Abuso del plástico sin límite, grandes emisiones de CO, enorme desigualdad salarial… La producción empresarial actual es insostenible. Todos lo saben y pocos actúan. Para remediarlo, la Fundación Bancaria ”la Caixa”, bajo la dirección académica de ESADE, ha creado el Observatorio de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que analiza el cumplimiento por parte de las empresas españolas de la Agenda 2030 aprobada en el 2015 por las Naciones Unidas. Y aunque los progresos aún no son impactantes, su director, Àngel Pes, es optimista: las empresas empiezan a entender que cumplir la agenda sostenible les beneficia económicamente, y los avances tecnológicos lo ponen todo a su alcance. El mundo está listo para cambiar.

¿Qué empresas es más urgente que cambien su modelo hacia uno más sostenible, las pymes o las grandes cotizadas?
Todas. Naturalmente, el impacto individual de una multinacional es superior. Pero, en términos agregados, el tejido empresarial está compuesto en un 90 % por pymes. Por tanto, en conjunto suponen una contribución mayor. Es vital que todas conozcan los Objetivos de Desarrollo Sostenible y que vean que, aparte de las cuestiones éticas y de responsabilidad ecológica y social, cumplirlas va en favor de su propio interés.

¿Cómo puede ser de su interés realizar importantes inversiones y cambios radicales en su forma de negocio?
Cambiar les beneficia de tres maneras. Una, mejorando su reputación y credibilidad frente a los clientes. Dos, si lo hacen las primeras, estarán mejor posicionadas que la competencia una vez estas medidas sean obligatorias. Tres, invertir en tecnología mejorará su eficiencia y reducirá su consumo y costes, etc. Y hay una cuarta: la retención de talento. Muchos jóvenes ya no solo buscan un buen sueldo, sino trabajar en una empresa que contribuya positivamente a la sociedad. Así que puedes engañarte al principio, pero no cambiar a medio plazo te llevará al desastre. Solo el progreso sostenible es progreso.

 

 

Ahora acaba de publicarse el segundo informe del Observatorio. Y aunque las cifras mejoran con respecto al primero, solo un 14 % de las empresas cotizadas hacen lo que les pide la Agenda. ¿Por qué tan pocas lo cumplen?
Porque la Agenda aún es muy desconocida, lo que requiere un mayor esfuerzo de comunicación por nuestra parte. Por eso publicamos el informe y por eso difundimos el hecho de que son las empresas más punteras y las que van mejor las que cumplen los ODS, para crear un efecto imitación. Además, cumplir la Agenda sostenible también es difícil porque es transformadora, es decir, exige hacer las cosas de otra manera, y a todo el mundo le cuesta cambiar. Fíjate que, a pesar de que todas las empresas tienen muy claro que si no se digitalizan desaparecerán, su digitalización está siendo muy lenta. ¡Y eso que se trata de su propia supervivencia!

Y además, ni siquiera es una ley de obligado cumplimiento…
Los ODS no son jurídicamente vinculantes, pero tanto desde la Unión Europea como desde España se han publicado leyes y directivas que ya empujan hacia su cumplimiento. Hay una presión desde las regulaciones públicas.

¿En qué hemos avanzado más desde el 2015?
Lo que las empresas tienen más claro e incorporado son las cuestiones relativas al medio ambiente: uso de energías renovables, eficiencia energética, reducción de emisiones… Y la igualdad de género. Aunque no es un proceso que haya finalizado ni mucho menos, es una de las cuestiones más presentes en el ámbito empresarial, que se refleja en la preocupación y las políticas puestas en marcha.

La economía circular está costando más.
Sí. La economía circular es una de las cuestiones más complejas, porque es la que exige más cambios. El concepto de usar y tirar está muy incorporado en nuestra mente y es totalmente contradictorio a lo que necesitamos: que el consumidor vaya a la compra con sus propias bolsas, que el fabricante, en vez de la obsolescencia programada, persiga la mayor vida útil de los aparatos… Hay que cambiar integralmente el concepto de cómo hacer negocio.

Suena a largo camino… ¿Algún dato optimista para seguir con fe?
Es la primera vez en la historia que los 195 estados del mundo se ponen de acuerdo en un programa común con un grado de detalle considerable: 17 objetivos desglosados en 169 metas a cumplir en 15 años y un lema: “No dejar a nadie atrás”. Es decir, es una agenda de trabajo. Y lo mejor: ¡se puede cumplir! Tenemos los recursos tecnológicos, financieros y humanos. Solo nos falta la voluntad de hacerlo.

¿Voluntad política?
Y ciudadana, y empresarial, y de las ONG y de todo el mundo. Porque hay que cambiarlo todo: la manera de producir, de consumir, de transportar (hemos de electrificar todo lo electrificable y conseguir que la producción de energía eléctrica venga de fuentes renovables al 100 %)… Al final, los políticos hacen lo que la gente quiere que hagan. Y si no hay una presión social para que una cosa se haga, no la hacen, eso está claro.

¿Qué es lo más gratificante de tu trabajo?
Cuando en el 2007 empecé a trabajar en temas de sostenibilidad, era algo absolutamente marginal, ¡casi exótico! Estoy muy satisfecho de haber aportado mi pequeño grano de arena para que, aunque aún estemos lejos de ser una tendencia dominante, estemos inmensamente mejor que hace 12 o 13 años.

Imaginemos los mejores pronósticos: llega el 2030 y los periódicos anuncian que hemos cumplido con los ODS. ¿Cómo sería ese nuevo mundo?
Primero, más limpio. La atmósfera, el mar, habría una biodiversidad garantizada… Segundo, la diferencia entre hombres y mujeres se limitaría a las cuestiones puramente biológicas y no sociales, de hábitos o restricciones. Y tercero, un mundo sostenible tendría unas instituciones justas, habría un índice de conflictividad mucho menor, estaríamos más seguros. Viviríamos en un mundo en paz.

 

Entrevista: Ana Portolés
Ilustraciones: Rebeka Elizegi