David Cabrera tiene 48 años y mucho sentido del humor. Trabaja como azafato de eventos. Le gusta porque le encanta conocer gente y vestir bien —reconoce que es algo presumido. Todos los días va al gimnasio: un rato de piscina, luego clase de body combat… Los fines de semana sale al cine o a bailar. En la cocina, se las apaña con grandes clásicos del día a día: tortilla, montaditos, macarrones. Una vida normal de una persona cualquiera. Solo que David tiene síndrome de Down y esa es precisamente su guerra: que le traten como a una persona normal.

En los últimos años el panorama para las personas con síndrome de Down ha mejorado considerablemente, “sobre todo en el campo médico y de la enseñanza”, explica Laura Manduley, madre de David. “Ahora hay muchos chicos que tienen carrera; antes era impensable, no había ni colegios para ellos.” Además, su esperanza de vida ha aumentado mucho, actualmente la media supera los 60 años. Y eso es una gran noticia: porque para soñar con un futuro dentro de la normalidad, integrados en la sociedad, estos chicos primero tienen que llegar a ese futuro.

 

 

Para que puedan hacerlo con la mejor calidad de vida, la Down Alzheimer Barcelona Neuroimaging Initiative (DABNI) ha iniciado un estudio en el que participarán 1.000 personas con síndrome de Down, la muestra más grande hecha hasta ahora. El objetivo de la investigación es el diagnóstico precoz y un mayor conocimiento del comportamiento del alzhéimer en personas con Down. Actualmente el 80% de más de 60 años desarrolla esta patología.

Este estudio pionero ha nacido de las sinergias que se han creado entre la Obra Social ”la Caixa” y el hospital de la Santa Creu i Sant Pau. Gracias a él, personas como David podrán cumplir sus sueños de futuro.

A David le encanta viajar. “He estado en Nueva York, Londres, Roma, Dublín, Brasil…, y quiero ir a muchos sitios más. En unos años, también me gustaría trabajar en un hotel como ayudante de sala o de cocina.”

Uno de los sueños de Nil Taher, otro chico con Down de 24 años, es poder trabajar de monitor en escuelas. “Me gustan los niños porque son pequeños y agradables y me hacen reír. Y también quiero seguir jugando a fútbol con mi equipo en Sant Cugat.”

Pequeñas grandes ilusiones para un mañana que cada vez está más cerca.

 

Fotografía: Rita Puig-Serra