Construimos el mundo a partir de las palabras. Las cosas existen independientemente de su nombre, pero solo nos entendemos si usamos el mismo idioma. ¿Por qué? ¿Y quién fue la primera persona en ponerle nombre a un objeto? ¿Y en qué lengua? Las respuestas pueden encontrarse hasta el próximo enero en la muestra “Talking Brains: programados para hablar” de CosmoCaixa Barcelona. Pero la exposición plantea otra pregunta: si solo nos entendemos al hablar el mismo lenguaje, ¿cómo se comunican las personas con trastornos en los que este se ve alterado, como es el caso del autismo no verbal?

Nuestra realidad es lingüística. A través del lenguaje percibimos los objetos, hablamos con la gente o creamos obras de arte. Y esto es así porque nuestro cerebro es lingüístico, y es el puente entre nosotros y el mundo que nos rodea, entre una persona y otra. Al fin y al cabo, la comunicación humana es poner en común pensamientos con otra persona: puedes hacerle un monólogo a una pared, pero esta no entenderá una sola palabra. Sin embargo, hay trastornos del desarrollo que afectan zonas del cerebro relacionadas con el lenguaje. Es el caso del autismo no verbal, de niños como Dídac que no desarrollan lenguaje oral.

 

 

Dídac tiene ocho años. No habla, pero siempre le pide a su madre, Verónica, que le ponga sus películas de Disney favoritas: Dumbo y Los 101 dálmatas. Otra cosa que suele pedirle son galletas y cacao, su desayuno predilecto. Y lo hace mediante pictogramas. A cada imagen —antes eran fotos sobre un panel, ahora ha aprendido a usar una tableta— corresponde una persona, un verbo y un objeto, y basta combinarlas para formar una frase. Parece sencillo, pero hubo que ir paso a paso. “Antes si quería agua te llevaba a la nevera”, recuerda Verónica. “Entonces yo, cuando veía que quería beber, lo reconducía al pictograma, lo señalaba y lo verbalizaba: Dídac quiere agua. El primer día que directamente se fue al pictograma de nevera y señaló la botella fue una gran fiesta”.

“Lo que tenemos claro es que no hay conductas autistas, sino conductas de seres humanos”, puntualiza Berta Salvadó, neuropsicóloga infantil y ponente en el ciclo de conferencias de la muestra “Talking Brains”. No hay mejores o peores maneras de comunicarse, simplemente formas diferentes. “Escuchar a las personas con un desarrollo distinto es la única manera de aprender sobre ellas”, prosigue. “Y es una experiencia muy enriquecedora para todos.”

Comprender el lenguaje de aquellos que no se comunican según la manera convencional, en lugar de corregirlo, es nuestra responsabilidad hacia una sociedad igualitaria e inclusiva. Cuando Dídac fue de manera espontánea al pictograma de nevera, entendió lo que significa comunicar: relacionarse con otra persona. Según su madre, “poder comunicar lo que ves, lo que quieres o necesitas, eso es entrar en el mundo social”. Y entonces ya no importa si es con palabras o con imágenes.