Investigar es buscar respuestas a preguntas. Preguntas que se traduzcan en mejoras para la sociedad. Y si a día de hoy existe un campo de la investigación científica por el que merece la pena apostar decididamente, ese es el de la biomedicina. Nuestro país es puntero en numerosos estudios que repercutirán en la salud y el bienestar de los ciudadanos de todo el mundo. Por eso en su campaña Con los Imprescindibles, este año la Obra Social ”la Caixa” ha decidido reconocer la gran labor de los profesionales de la investigación médica en España.

Siete grandes nombres de la medicina protagonizan una campaña que busca sensibilizar a la sociedad sobre la importancia de la investigación en la lucha contra las grandes enfermedades de nuestro tiempo. Pero, ¿qué motiva a estos profesionales a seguir adelante día a día con sus investigaciones? ¿Cuáles son sus grandes retos? ¿Y cómo creen que contribuyen con su trabajo a crear un mundo mejor?

“Todo el apoyo a la ciencia redunda en un beneficio para la sociedad”. Así de contundente se muestra al hablar sobre la importancia del mecenazgo científico Bonaventura Clotet —director del Instituto de Investigación del Sida IrsiCaixa, cuyo gran desafío es demostrar que el sida se puede curar. Aunque cree que la sociedad sabe apreciar la labor de los investigadores, puntualiza que le falta ser más consciente del coste que esta tiene realmente. “Para eso sería muy positivo realizar más campañas que aproximen la investigación a la gente.”

La doctora María Blasco —directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas que, a día de hoy, se encuentra entre los diez mejores del mundo dedicados al cáncer— coincide también en destacar la importancia de la conexión entre ciencia y sociedad. “Esta debería ser la primera en reivindicarse como una sociedad del conocimiento, con la investigación como uno de sus pilares más importantes. De ahí vendrán todos los avances que harán que vivamos mejor y que aumente nuestra calidad de vida.”

Josep Baselga, director médico del Hospital Memorial Sloan Kettering Cancer de Nueva York y presidente del Comité Científico Interno del Vall d’Hebron Instituto de Oncología, es optimista. “Se está avanzando mucho, sobre todo en tres áreas: la genómica (saber qué genes son responsables del cáncer en cada persona para poder crear tratamientos a medida), la inmunología (estamos enseñando al sistema inmunológico a reconocer mejor los tumores para que pueda atacar las células tumorales) y la detección precoz (a través del desarrollo de la llamada biopsia líquida).” Al doctor Baselga le gusta interactuar personalmente con los pacientes, defiende que los médicos tienen que ser buenos comunicadores y entre los logros de los que se siente más orgulloso están los anticuerpos monoclonales, que desarrolló en los inicios de su carrera para tratar el cáncer de mama y colon. “En ese momento nadie creía que funcionaría, no nos apoyaron y pudimos hacer el estudio por los pelos, pero no nos rendimos, lo conseguimos y hemos ayudado a un montón de gente. Aprendí una gran lección: la de la perseverancia.”

 

Valentí Fuster —director del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares y del Mount Sinai de Nueva York— pone el énfasis en la curiosidad como virtud fundamental de los investigadores, y en la educación de los jóvenes como garantía de futuro. “De lo que me siento más orgulloso es de haber formado a jóvenes investigadores que serán el futuro de la ciencia en nuestro país”. Según el doctor Fuster, una de las grandes deudas que tenemos en España es la falta de inversión en recursos para descubrir a investigadores con potencial, e insiste en la importancia de que ciencia, educación y salud vayan de la mano en la sociedad.

La curiosidad también es, para Pedro Alonso —fundador de ISGlobal y director del Programa Mundial de Malaria de la OMS—, un rasgo imprescindible para desarrollar una buena labor investigadora. Además, señala que no hay nada más gratificante para un investigador que ver cómo el producto de su trabajo se traduce en vidas salvadas. En su caso, la investigación es también una herramienta de lucha contra la desigualdad, porque “no hay mayor desigualdad que el hecho de que el lugar donde nazcas determine tus probabilidades de vivir”.

El director del Centro de Medicina Fetal del Hospital Clínic-Sant Joan de DéuEduard Gratacós, trabaja en uno de los campos más pioneros de la medicina actual. “Cuando hace 30 años, empezamos a hablar de la posibilidad de operar fetos, muchos pensaron que estábamos locos.” Esa idea de que la ciencia no debe cerrarse puertas, de que debe apuntar siempre a lo más alto para poder avanzar es, en gran medida, lo que motiva investigaciones como la del doctor Gratacós. “Me siento muy orgulloso de haber contribuido a generar conciencia sobre la importancia de investigar las enfermedades prenatales, porque cuando curas a alguien antes de nacer, lo curas para toda la vida. Y no hay nada que te haga más feliz que ayudar a otras personas.”

Finalmente, Maite Mendioroz —directora del Laboratorio de Epigenética-Alzhéimer de Navarrabiomed—, apunta a la frustración como uno de los grandes motores de los avances científicos. “La frustración te anima a seguir adelante porque te lleva a buscar respuestas y a modificar la realidad”. Por eso, cree que los científicos tienen que ser capaces de pensar que todo es posible, sin ponerse frenos ni autocensurarse. “Hay una frase de Bernard Shaw que me gusta mucho: ‘Algunas personas miran al mundo y dicen: ¿por qué? Otras miran al mundo y dicen: ¿por qué no?’.”

 

Texto: María Arranz
Fotografía: Marta Sesé