“Solamente los que arriesgan llegar demasiado lejos son los que descubren hasta dónde pueden llegar”. Esta frase tan inspiradora la pronunció en su día el poeta Thomas Stearns Eliot, y eso fue precisamente lo que hizo Ricard: arriesgar, apostar todo a una sola carta para salvar la vida. Y funcionó. Tras detectarle un cáncer de colon mutado que le dejó con una esperanza de vida de nueve meses, decidió someterse a un tratamiento experimental en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, desarrollado por la Unidad de Investigación de Terapia Molecular del Cáncer – ”la Caixa”. Hoy, no solo los marcadores tumorales han desaparecido, sino que ha aprendido a valorar la vida.

Todo comenzó al poco de cumplir los 50 años: empezó a sentir malestar en la barriga, tenía acidez de estómago y dolor recurrente. Fue al médico de cabecera, que decidió hacerle un chequeo completo, y enseguida detectó un tumor en el colon. Tras someterle a una operación y a una sesión de quimioterapia todo parecía ir bien, pero al cabo de unos meses, volvieron a encontrarle índices tumorales.

 

Hombre que ríe y probetas

 

Sin embargo, Ricard no se desanimó. Volvió a someterse a una operación y esperaron unas semanas para ver cómo reaccionaba su cuerpo. Pero no respondió como esperaban. Al comprobar los resultados de los análisis, el médico fue muy sincero: le dijo que los pronósticos eran pesimistas: tenía un cáncer de colon BRAF mutado, uno de los más agresivos y con una respuesta más pobre a los tratamientos probados. Le dieron una esperanza de vida de nueve meses.

Ricard se encontró ante dos puertas, que le llevarían a dos destinos opuestos. La primera, a aceptar las previsiones de su médico. Y la otra, a sumarse a un estudio del Instituto de Oncología (VHIO) que iba a ponerse en marcha en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, en una unidad dedicada al cáncer de colon que está en la vanguardia mundial. La doctora Elena Élez, que forma parte del equipo dirigido por el doctor Tabernero, le propuso una terapia experimental que cambiaba el paradigma del tratamiento del cáncer. Ricard respiró hondo, puso la mano en el picaporte y abrió esa segunda puerta.

El trabajo realizado hasta entonces en la Unidad de Investigación de Terapia Molecular del Cáncer (UITM) – Fundación ”la Caixa” señalaba que la mejor manera de tratar esta enfermedad era realizar un estudio genético y, a partir de los resultados, combinar tres medicamentos distintos. En aquel momento, solo era una teoría razonable. Seis años más tarde, los estudios más prestigiosos confirman la buena respuesta del tratamiento y parece que pronto se aplicará en todos los enfermos con este tipo de patología.

Debido al tratamiento, Ricard ha pasado muchas horas con el personal del Hospital Vall d’Hebron, y solo tiene palabras de agradecimiento, especialmente para las enfermeras, que han estado siempre a su lado, incluso en los momentos más duros.

De hecho, tras esta experiencia, ha aprendido a valorar la vida y es consciente de la suerte que tuvo al poder acceder a esta solución cuando todavía se encontraba en una fase inicial. Hoy los marcadores tumorales han desaparecido de sus análisis y solo tiene que seguirse medicando como si se tratara de una enfermedad crónica. Y, aunque tiene algún efecto secundario, hace vida normal. Uno de ellos es que se le irrita la piel con facilidad, pero él bromea diciendo que tiene más cremas que sus hermanas y sobrinas.

Después de haber trabajado como escaparatista para grandes empresas, ahora es freelance y disfruta mucho de su oficio. Aunque, eso sí, actualmente su mayor ilusión es poder jubilarse, y pasar unos años disfrutando de la familia, de los amigos y de aquellas cosas que, al final, hacen que la vida valga la pena.

 

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