El día en que el humorista estadounidense George Carlin dijo: “Nadar no es un deporte, sino una forma de no ahogarse”, plantó ante nuestras narices una gran verdad. Nadar largas distancias significa resistir kilómetro a kilómetro, encontrarte solo en la inmensidad del mar y marcarte pequeños objetivos para acabar llegando a una meta. Y después de nueve años participando en el reto Marnaton de Cadaqués, una travesía en aguas abiertas, la nadadora amateur Rosa Mari Lleal asegura que todo lo vivido en el agua fue lo que la ayudó a recuperar el pulso de su vida.

“Cuando nadas no puedes mirar directamente al final, tienes que marcarte pequeños objetivos. Esto me fue muy bien durante el cáncer. Si hubiera pensado todo el rato: ‘Son 16 quimios…, ¡es mucho!’, no lo hubiera conseguido. En lugar de eso, me centré en cada quimio para, poco a poco, ir superando el cáncer”, recuerda. Rosa Mari se recuperó por completo en el 2017, pero eso no quiere decir que su carrera de fondo haya terminado. El pasado 15 de septiembre volvió a tirarse al mar para la travesía de 6,5 km en Cadaqués, con una meta que iba más allá de llegar a tierra: recaudar fondos para la investigación del cáncer.

 

 

Se trataba de una campaña, Brazadas contra el cáncer, que ella y otros 49 nadadores impulsaron con el apoyo de la Fundación FERO y que contribuye al desarrollo del estudio oncológico. La idea de cruzar brazadas y ciencia salió en el 2014 de su amiga y también nadadora Verònica Sagnier, que había perdido a su madre por un cáncer de mama. Este septiembre, la campaña se convirtió en “La causa del mes” de migranodearena.org, premio con el que la plataforma de crowdfunding solidario y la Obra Social ”la Caixa” reconocen las iniciativas más populares.

El dinero recaudado se destinará a la investigación que realiza el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona en el campo de la inmunoterapia y la biopsia líquida; dos métodos que, como dice la directora de la Fundación FERO, Piru Cantarell, reducen los efectos secundarios de la cura de los tumores y permiten hacer un tratamiento más personalizado a los pacientes.

El cáncer de mama impidió a Rosa Mari nadar largas distancias durante dos años, pero finalmente volvió al mar y ahora piensa que su logro ha sido el logro de muchas otras personas y acepta con humildad que su historia es un ejemplo de superación para otros. “Es un modo de hacerles ver que me he levantado de una caída, que vuelvo a ser la misma y que todo se puede superar”, dice. Acto seguido apunta que, del mismo modo que ocurre con las competiciones de natación, lo más importante parar acabar con un cáncer es confiar en las capacidades de uno mismo. “Aunque, para que las fuerzas no flaqueen, es imprescindible contar con el apoyo y el cariño de los demás. Cuando estás agotada, es esencial que alguien te diga: ‘¡Continúa, podemos con esto!’”.

Rosa Mari asegura que tanto al terminar la última travesía como al oír el diagnóstico que ponía punto y final a su enfermedad, la acompañó un sentimiento de victoria extrañamente similar. ¿La razón? Según ella, en ambos casos “la lucha es parecida” y “el inmovilismo es sinónimo de derrota”. Afortunadamente, la nadadora siempre ha estado lejos de quedarse quieta. Y muchos más la han seguido y la seguirán a brazadas.

 

Fotografía: Derecha – Mònica Figueras / Izquierda – Sara Costa
Texto: Alba Losada