En una sala oscura, una pantalla lo ilumina todo. En ella vemos a un grupo de unas 20 personas, de pie, absortas en sus pensamientos. Hay hombres y mujeres de todo el mundo. Viejos y jóvenes. Altos y bajos. De repente, dos potentes chorros de agua golpean al grupo a cámara lenta. Algunos caen, muchos se tambalean. Se trata de The Raft, obra de uno de los pioneros del videoarte, el norteamericano Bill Viola, y pieza escogida para cerrar la exposición “Turbulencias. Colección ”la Caixa” Arte Contemporáneo que CaixaForum Barcelona acoge hasta el próximo 21 de octubre. Una exposición cuyas obras hacen con nosotros lo que los chorros de agua con los protagonistas del vídeo: nos sacuden, nos agitan y nos dejan preguntándonos cómo mirar al mundo después de la tormenta.

Al recorrer la sala que aloja la muestra, uno se encuentra con un puñado de monitores que reproducen vídeos con imágenes de banderas rotas, unas gigantescas fotografías de distintas tipologías de bombas, 2.304 piezas de ajedrez que invaden una pared representando un motín y hasta un maletín de piel con la inscripción en letras doradas “Ministerio de Derechos Humanos y Justicia”, todavía en busca de ministro. Son un total de 20 obras de escultura, pintura y vídeo de 20 artistas distintos, pero hay algo que todas tienen en común: “Nos invitan a abrir los ojos y provocan una mirada crítica a los problemas que nos rodean”, apunta Nimfa Bisbe, comisaria de la exposición y responsable de las colecciones de arte de ”la Caixa”.

 

 

“En la actualidad estamos bombardeados por imágenes. Todos, de alguna manera, sabemos lo que pasa en el mundo”, cuenta la comisaria. Reportajes en las noticias, fotos en las redes sociales y vídeos compartidos por WhatsApp nos hacen conscientes de los conflictos que azotan el planeta. La ignorancia en el siglo xxi ya no es excusa, pero sí lo es el tiempo. Todos vamos con prisas, “pero el arte nos exige detenernos para mirar con intensidad e intentar comprender lo que nos dicen las obras”, apunta Nimfa.

Qué significa ser espectador es precisamente la pregunta que plantea Mother’s Day, una obra en la que la artista Smadar Dreyfus recoge las voces que registró entre 2006 y 2008, durante la celebración del Día de la Madre en la llamada Colina de los Gritos de los altos del Golán. En el territorio ocupado por Israel, se oyen los gritos de las madres de la población drusa siria. Sus hijos, estudiantes en Damasco (gracias a un acuerdo extraordinario entre los dos estados por mediación de la ONU y la Cruz Roja), se encuentran en el lado sirio. Entre tanto fluyen los saludos y las intimidades que unos y otros se mandan a través de un sistema de sonido instalado para la ocasión y atentamente vigilado por las fuerzas militares de ambos países. “Yo estaba ahí como testigo”, cuenta la artista de origen israelí, “presenciando algo muy íntimo pero, a la vez, muy visible y controlado”. Esa es la contradicción, que busca que nos replanteemos también nuestro papel de espectadores en los conflictos bélicos.

Nimfa nos cuenta que, cada vez que admira obras como la de Smadar, siempre se acuerda de Goethe y de sus últimas palabras: “¡Luz, más luz!”. “Porque los problemas sociales tenemos que iluminarlos y darlos a conocer. No podemos dejar que nos dominen la ignorancia y la intolerancia”, expresa. Y el arte a veces nos aporta esa luz que nos permite despertar.

Volviendo al vídeo de The Raft, cuando los chorros de agua cesan, hombres y mujeres se abrazan aliviados y se ayudan unos a otros para volver a ponerse de pie. Y es precisamente esa solidaridad, esa colaboración, junto al despertar de los sentidos, lo que hace que sobrevivamos y avancemos como sociedad, tormenta tras tormenta.

 

Fotografía: Rita Puig-Serra