Una vida dedicada a la acción social da para mucho. En primer lugar, para ayudar a los demás, claro, pero también para plantearte cuál es tu lugar en el mundo y qué repercusiones tienen las decisiones que tomas. Eduard Sala lleva desde los 18 años implicado en Cáritas, entidad en la que ahora es responsable del Área de Acción Social, y se puede decir que ha visto absolutamente de todo. Su libro Va de vida recoge las reflexiones a las que le ha conducido su trabajo diario y que se ha llevado el premio Feel Good que organizan ”la Caixa” y Plataforma Editorial.

El destino de Eduard Sala era de los que ya parecen trazados de antemano. Hijo de la burguesía barcelonesa, excelente estudiante, iba, como recuerda ahora con una sonrisa, para“director general del universo”…  Pero las cosas se torcieron y, como ocurre tantas veces, fue para bienPrimero, la empresa de su padre se vino abajo. Después Eduard, que había recibido una educación católica tradicional, estudió filosofía en el instituto y cambió por completo su perspectiva sobre la fe. Tuvo de pronto la sensación de que no había mucha relación entre lo que le habían estado enseñando y el mundo que lo rodeaba.

 

Retrato de Eduard Sala, autor de "Va de vida"

 

Estábamos a finales de la década de 1970, Eduard acababa de llegar a la mayoría de edad y estaba hecho un lío. Pero en ese momento su familia acogió a dos chicos alemanes de la comunidad ecuménica de Taizé durante una semana. “Conocí a toda una serie de jóvenes que, con mi misma edad, daban sentido a sus vidas intentando construir un mundo nuevo y eso hizo que me replanteara mi papel en este planeta.”

A partir de ese encuentro, Eduard lo tuvo claro: quería ayudar a los demás. Su primera misión en Cáritas consistió en sacar a pasear a un niño de tres años que había sido abandonado en una pensión por su madre, que era trabajadora sexual. Aquella primera misión reafirmó el giro de Eduard: “Me cambió la vida y me fui comprometiendo cada vez más en la acción social.”

En su libro, el ahora responsable del Área de Acción Social de Cáritas recoge las numerosas experiencias por las que ha pasado y las reflexiones que le han sugerido. Por ejemplo, le sorprende nuestra tendencia a retrasar continuamente las preguntas que deberían estar en el centro de nuestra existencia. ¿Hacemos realmente lo que queremos hacer con nuestra vida? ¿Somos conscientes de la influencia que tenemos en los demás? “En la vida, es muy sano buscar respuestas a nuestras preguntas, el problema es que la gente busca respuestas hechas y la vida cambia totalmente por la calidad de las preguntas que te haces.”

Le marcó un caso, el de un antiguo presidiario muy duro que llegó al centro de personas sin hogar, recién salido de prisión y con una hemiplejia que apenas le permitía caminar. “Ese hombre daba miedo, se levantaba la camisa, te enseñaba sus heridas por puñaladas y cuando, en un ataque de ira, te amenazaba de muerte, sabías que no era broma.” En el centro se tenía la costumbre de celebrar los santos y los cumpleaños con canciones, y aquel hombre les amenazó con destrozar el comedor si alguien se atrevía a cantarle una de esas canciones que él consideraba infantiles. Pero una de las hermanas hizo caso omiso de la advertencia, empezó a cantarle una canción y pronto se vio acompañada por todos los asistentes. “De pronto, ese señor se desmoronó y empezó a llorar desconsoladamente. Ahí me di cuenta de que era la primera vez que le felicitaban y que lo único que quería aquel hombre era que alguien lo amara. Me enseñó a ver detrás de la máscara, dentro de la gente.”

Es encomiable el entusiasmo y el optimismo del autor frente a las dificilísimas situaciones a las que se enfrenta en su trabajo diario. Eduard considera fundamental mantener “la distancia profesional óptima”, pero también tiene claro que “si no te conmueve cada persona con la que te encuentras no sirves para este oficio.” Hay que evitar ver los casos como simples números, como ocurre demasiado a menudo con los refugiados: “No paramos de poner muros por todas partes, incluso muros invisibles en nuestros propios barrios, y damos por sentado que tenemos derecho a ciertas cosas por el simple hecho de haber nacido del lado bueno del muro.”

Eduard también recuerda que nadie es inmune a los dramas: “El juego, la droga, una separación o una depresión te pueden hacer caer en un lugar que ni te imaginabas…”

En cuanto a ganar el premio Feel Good, Eduard considera que “es un regalazo; no puedo dejar de dar las gracias y no lo digo por el dinero.” Gracias a la aportación de ”la Caixa”, Va de vida saldrá a la venta el 11 de noviembre, publicado por Plataforma Editorial, y Eduard no podría estar más satisfecho. “Es una gran oportunidad para dar voz a personas acompañadas y también a las que acompañan. La gente está necesitada de esperanza, de bondad y de positividad.”

 

Texto: Raúl M. Torres
Fotografía: Carla Step