Mis padres eran maestros de primaria. Ahora están jubilados, pero siguen siendo maestros en todo lo que hacen. Cada vez que hablan, sea del tema que sea, se les escapa ese deje de profesor, esa vocación de explicar, de razonar, de educar desde la honestidad. Porque un buen maestro es aquel que aprende día tras día para poder enseñar; enseñar a hacer preguntas, no a memorizar. Ser maestro no es tarea fácil. Es una gran responsabilidad. Pero es algo que se hace porque se disfruta, porque se lleva dentro. Ya sea en la escuela, en el instituto o en la universidad, la intención de todo buen maestro es entender a los alumnos, estimular su curiosidad y guiar su energía y sus capacidades para conseguir la mejor versión de ellos mismos. Hoy, Día Mundial de los Docentes, la Obra Social ”la Caixa” quiere rendir homenaje a todos los maestros a partir de testimonios de exalumnos.

Luis Ferrández, becario de ”la Caixa”, actualmente cursando un doctorado en Biomedicina, recuerda a ciertos profesores que influyeron en su forma de ver el mundo y en las decisiones que fue tomando a lo largo de la vida. “Es esencial que los docentes transmitan a sus alumnos la necesidad de desarrollar una mirada crítica sobre la realidad y les proporcionen herramientas para desarrollar su propio estilo de pensamiento. Eso es más importante que acumular conocimientos sin plantearse nada, y los buenos maestros lo saben.” Que te enseñen a pensar por ti mismo es algo que, con suerte, jamás te quitas de encima. “También resulta muy inspirador cuando detrás del docente hay una persona verdaderamente apasionada por lo que enseña: en estos casos resulta muy difícil dejar de escuchar.»

Ana Mora está realizando un doctorado en Ciencia e Ingeniería de Materiales. Y lo tiene claro: “Mi profe favorito fue y es Pepe Velázquez”, su profesor de Física en segundo de bachillerato. “Aunque siempre me habían apasionado las disciplinas científicas, él me enseñó más que nadie que era fundamental entender el porqué de las cosas. Su amor por la docencia se respiraba en cada duda que te aclaraba y en las horas extra que nos dedicaba. Realizaba su trabajo con pasión y profesionalidad, y eso me marcó. Hace poco me felicitó por haber obtenido la beca de ”la Caixa”. Que alguien como él reconozca mi labor es un gran orgullo, pues lo que he conseguido se debe en gran medida a la labor de estas personas imprescindibles.”

 

 

El doctorado de Ernesto Oyarbide es sobre Historia. También becario de ”la Caixa”, hoy se dedica a las humanidades porque cree en su enorme componente de cambio positivo para la sociedad. Y eso lo aprendió de sus profes en la uni de Navarra. “Un día, mientras hablábamos de literatura y cambio social, Enrique Banús nos dijo que para cambiar el mundo lo mejor era el lento camino de las ideas. Explicó que un libro tal vez no cambiaría nada recién publicado, pero que si le dábamos tiempo, y si la idea era buena, los resultados serían mucho más fecundos y estables. A día de hoy, sigo creyendo en eso. Y es por ello que ahora hago un doctorado que trabaja mucho la historia de las ideas y el cambio social que estas han traído con el paso de los siglos.”

Los buenos maestros nos enseñan valores como el diálogo, el compartir, la integración y la convivencia. Algunos profes incluso llegan a marcar nuestra trayectoria profesional. Si Rita Puig-Serra estudió Humanidades y Literatura Comparada fue seguramente por su profesora Isabel Orensanz. “Ella nos enseñó a amar la literatura y la vida.” Carmen Muñoz, graduada en Biotecnología y estudiante de un máster en Musicoterapia, nos cuenta que la directora del coro de góspel de su colegio, también docente, fue quien le inspiró para perseguir su pasión. “De Sonia Moreno aprendí sobre la música como bálsamo y como lenguaje universal de nuestro motor interno ‘llámese alma, espíritu, esencia o como cada uno lo prefiera’.”

Samuel Valiente, periodista, cuenta la historia de Jacinto. “Un profe muy estricto, que nos exigía siempre un nivel por encima de nuestras posibilidades. Una vez nos suspendió a todos en el análisis de un texto. Teníamos 10 años. Protestamos abiertamente. Nos pareció injusto, pero hoy entiendo que Jacinto precisamente quería suspendernos a todos. Esa era su lección. El recuerdo de aquel texto sigue ahí, en mi memoria, recordándome que, por muy listos que nos creamos, siempre habrá algo que se nos escape y que nos equivoquemos todos a la vez no nos hace estar menos equivocados.” Los buenos maestros motivan, desafían, provocan, hacen pensar. Los buenos maestros son mucho más que maestros.

 

Texto: Meri Soler