La ayuda material es indispensable pero, a veces, necesitamos sobre todo que alguien nos escuche. Con esta doble ayuda, material y anímica, el equipo de La Merienda lleva desde el 2013 prestando su apoyo a personas en riesgo de exclusión con la colaboración de ”la Caixa”. Visitamos el claustro de la Parroquia de la Concepción en Barcelona, donde se reúnen cada tarde, y hablamos con Martina Puga, presidenta de la entidad.

“Lo primero que me motivó para fundar La Merienda fue ver a tanta gente durmiendo en la calle, sola y desamparada”, cuenta Martina. A raíz de un voluntariado por los barrios de la ciudad, donde conoció más de cerca la realidad de estas personas, Martina se dio cuenta de que la soledad era un problema generalizado y que, para acabar con los problemas de penuria económica, primero había que romper con la soledad. “En la mayoría de los casos, la soledad se debe a problemas personales o a conflictos con la familia, y lo que necesitas en ese momento es que alguien te escuche”. Así fue como, siguiendo su fuerte vocación social, decidió impulsar un proyecto que se ha convertido hoy en un equipo de personas que atiende a este colectivo ampliamente desatendido.

La aventura se inició con un carrito de la compra que Martina empezó a pasear por los comercios del barrio en busca de productos de primera necesidad. La solidaridad de los comerciantes y los vecinos, así como el boca a boca, hicieron el resto. “Al principio éramos solo cuatro voluntarios y seis usuarios, pero ahora hay un grupo de 120 personas que acuden regularmente a La Merienda, además de los más de 50 voluntarios que participan cada semana, aportando tiempo, calidez y optimismo al proyecto. Con ellos se forma una gran comunidad, una familia que crece día a día.”

 

Meriendas para personas en riesgo de exclusión social

 

Se trata primero de compartir un café, un chocolate caliente o unas pastas para crear el ambiente propicio a la conversación: “Tomar ese café es clave para conocer a la persona y sus necesidades.” Una vez integrados en esta red solidaria, las personas en apuros ya saben que no están solas y que van a poder contar no solo con la red de voluntarios de La Merienda y de ”la Caixa”, uno de los socios más sólidos de esta aventura, sino que conocerán a otras personas en situaciones similares: “Así pueden compartir recursos, darse información y ayudarse los unos a los otros. Nuestra idea es darles la autonomía suficiente para que ya no nos necesiten”.

Francisca Reyes, una hondureña de 54 años, acudió a La Merienda tras haber llamado sin éxito a muchas puertas: “Me encontraba en una situación muy precaria y no conocía a nadie en la ciudad.” A Francisca la ayudaron primero con alojamiento y comida, y luego a encontrar un empleo. Pero lo que más recuerda es “el corazón tan grande” de los voluntarios a quienes agradece el haber encontrado un trabajo de media jornada que le ha permitido iniciar una nueva vida.

Para la búsqueda de empleo, La Merienda cuenta con su programa Red Empleo, que ofrece cursos de formación y presenta ofertas de empleo, así como con el apoyo de los técnicos del programa Incorpora de ”la Caixa”. En lo que va del 2019, llevan conseguidas nueve reinserciones laborales, sobretodo en el sector servicios. Y todo es gracias al trabajo en equipo. Todo es gracias a Montse, Genji y John, que ayudan en la gestión de la entidad, el material y las donaciones y que reciben a las personas que se asisten. Es gracias también a Miguel, Julia y Rebeca, trabajadores sociales. Y es gracias, por supuesto, a Emma y Martina, encargadas de la inserción laboral y del trabajo en red con otras fundaciones. Martina destaca también el papel de ”la Caixa”: “Además de la ayuda económica, la aportación de sus voluntarios y la ayuda de los técnicos de inserción laboral, cada semana el Departamento de Recursos Humanos de la fundación nos aporta su conocimiento y formación, y es un gran ayuda para nosotros”.

El perfil de los usuarios de La Merienda es muy variado y abarca todas las edades, desde jóvenes que no logran encontrar su primer empleo hasta jubilados que no llegan a fin de mes con sus pensiones. “Luego están las personas sin papeles, añade Martina, con necesidades muy urgentes, ya que no tienen recursos ni reciben ayuda de las administraciones. Y también acuden a nosotros personas que están buscando trabajo y necesitan formación y apoyo para salir adelante, porque están pasando por un mal momento a raíz de una depresión personal y una búsqueda de trabajo inefectiva.” La Merienda es, en definitiva, un recurso abierto a todos, que no requiere ninguna derivación: “Cualquier persona puede venir aquí a merendar y hablar con nosotros, tenga papeles o no”.

Los avances no son tan rápidos como todos esperarían, pero la actitud ya es otra: “Al principio hablaban de su situación, de su soledad y de lo mal que estaban. Pero ahora ya son conversaciones con un hilo de esperanza, hablan de ofertas de empleo, de futuro, confiando en que un día estarán mejor y dirigirán su vida hacia otro camino.” Un cambio de vida que habrá empezado con un café y una mano tendida.

 

Texto: Raúl M. Torres
Ilustración: Lorena Rivega