¿Cuántas veces te han dicho que no ibas a poder hacer algo? Por demasiado joven, por demasiado mayor, porque era el peor momento y todo te iría en contra… Ante eso, caben dos opciones: rendirte antes de empezar o empeñarse y perseguir tus sueños. Por ejemplo, no solo recorriendo una montaña cualquiera en bicicleta, ¡sino cruzándose a pedal los mismísimos Alpes! Como acaba de hacer Raquel Castillo, quien, tras superar un linfoma de Hodgkin con afectación pulmonar casi mortal y un autotrasplante de médula, no solo cumplió su reto deportivo más importante, sino que lo usó para recaudar fondos para la investigación contra el cáncer en la sangre en la Fundación Josep Carreras, gracias a la plataforma de crowdfunding migranodearena.org y ”la Caixa”, que acaban de nombrarla, con todos los méritos, “Causa del mes”.

Raquel tiene 39 años, un linfoma de Hodgkin a sus espaldas y la sonrisa de quien no para de cumplir sueños. “A mí el deporte me da la vida. Pero un día, de repente, empecé a no rendir. Me ahogaba y no entendía por qué, hasta que un día escupí sangre y los médicos me diagnosticaron un linfoma de estadio 4, el peor, que me afectaba a los pulmones. ¡Los pulmones! Lo que más necesitaba. A pesar de no beber ni fumar y ser deportista. Fue la peor de las noticias”, recuerda.

Tras un ensayo clínico de un año que no funcionó, una rotura de peroné justo antes de una mudanza forzada y un cólico nefrítico increíblemente inoportuno, empezó otro tratamiento, esta vez convencional. “Me dijeron que si la quimio funcionaba podríamos hacer el autotrasplante de médula, porque mi médula no estaba afectada. ¡Y funcionó! Te sacan sangre, la pasan por una máquina, escogen las células buenas y te las vuelven a meter. El proceso es sencillo, lo complicado fue la recuperación…”, recuerda. Problemas digestivos, irritación en la piel, principio de pancreatitis… “Hubo un momento en que se temió por mi vida, pero, al cabo de un mes, mi cuerpo empezó a mostrar buenas señales. Y allí ya cantamos victoria”.

 

 

Durante todos esos interminables meses de hospital, Raquel apuntaba sus sueños en una libreta. A pesar de que los médicos le aseguraron que sus pulmones estaban llenos de pequeñas cicatrices y que nunca rendiría como antes, ella decidió que, si se curaba, haría la Transalpina en solitario: 510 km en mountain bike, con inicio en la ciudad alemana de Garmisch y con final en el italiano lago de Garda. “Cuando me dijeron que estaba curada fue una sensación agridulce, porque aún estaba pasando el duelo de dos amigos del hospital que no lo habían superado y sentía lástima por los que aún se quedaban allí”, confiesa Raquel. Por eso decidió ponerse en contacto con la Fundación Josep Carreras para ver cómo podía ayudar a la causa. “Nos explicó la aventura de los Alpes que tenía entre manos y le dimos un poco una vuelta para convertirlo en un reto solidario en migranodearena.org”, nos cuenta Clàudia Nogués, gestora de la iniciativa solidaria de la fundación. “La gente suele colaborar cuando ha tenido un amigo o familiar afectado. Pero el hecho de que ella misma hubiera tenido y superado la enfermedad nos enamoró aún más”.

Y así fue cómo, tras muchos entrenamientos, unos cuantos retos previos como la Transpirenaica y ser nombrada embajadora de Ride For Her (asociación sin ánimo de lucro que desarrolla acciones solidarias a través del ciclismo para ayudar a las mujeres con cáncer), Raquel empezó su gran reto. «No sabía si mi cuerpo lo resistiría, por mi capacidad pulmonar y por la altura de los Alpes. Pero cargué la mochila con todos mis sueños, me fui a la montaña y pensé: “No pasa nada. Si no lo consigo, me vuelvo”». Y aunque fue duro, la deportista fue superando los días con éxito. «Lo mejor era la conexión total con la naturaleza y toda la gente que me seguía por redes, que me llamaba valiente y me daba las gracias. Me decían cosas como: “Raquel, estoy ingresado por un trasplante de médula ósea, y cada mañana miro el móvil y estoy esperando tu vídeo diario, lo necesito”. Y yo me acostaba tardísimo para editar vídeos, pero luego recibía esos mensajes por la mañana que me hacían sonreír todo el día y merecía totalmente la pena». ¿Y lo peor qué fue? “Nada. No hay nada más duro que haber superado un cáncer”, responde con total sinceridad.

Los donativos en migranodearena.org empezaron a crecer, también gracias a la labor de difusión de la Fundación Josep Carreras. Raquel estaba imparable. Y ”la Caixa” aportó 500 euros tras nombrarla “Causa del mes”. “Me puse supercontenta. Me sentí recompensada por todo el esfuerzo. Y el hecho de acabar la travesía me demostró que no hay sueños fáciles ni mucho menos imposibles”, recuerda feliz. Por descontado, su causa consiguió recaudar los 2.000 euros que se había propuesto, que “se destinarán a la investigación para la lucha contra la leucemia y el resto de enfermedades oncológicas de la sangre, como los linfomas o mielomas”, nos cuenta Nogués. “Gracias a su sueño podemos seguir investigando”. Así es cómo Raquel ha aportado su grano de arena a una fundación que, en poco más de 30 años, ha conseguido 10.000 trasplantes de médula ósea y 350.000 donantes registrados. Ahora, esta luchadora asegura que su misión más importante es “informar a la gente para que se hagan donantes de médula. No esperemos a que alguien cercano la necesite. Es algo que puedes dar. No es que al donarla te quedes sin, no te quitan un órgano importante. Es una transfusión de sangre y puedes donar tantas veces como quieras”, insiste. “Es uno de los mejores regalos: dar vida”.

Y hablando de vida, ¿por qué será que solo quien ha estado a punto de perderla parece saber vivirla con intensidad? «Yo ahora valoro mucho más el tiempo que el dinero. Invirtamos nuestro tiempo en lo que nosotros creamos que es realmente importante. Imaginemos que mañana no existe y vivamos el presente pensando que quizá mañana no nos levantemos. Yo antes sí hacía muchos planes de futuro, pero he aprendido a hacer los planes para hoy. Muchas veces me acuesto pensando: “Si te murieras ahora, ¿estarías contenta con lo que estás haciendo?”. Y sí. Además, ahora le digo a la gente que quiero que la quiero, y expreso todo lo que siento», explica sin parar de sonreír. “Algunas personas me dicen que pase página, que mi cáncer fue algo malo que ya pasó, pero forma parte de mi vida, me ha hecho la persona que soy. Ahora todos mis sentidos están despiertos y no pienso despistarme nunca más”.

 

Texto: Ana Portolés
Fotografía: Rita Puig-Serra