En el año 2050, 1 de cada 5 personas tendrá más de 60 años, el doble que en el año 2000. ¿Cómo gestionaremos la salud y el bienestar de toda esa población? Josep Samitier, director del Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC), nos cuenta lo que está por llegar: telediagnóstico médico, órganos en un chip, realidad virtual para curar el ictus, biopsias líquidas, robots asistenciales y hasta detección de infartos antes de que aparezcan formarán parte de un futuro nada lejano.

“La esperanza de vida no es solo cumplir más años, sino que estos años estén llenos de vida, capacidad de hacer cosas, comunicarse y divertirse. Ese es nuestro gran reto actual: conseguir que las enfermedades crónicas y neurodegenerativas no disminuyan la autonomía personal o, al menos, que se retrasen lo máximo posible”, desea Samitier.

“Si en el siglo xx vimos avances como los rayos X o la resonancia magnética, en el xxi veremos regenerar tejidos dañados o envejecidos con células madre o biomateriales. Y también recrearemos órganos in vitro —un riñón, un hígado, un bazo— con todas sus funcionalidades, gracias a un chip que combina la microfluídica con cultivos celulares de forma artificial”, aseguró el experto durante el B·Debate titulado “Bioengineering for healthy ageing”, celebrado en CosmoCaixa.

En este encuentro, promovido por Biocat y la Obra Social la Caixa, se pudo ver, entre otros inventos, a MIRo, un dispositivo con forma de perrito que reacciona a las caricias, nos transmite sus emociones, cuida de nosotros y, en definitiva, podría muy bien ser nuestro robot de compañía. “Intentamos conseguir los mismos efectos positivos que tienen las mascotas reales sobre las personas”, explicó Tony Prescott de la Universidad de Sheffield. Y es que los robots del futuro no son, para nada, como los imaginábamos. “A partir de ahora, no se usarán solo en la industria, sino también en la vida diaria. Estarán en casa para ayudarnos con lo que no podamos o no queramos hacer, como la famosa aspiradora que va sola por la casa. Por eso veremos los soft robotics: robots realizados de materiales como silicona o tejidos, más agradables al contacto físico”, avanzó Cecilia Laschi de la Scuola Superiore Sant’Anna.

 

 

Pero aún hay más. Según Samitier, nuestra experiencia médica del futuro será muy diferente a la actual. Por una parte, podremos diagnosticar enfermedades antes de que ocurran, ya que “cada vez hay más biomarcadores que permiten saber hacia dónde se encamina un órgano. Así, será mucho más fácil prevenir, por ejemplo, un infarto que tratarlo después con el tejido ya dañado”. Por otra parte, seremos telediagnosticados, ya que “cada vez será más habitual que un especialista que no esté al lado del paciente analice datos o imágenes y pueda emitir un veredicto o análisis, junto a otros médicos locales”. Y nuestros médicos nos recetarán realidad virtual (RV): “por ejemplo, para superar un ictus. Estamos muy acostumbrados a la rehabilitación mecánica, pero la RV nos abre las puertas de la rehabilitación neurológica (recuperar funciones del lenguaje, la comunicación, etc.) a través de una serie de estímulos”.

Y por supuesto, en nuestro futuro médico no faltarán las apps móviles, que servirán para monitorizar nuestra salud sin movernos de casa, lo que será especialmente útil para mayores aislados o con movilidad reducida. De hecho, el IBEC y el Hospital Clínic de Barcelona ya han desarrollado la aplicación NOM, cuyo dispositivo, adherido al abdomen de la persona con problemas respiratorios, sigue los movimientos de su diafragma y sus apneas del sueño.

En definitiva, la bioingeniería nos da motivos para pensar que ser mayor en el siglo xxi no será comparable con ninguna realidad anterior. Nos esperan muchas sorpresas.

 

Texto: Ana Portolés
Fotografía: Rita Puig-Serra