Entrar en el taller con cuidado, lavarse las manos con gel desinfectante, ponerse los guantes, colocarse las mascarillas y limpiar a fondo varias veces la mesa de trabajo y las máquinas son los pasos que cumplen cada día con rigor las trabajadoras de la empresa social de confección textil A Puntadas, apoyada por el programa de Emprendimiento Social de la Fundación ”la Caixa”, para lograr fabricar 7.000 mascarillas de uso no médico semanalmente, con todas las garantías. Porque la vocación de A Puntadas siempre fue “trabajar ayudando”. A las primeras, a sus empleadas, muchas veces “rescatadas” de los peligrosos bordes de la exclusión social.

Ahora hace tan solo unas semanas que en A Puntadas pararon temporalmente su producción habitual –uniformes, camisetas, polos, bolsas, sudaderas…– para dedicarse en exclusiva a fabricar batas y las tan preciadas mascarillas para asociaciones, fundaciones, etc. “Y eso nos permitió dos cosas: ayudar a quien está buscando estos materiales que son tan necesarios para que la epidemia de COVID-19 no se siga propagando, y mantener la empresa abierta y trabajando”, nos cuenta Pedro López Serrano, director de esta empresa social. “Es importante que nuestra empresa sobreviva para que las trabajadoras no tengan que ver pausado su proyecto de vida, justo ahora que se está recomponiendo”.

Y es que sus trabajadoras son personas en riesgo de exclusión social: paradas de larga duración, de avanzada edad, inmigrantes, exreclusas, víctimas de violencia de género… Muchas de ellas vienen de los servicios sociales de diferentes ayuntamientos de la provincia de Alicante, y de los talleres de confección textil de ocho meses de duración del Programa de Reinserción de Mujeres (PRM), la asociación sin ánimo de lucro creada por Rosa Escandell. 

 

Collage GIF retrato mujer con retazos de tela y mascarilla

 

“Las más preparadas hacen una prueba, una práctica no laboral en A Puntadas. Y posteriormente, si van avanzando y sus informes son positivos, ya están preparadas para trabajar en una empresa real como la nuestra. Porque a pesar de ser una empresa social y ecológicamente responsable –somos la única de la Comunidad Valenciana certificada 100 % GOTS para confeccionar tejido orgánico–, competimos en calidad y precio con cualquier empresa. Trabajamos para TEMPE (Grupo Inditex), Grupo Pikolinos, Martinelli, entre otros… ¡Queremos que deje de asociarse lo social con lo cutre o de mala calidad!”, proclama Pedro que, tras dirigir hoteles durante 25 años, ahora no se imagina trabajando lejos de este proyecto que mejora la vida de tantas personas.

Una de esas personas es Isabel, de 52 años. Tras dos años en paro y cuando ya estaba muy afectada por su mala racha, fue seleccionada para trabajar en A Puntadas. “Estaba tan mal que no tenía ni luz en casa. Y cuando me anunciaron que el trabajo era mío, tuve muchas ganas de llorar de felicidad”, reconoce. “Supongo que valoraron mis ganas de trabajar, mi entusiasmo y, aunque esté mal que yo lo diga, ¡que no se me da mal!”, cuenta entre carcajadas. “No es que no se le dé mal”, puntualiza Pedro, “es que es buenísima. Isabel es pura luz, es quien lleva el departamento de corte, el ordenador y todo, y, si todo va bien, será jefa de sección en junio. Entre otras cosas, gracias a la sala de patronaje –plóter, ordenador, máquina nueva…– que subvencionó la Fundación ”la Caixa”, la empresa que más nos ha apoyado junto con PRM y la Fundación Juan Perán Pikolinos”.

“Nuestra historia con la Fundación ”la Caixa” viene de lejos”, relata el director. “En el 2011, ser seleccionados por el Programa de Emprendimiento Social nos sirvió para darnos a conocer. En el 2016 y 2017 obtuvimos apoyo para las becas de las alumnas de PRM. En el 2018 nos financiaron la sala de patronaje y corte. Y en el 2019, gracias a su ayuda pudimos comprar una furgoneta –¡antes lo repartíamos todo con nuestros coches!–, una remalladora y una máquina de corte, lo que supuso no tener que externalizar más estos servicios. Fue un verdadero punto de inflexión. Ahora somos más autosuficientes. Solo necesitamos pedidos, que nos sigan encargando trabajo, para poder seguir creciendo y reinvirtiendo todos nuestros beneficios en ampliar el negocio, para poder ayudar a cada vez más personas que lo necesiten”. 

Pero volviendo al 2020, en estos momentos de mascarillas y realidad extraña, las trabajadoras están más involucradas que nunca. “La motivación de las chicas es altísima, son muy conscientes de lo necesario que es ahora su trabajo”, asegura Rebeca, jefa de taller que lleva siete años totalmente involucrada en el proyecto. “A pesar de que el día a día es duro –al venir a trabajar te para la policía, has de enseñar el documento, decir a dónde vas, a qué hora te vas a casa, a qué te dedicas, luego al llegar no puedes salir de casa…– ellas intentan sacar antes los pedidos, ponen de su parte más que nunca”, cuenta emocionada. 

“El buen ambiente del taller no ha cambiado”, afirma Isabel. “Aunque yo antes cortaba piezas y ahora coso el vivo de las mascarillas –porque ahora trabajamos todas en cadena y cose mascarillas hasta la que estaba en proveedores–, todas seguimos riéndonos y contando chistes. Es verdad que tenemos muchas ganas de que acabe este problema y, claro, echamos de menos a las compañeras que no pueden venir a trabajar. Pero somos una gran familia y no hay relaciones distantes ni problemas insuperables. Vamos todos a una. Eso es lo que más valoro de mi empresa. Una empresa que me ha cambiado la vida”.

 

Collage: Rafafans