Acabas de llegar a un sitio totalmente nuevo, en el que no conoces ni al tato. Tan solo chapurreas el idioma. Y no entiendes por completo cómo funciona la vida ahí. Además, no te encuentras del todo bien y resulta que no tienes tarjeta sanitaria o, si la tienes, ya sea por el idioma o por particularidades culturales, puede que el médico no acabe de dar con lo que te ocurre. Así se encuentran muchos migrantes, sobre todo aquellos cuya situación es más precaria, al llegar a nuestro país. Ahora, un grupo de investigadores ha puesto en marcha un proyecto para que la sanidad, en un futuro próximo, no tenga fronteras.

A la cabeza de la iniciativa está la Dra. Ethel Sequeira. Ethel es médico de familia en el CAPSBE Casanova de Barcelona e investigadora principal del proyecto CRIBMI junto con otros investigadores de ISGlobal, centro que cuenta con el apoyo de la Obra Social ”la Caixa”, IDIAPJGol y la Fundació Clínic. De padre y marido indios y dedicada muchos años a la cooperación internacional, esta mujer es la prueba andante de que nuestra sociedad es una coctelera de culturas. Un puzle de historias y viajes. Un ejemplo más que claro de que urge un sistema de salud que responda a las necesidades particulares de una población mundial que circula, fluye y se mezcla. Porque vivimos en un mundo en el que la salud de unos se convierte en el bienestar de todos.

“El jueves pasado en el CAP visité a inmigrantes de nueve países distintos en una sola tarde”, cuenta la doctora. Y precisamente de esta realidad nació el proyecto CRIBMI. “Nos preguntamos si podríamos mejorar la salud (y la vida) de estos pacientes, si nos fijáramos en las patologías sanitarias más frecuentes en sus países de origen y en personas que han tenido que realizar un proceso migratorio”. Y tras meses revisando literatura médica, los investigadores desarrollaron una alerta para el sistema informático de la Atención Primaria que cruza los datos de país de origen, sexo y edad de los pacientes y muestra al médico de familia las pruebas que sería recomendable hacer, advirtiéndole de posibles enfermedades infecciosas, así como del riesgo o no de afecciones en la salud mental o de condiciones como la mutilación genital femenina.

 

 

El programa piloto del estudio se está poniendo en práctica en ocho CAP de Lleida, Barcelona, Manresa y Tortosa. En cuatro, el personal sanitario ha recibido un manual con recomendaciones de cribado en función de los países, además de formación específica en enfermedades infecciosas tropicales (como el mal de Chagas) y en aquellas que tienen mayor presencia en determinados países (como el VIH o la hepatitis B y C). En los otros cuatro centros, aparte de lo anterior, se ha implementado la alerta informática. En dos años se sabrá qué sistema es más eficiente, pero Ethel tiene buenas sensaciones: “Ya hemos detectado mujeres que eran pacientes nuestras y desconocíamos que les habían practicado la mutilación genital femenina”.

“Roto el mito de que el inmigrante hace mal uso del sistema sanitario, era importante ir un poco más allá de la asociación básica de inmigración con infecciones”, apunta Ethel. “Por eso también nos estamos fijando en la mutilación genital y en la salud mental”, aunque reconoce que este último ámbito es el más difícil de abordar. Diagnosticar estrongiloidiasis es relativamente sencillo. Pero no lo es tanto saber si un adolescente tiene conductas adictivas o si alguien de países con alta conflictividad, como Siria o Pakistán, sufre un trastorno del sueño. Hay que preguntar. Hay que comunicarse. Y ahí es donde entra en juego otro factor que este proyecto quiere romper: el miedo.

“Aunque ahora parece ser que en España los inmigrantes irregulares podrán volver a acceder a la sanidad pública, ellos siguen temiendo que al acudir al médico se les denuncie”, cuenta Ethel. “Por eso es esencial contar con personal especialmente sensible a la hora de atender a personas de otras culturas que han pasado por procesos migratorios. Porque, a veces, la dificultad no es tanto saber qué le pasa al paciente, sino cómo abordar la situación como médico.”

La meta final es facilitar la comunicación entre paciente y profesional, aunque a veces ni siquiera hablen el mismo idioma: gracias a la alerta, el médico no tendrá que buscar a ciegas posibles enfermedades y será consciente de que también debe estar atento, por ejemplo, a indicios de malestar psicológico. “La atención primaria es lo que es porque no solo buscamos patologías: también creamos relaciones con nuestros pacientes. Porque en la salud influyen muchas cosas, y establecer vínculos es parte de la cura”.

 

Fotografía: Mònica Figueras