de preguntar a los colectivos con discapacidad en qué fallábamos… y resulta que no podían ni entrar”, dice. “Y como en teoría no había dinero para solucionarlo, una noche, en connivencia con ellos y con la asociación de carpinteros de Lugo, instalamos una rampa de madera en la entrada del museo sin permiso. Es un ejemplo de lo que se puede conseguir cuando trabajas en red. Hay que perder el miedo a generar cambios”.

“Las experiencias de las mujeres son fundamentales. Hay que rastrear actividades donde aparecen minimizadas”, dice Marian. La buena noticia es que ya hemos empezado a caminar y ya se han llevado a cabo proyectos interesantísimos, como el Dona’m la Mar del Museu Marítim de Barcelona, que hizo visible el papel de las mujeres en el trabajo del mar. “Estamos siendo pioneras en Europa”, añade Marian. “Estamos dando pasos para generar una red internacional. Vamos por buen camino. Y queremos firmar un manifiesto conjunto con la mayoría de museos latinoamericanos y españoles que se llame “Las mujeres cambian los museos’”, dicen, ilusionadas.

 

Texto: Bárbara Fernández
Ilustración: Montse Galvany