El proyecto ‘Reciclar para cambiar vidas’, impulsado por el programa Incorpora de la Fundación ”la Caixa” en alianza con Ecoembes, hizo que las vidas de Roberto Albaida e Isabel Vela se cruzaran. Él es técnico de Incorpora en la Federación Liberación Sevilla, que trabaja para ayudar a personas en situación de vulnerabilidad. Ella, una vecina de Los Palacios y Villafranca (Sevilla) que, después de una década trabajando para una empresa de limpieza, se quedó sin empleo. Tras más de un año en el paro, empezó a caer en una depresión hasta que un día dijo “basta”. 

Isabel muda la piel y se enfunda en la ropa de trabajo. Trabaja en turno de fin de semana en la planta de reciclado de envases Aborgase, en la provincia de Sevilla, y derrocha tal entusiasmo en su tarea que transforma la rutina en satisfacción, igual que el plástico busca una segunda vida pasando por sus manos. “Me encanta este trabajo, y más si sé que está contribuyendo a mejorar el planeta”. 

Pero hace poco más de un año todo lo veía muy negro. Quedarme en paro fue un golpe muy duro porque pasé de mucha actividad, lo mismo limpiaba un bar que una oficina, a verme de repente sin nada que hacer”, cuenta. Los días se le pasaban con infructuosas visitas a la oficina de empleo para ver si le salía algo. “Me decían ‘tranquila, si te queda prestación’, pero yo quería un trabajo”, confiesa. 

 

Isabel Vela, contratada por Incorpora y Ecoembes

 

Fue a través de unos conocidos en su pueblo, cuando ya llevaba más de un año en el paro, como se enteró de los cursos que ofrecía la Federación Liberación Sevilla a través del programa Incorpora y Ecoembes. “Yo no me lo pensé y solo crucé los dedos para que me admitieran”; recuerda del curso que fue “toda una experiencia” y le brindó “amigos, formación y una segunda oportunidad”. 

Fue intenso: “Me enseñaron a buscar un empleo, a presentarme para una entrevista… ¡cuando yo no sabía ni lo que era la nube en internet! ¡Hasta me saqué el carné de carretillera! Pero sobre todo me dieron mucha confianza en mí misma”. Después de mes y medio de curso, le tocaron las prácticas en una planta de reciclado de envases. “Tras las prácticas me dijeron que tenía que esperar. Y el día de mi cumpleaños, el 20 de junio, me dieron un regalo: me llamó el encargado para ofrecerme un contrato para julio y agosto. Cuando se me acabó, empalmé con una substitución por una baja maternal, luego por la lactancia… y hasta hoy”, explica.

Con 41 años, sueña con ser fija en la plantilla e ir avanzando en su especialización. Ocupa un puesto de triaje, separando los envases que se depositan en el contenedor amarillo en función del material del que están hechos. “Son muchos residuos los que llegan a la planta, ya que la gente cada vez está más concienciada con el reciclaje y gracias a ello mi labor puede llevarse a cabo”. Lo dice mientras se deshace en elogios hacia Roberto: “Hoy por hoy me sigue llamando y está pendiente de cómo va todo”.

De hecho, él lo corrobora y habla satisfecho de ella. “Teníamos tres cursos disponibles cuando se presentó: reponedor, cajero y auxiliar de reciclaje, y ella encajó en este último. Completó el curso y las prácticas, pero luego fueron sus habilidades y ganas de trabajar las que hicieron el resto, y por eso no han dejado de llamarla de la empresa”. 

En este sentido, explica que gracias a Incorpora ofrecen “formación para distintos trabajos, pero también técnicas para la búsqueda de empleo, habilidades sociales…”. Cree que “es un programa que puede ayudar a salir de una situación de vulnerabilidad encontrando un trabajo, pero va más allá, porque el empleo nos define en la sociedad en que vivimos”. 

En su opinión, la llamada economía verde puede ser una fuente de posibilidades, y está resistiendo mejor la crisis. “Porque la hostelería, otro de los principales sectores productivos en Sevilla, está atravesando un momento muy duro”, lamenta. Él ve desde la primera línea cómo la pandemia ha hecho mella: “El perfil de la gente que nos llega es el mismo, pero el número se ha disparado. Viene mucha gente que antes tenía una ocupación, a lo mejor en la venta ambulante, y ahora se ha quedado que no le llega ni para comer”, expone. 

Estar en contacto con realidades complicadas “es duro, claro, pero luego te llega una llamada como la de Isabel, que te cuenta que la han renovado, y lo agradecida que está a este proyecto, y no se te quita la sonrisa en toda la semana”. Precisamente, en una semana empiezan otro curso de auxiliar de reciclaje y, con ello, una oportunidad para otro grupo de personas que, como Isabel, no se quieren rendir ante las adversidades.

 

Texto: María Sánchez-Campa