Arancha y Rocío hablan de su madre, Arancha, con una sonrisa que la mantiene viva, y les gusta recordar las bromas que hacían juntas. Eso sí, no ocultan las lágrimas cuando recuerdan los momentos difíciles que empezaron con el diagnóstico de un tumor cerebral. En esos momentos, el apoyo de su padre resultó fundamental, como también lo fue el de Olga, la psicóloga del Equipo de Atención Psicosocial del Hospital de San Rafael, del Programa para la Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas de ”la Caixa” que las atendió. 

La madre de Arancha y Rocío descubrió que algo no iba bien durante una visita a la familia en Bilbao, pero no quiso decir nada para no preocupar innecesariamente. Poco después se confirmó el diagnóstico y empezó un proceso largo, complejo y doloroso que incluyó siete intervenciones quirúrgicas y tratamientos de quimioterapia y radioterapia.

La primera intervención debía ser sencilla, porque era solo una biopsia, pero Arancha perdió la movilidad del lado izquierdo y tuvo que enfrentarse a todos los obstáculos que suponía aquella limitación: tenía que moverse en silla de ruedas, vivir en un piso adaptado, depender de los cuidados de los demás… “Todo va sobre ruedas”, bromeaba ella.

Durante ese proceso las dos hijas no solo cuidaron de su madre, sino que también aprendieron a cuidarse la una a la otra. A pesar de la situación en la que se encontraba su madre, recuerdan con orgullo que nunca dejó de preocuparse por ellas: insistió en que ambas siguieran trabajando, siempre quitó hierro a la situación y las guió en todo lo que pudo. También les emociona recordar la cantidad de amigos y familiares que las ayudaron, y señalan el gran apoyo que fue su padre.

 

El apoyo psicológico es fundamental cuando una persona se encuentra transitando una enfermedad avanzada

 

Aunque sus padres se habían separado años atrás, las hijas eran conscientes de que, ante una situación como esta, era importante poner en perspectiva sus diferencias y reconciliarse con el pasado. Así, ambos pudieron despedirse sin rencillas y las dos hijas pudieron apoyarse en su padre en una situación tan difícil como la que estaban viviendo.

En los últimos momentos, no solo fue esencial la ayuda de su padre, sino también la de Olga, la psicóloga que las atendió gracias al Programa para la Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas de ”la Caixa”. Su acompañamiento les permitió encontrar el sosiego necesario para tomar decisiones para las que no estaban preparadas y también la entereza para despedirse de su madre.

Aunque su condición apenas le permitía una vida digna, Arancha luchó hasta el final y pudo despedirse de sus seres queridos. Las dos hermanas hasta se las ingeniaron para colar en el hospital al gato, Choclo, que no maulló mientras estuvo allí. Estos detalles recuerdan a Arancha y Rocío que su madre siempre fue una mujer divertida, vital y muy querida.

Al despedirse de sus hijas, les dio las gracias por cómo la habían cuidado. “Gracias por hacerme la mujer más feliz del mundo”, les dijo. Y hoy estas palabras todavía reconfortan a las dos hermanas, que no solo tienen el recuerdo de su madre muy presente, sino que siguen cuidando la una de la otra, como ella hubiera querido.

 

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