El nadador paralímpico profesional Ariel Schrenck es de esas personas que se crecen ante las adversidades. No tener la mano izquierda nunca le hizo sentirse menos que el resto de niños y niñas del club de natación al que iba de pequeño, sino que le llevó a marcarse una meta que le alejaría de casi todos los límites: ser más rápido que ellos. “En el agua siempre he buscado igualar a los demás a partir de una competitividad sana. No soy diferente, ni mejor ni peor que nadie, por tener una sola mano”, cuenta el joven de 17 años durante el entrenamiento en B-Swim, empresa social que en el 2016 fue seleccionada para participar en el Programa de Emprendimiento Social de la Obra Social ”la Caixa”.

La meta de B-Swim es mejorar la vida de la gente a través de actividades acuáticas adaptadas a las necesidades de cada individuo. Algunos están haciendo rehabilitación, otros buscan perder el miedo al agua y la mayoría son personas con diversidad funcional o intelectual que aman el deporte. Unos buscan simplemente disfrutar de la natación en unas instalaciones de lujo, con el mar del Maresme como telón de fondo; otros lo dan todo para intentar participar en competiciones como el Campeonato de España Absolutos por CC. AA. de Natación Adaptada. Y para que metas de este tipo sean un horizonte alcanzable para todos, B-Swim les da una posibilidad que nunca nadie les había ofrecido: “Nos dimos cuenta de que los deportistas paralímpicos amateurs no contaban con formadores especializados”, explica en las piscinas del Club Natació Mataró una de las fundadoras de la empresa social, María Folgado.

 

 

Al salir de la piscina, el nadador paralímpico Ariel Schrenck nos cuenta que el deporte no solo le ha ayudado a realizar gestos tan cotidianos como atarse los cordones de los zapatos con una mano y el apoyo de la prótesis, sino que también ha entendido que puede ser como los demás y que nadie debe compadecerle: “Nunca trates mejor a nadie por ser discapacitado”, recomienda, “porque le estás dando una excusa para dar menos de lo que puede. Le das una protección que no es real y luego sale de casa y no sabe cómo enfrentarse al mundo. De hecho, si alguien me dijera que no puede hacer deporte porque tiene una discapacidad, le respondería que se plantee si quizás está buscando una excusa. Yo hasta encontré la forma de hacer tiro con arco. No era el mejor tirador del mundo, pero, eh, ¡tiré mis flechas!”, añade con media sonrisa.

Las palabras de Ariel denotan que ha aprendido a quererse tal y como es, y eso ha hecho que tanto él como los que le rodean disfruten de cada instante que pasan en este particular mundo que se han construido bajo el agua. Además de exigirse a sí mismo el máximo de su potencial, Ariel cuenta que utiliza el humor para animar a sus compañeros cuando el cansancio puede con ellos. “Hay un amigo al que suelo decirle: ‘¡Va, tira! ¡Que eres mayor que yo y encima tienes dos manos!’”, comenta entre risas. Para salir de los momentos de flaqueza, a Ariel le basta con poder seguir el ritmo de sus compañeros y con el amor que siente por la música. “Conecto mucho con el rap, me ayuda a salir adelante. La canción ‘Apagado’ del rapero Ambkor dice: ‘Estoy apagado, pero no fundido’. Esto me sirve para recordar que, por mucho que a veces toquemos fondo, siempre volvemos a subir”.

Cuando el año pasado Ariel se coronó como el mejor nadador del Campeonato de España AXA de natación de jóvenes del 2018, demostró que es una de las jóvenes promesas de la natación paralímpica española. Y, si en el 2020 finalmente logra su objetivo de competir en los Juegos Paralímpicos de Tokio, B-Swim alcanzará uno de los mayores logros de su historia. Aunque, para María, la mejor parte no es ver las medallas que los nadadores se llevan a casa, sino el darse cuenta de que, con su ayuda, ahora viven la vida en toda su plenitud. “Al ver que en el agua pueden moverse de un modo que fuera les resulta imposible, su forma de mirarse a sí mismos cambia. Y eso se traslada a su vida personal. Es el caso de Jordi, un chico que tiene hemiplejia y que, después de meses de entrenamiento, se animó a sacarse el carnet de conducir. O de Marta, una chica con espina bífida que tiempo atrás no tenía ganas de nada y ahora tiene energía hasta para montar una academia de refuerzo escolar”. Todos ellos han derribado sus miedos al pasar por B-Swim. Y a Ariel esta experiencia le está llevando cada día más cerca de cumplir la promesa que le hizo a su difunto abuelo. “Él me enseñó a nadar y yo le prometí que competiría en unos Juegos Paralímpicos. ¡No puedo fallarle!”.

 

Texto: Alba Losada
Fotografía: Laia Sabaté