Mandar una paloma mensajera para decirle a tu madre que mañana no irás a casa a cenar sería tan absurdo hoy en día como, si tienes un problema, pedir ayuda con señales de humo. En el siglo XXI internet, los chats y las redes sociales son nuestro código Morse, nuestro teléfono, nuestra carta escrita a mano. Para lo bueno y también para lo malo. Precisamente para que los más jóvenes puedan decir las cosas que más cuestan y recibir apoyo, la Fundación ANAR ha creado un chat con profesionales dispuestos a escuchar y a echarles un cable al otro lado de la pantalla.

Jóvenes (y no tan jóvenes) lo compartimos todo en las redes sociales: canciones, desayunos, fotos de las vacaciones y también estados de ánimo (desde “Por fin es viernes” hasta “No sé qué me pasa, pero estoy triste”). Aunque, sobre todo, nos gusta mostrar que las cosas nos van bien. Expresar el lado oscuro de la vida requiere más valor. Y, a veces, contarlo en Twitter o Facebook es como decirlo a todos y a nadie en particular: nos puede hacer sentir aún más solos. ¿Pero y si al otro lado de la pantalla del móvil hubiera un profesional dispuesto a ayudar?

Conscientes de la relación entre los jóvenes y la tecnología, la Fundación ANAR, con el apoyo de la Fundación Bancaria ”la Caixa” y el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, ha desarrollado un chat que complementa su línea telefónica para que los menores en situación de soledad, riesgo y aislamiento tengan una vía aún más cercana para comunicar sus problemas y pedir consejo.

 

 

El chat ya está funcionando en la web. Es gratuito y tiene un horario de cuatro de la tarde a doce de la noche todos los días de la semana. Detrás, hay un equipo de psicólogos, abogados y trabajadores sociales listos para manejar con empatía cualquier tipo de consulta: violencia, acoso escolar, problemas psicológicos, de alimentación, autolesiones, consultas de sexualidad, etcétera. “El objetivo es que los jóvenes sientan que no están solos”, señala Benjamín Ballesteros, director de Programas de ANAR. Dependiendo de la gravedad de la situación, se puede derivar al menor a un profesional del entorno o activar el protocolo de urgencia.

A finales de 2017, el Chat ANAR será también una app. Según Ballesteros, “contará con una tecnología que borra el texto a partir de la tercera línea de conversación y en el diseño no habrá nada que indique que es un canal de atención a menores en situaciones de riesgo”. Todo, pensado para que el menor no sea descubierto por el agresor.

Las líneas telefónicas o de correo de la fundación seguirán activas como siempre, pero los tiempos cambian y, con ellos, las maneras de comunicarse. “Muchos niños y adolescentes se sienten más cómodos escribiendo aquello que les está afectando sin la necesidad de poner voz a su problema”, explica Ballesteros. “La percepción de seguridad que genera el anonimato y la confidencialidad de la red hace que muchos problemas salgan a la luz”. Cuánta razón tenía la escritora y filósofa María Zambrano cuando decía aquello de que hay cosas que no pueden decirse y, precisamente porque no pueden decirse, se tienen que escribir…

 

Fotografía: Pablo de Pastors