Jamás hemos tenido tantas ganas de hacer cosas juntos y de celebrar la vida que cuando precisamente nos hemos tenido que confinar. Pero, gracias a las nuevas tecnologías, nos hemos comunicado con los nuestros y también con extraños, e incluso hemos creado obras que seguiremos recordando con cariño dentro de unos años. Dentro del proyecto #YoCanto de la Fundación ”la Caixa”, cuatro creadores catalanes, Oriol Padrós, Merlí Borrell, Gerard Ibáñez y Daniel Anglès, han orquestado un vídeo coral donde nada menos que 645 participantes recrean (grabándose desde casa y siguiendo todos la misma coreografía) la canción Viva La Vida de Coldplay. El increíble trabajo de fondo, el entusiasmo de los participantes y un montaje de lo más imaginativo explican el imparable éxito que está teniendo el vídeo. Celebrar el Día Mundial de la Música así es todo un regalo.

Gerard Ibáñez, de 33 años, lleva media vida dirigiendo coros pero jamás se había enfrentado a una labor de coordinación y dirección de este calibre. Junto con el director artístico Daniel Anglès, estaba trabajando en una nueva edición de Pop-Rock Hits, que organiza la Fundación ”la Caixa”, cuando llegó el confinamiento.

Entonces la fundación se adaptó rápidamente a la nueva circunstancia: decidió que realizarían un vídeo colaborativo con un rango de participación muy amplio. Tanto Gerard como Daniel se unieron, así, al nuevo proyecto: la iniciativa #YoCanto.

 

 

“Lo difícil fue empezar el proyecto sin saber qué respuesta íbamos a obtener ni cuántas personas participarían. De hecho, lo que temíamos era que no hubiera suficientes participantes, y en ningún momento nos imaginamos que más de 600 personas se iban a apuntar”, confiesa Daniel. Coordinar las voces y las imágenes de las 645 personas que al final participaron se convirtió rápidamente en un desafío artístico, organizativo y técnico que fue mucho más allá de todo lo que podían esperar. 

La canción elegida sería todo un clásico: el Viva La Vida de los británicos Coldplay, “por su mensaje de celebración de la vida, de optimismo y porque es una canción que nunca pasa de moda, ¡la canción perfecta para infundir optimismo en la gente que la escucha!”, cuenta Gerard.

Así que la primera pieza del puzle sería crear la base musical sobre la que cantarían los participantes, y ahí es donde empieza el trabajo de Oriol Padrós, productor musical del proyecto: “Hice una nueva base del Viva La Vida para que cuadrara con el arreglo de voces que hizo Gerard, pero no sabíamos que iba a participar tanta gente. Con 645 voces que coordinar, mezclar y montar, el proyecto se convirtió en una auténtica locura. Nunca había trabajado con tantas pistas y es incluso difícil que un ordenador aguante tanta cantidad de información”. 

Gerard preparó entonces un tutorial para que los cantantes entendieran bien lo que tenían que hacer y les mandó la partitura con los arreglos y su voz con la línea musical como referencia. Había que tratar de resolver por adelantado todas las dudas, tanto musicales como de coreografía, debido a la amplitud del abanico de participantes: “Ha participado desde gente que sabe mucho de música hasta gente que nunca había cantado, y todos han tenido cabida en el proyecto”.

 

 

Una vez recibidos los audios y los vídeos, había que tratarlos uno por uno, limpiarlos y unificar formatos, una tarea ingente pero imprescindible para dar paso a la fase creativa con todas las garantías: “Son 645 vídeos sincronizados con resoluciones diferentes, ¡así que mi ordenador sacaba humo!”, se ríe Merlí, encargado de la realización audiovisual.

“Con Daniel estuvimos pensando en cómo mover el vídeo a partir de los movimientos y crear esa coordinación”, prosigue Merlí. “Primero tuvimos que hacer muchas pruebas con nosotros mismos para ver cómo funcionaba, pero claro, no contábamos con una participación tan masiva y tuvimos que irnos adaptando sobre la marcha”. 

Pero si la gran cantidad de material recibido alargaba el proceso y suponía un esfuerzo extraordinario de tratamiento de imagen y sonido, también multiplicaba las posibilidades creativas. “No queríamos que fuera simplemente una imagen con mil ventanas pequeñas de gente cantando, sino que hubiera una coreografía que las uniera”. Y ahí está precisamente gran parte del secreto: las imágenes y la música se funden perfectamente, se complementan y van abriendo nuevas y sorprendentes posibilidades a medida que avanza el vídeo. 

Pero además el audiovisual resulta especialmente emotivo por el enorme entusiasmo demostrado por los participantes, la felicidad que se desprende de todos y cada uno de sus fotogramas y las imparables ganas de expresarse y de abrazar el mundo que revela. 

La experiencia para mí ha sido alucinante, jamás había participado en un proyecto de esta envergadura”, nos dice Daniel, orgulloso de las más de 700.000 reproducciones obtenidas por el vídeo en apenas una semana, una auténtica hazaña si tenemos en cuenta que los que han compartido su voz y su pasión no son cantantes profesionales.

“Eso es precisamente lo bueno que tienen estas iniciativas de la Fundación ”la Caixa”: brindan una gran oportunidad a gente que no se dedica profesionalmente a la música para colaborar en proyectos que implican a profesionales y que, por tanto, aseguran un buen resultado”, se alegra Oriol.

Además, en este Día Mundial de la Música, #YoCanto viene a subrayar el poder evocador de la música y la universalidad de su lenguaje: poco importan las lenguas, las fronteras, los géneros o las razas, la música nos une a todos por igual. 

“Hace poco vi un vídeo que para mí explica muchas cosas”, concluye Gerard. “Salía un señor de 101 años con alzhéimer y que ya no podía ni hablar. Sin embargo, sentado frente al piano, era capaz de ejecutar perfectamente una pieza. Ahí está la magia de la música”.