Con unas gafas de realidad virtual puedes viajar en el tiempo, subir al punto más alto del Muro que protege los Siete Reinos de Juego de tronos o competir en las carreras de coches de Mario Kart. Pero, ¿sabías que las gafas de realidad virtual también pueden ser terapéuticas? Bajo el título El mundo de las emociones, la Associació de Famílies amb Discapacitat Intel·lectual de la Comarca del Montsià (APASA) y la Fundación INTRAS han creado un programa de realidad virtual que permitirá a pacientes en cuidados paliativos viajar desde sus camas hasta parajes naturales que les transmitan calma y sosiego, como playas remotas o montañas frondosas. Se trata de uno de los 10 proyectos que recibieron en el 2018 los Premios ”la Caixa” a la Innovación Social.

“Si un paciente en cuidados paliativos quiere pasear por la montaña, ¿cómo lo hace? No puede. Sabemos que estas gafas no le curarán, pero al menos harán que pueda disfrutar más de su presente”, cuenta María José Cid, doctora en Psicología, directora de la residencia y del centro de día de APASA y presidenta también de la Asociación Española Snoezelen. A partir de esta metodología, que consiste en proporcionar a las personas estímulos sensoriales que les faciliten una sensación de bienestar, el equipo de investigación de la Fundación INTRAS ha creado entornos de realidad virtual a partir de imágenes, texturas y sonidos pensados para relajar a los pacientes.

 

 

Pero además de transportarles a paisajes llenos de calma, en el visor de realidad virtual se podrán ver vídeos personalizados de los lugares que los pacientes más echan de menos, como las calles del pueblo donde jugaban de pequeños a balón prisionero o momentos que se han perdido estando en el hospital, como los últimos cumpleaños de sus nietas. No estarán allí mientras soplan las velas de la tarta, pero el sentirse parte de este tipo de experiencias puede ayudarles a olvidar por unos instantes su situación. “Al trasladarles mentalmente a un momento de bienestar, sus niveles de serotonina aumentarán y los niveles de estrés físico y emocional bajarán, con lo que seguramente tendrán más ganas de sonreír, comunicarse y conectar con el mundo, en lugar de estar únicamente pendientes de su estado de salud”, cuenta María José.

Los pacientes también podrán compartir los distintos universos virtuales con las personas de su círculo cercano que les acompañen en este camino, y eso hará que no solo haya dolor y tristeza en las palabras que intercambian. También podrán comentar, por ejemplo, ese vídeo en el que salen bañándose juntos en una noche de San Juan. “Para el familiar es mucho más gratificante poder acompañar a su ser querido hasta el último día recordando con una sonrisa esos momentos tan bonitos que han compartido a lo largo de los años”, añade la psicóloga.

Ahora, las gafas están en fase de producción y este año las probarán 20 pacientes de los hospitales de la Santa Creu (Tortosa) y Los Montalvos (Salamanca). Si los resultados confirman las expectativas y la financiación acompaña, la idea es llevar este proyecto de I+D a muchos otros hospitales. Según María José, “la sonrisa de un paciente también es un termómetro de su calidad de vida. Por eso creo que deberíamos cuidar más la parte humana en las unidades de cuidados paliativos. Lo más importante es hacer que los pacientes sigan sintiéndose personas”.

 

Texto: Alba Losada