Con la idea de que no hay mejor cimiento para la reconstrucción de un país que una población bien formada, la Global Platform For Syrian Students trabaja desde Portugal para dar formación a universitarios procedentes de Siria. La contribución de ”la Caixa” va a permitir a 50 nuevos estudiantes incorporarse al sistema universitario portugués, que se sumarán a los que desde el 2014 han abandonado el infierno sirio y han podido completar sus estudios gracias a esta iniciativa.

La idea de la Global Platform For Syrian Students nació en el 2013 bajo el impulso del anterior presidente de Portugal, Jorge Sampaio, cuando era alto representante de la ONU para la Alianza de Civilizaciones. La secretaria general de la organización, Helena Barroco, considera que se trata de una “prioridad estratégica” para el futuro del país, demasiadas veces ignorada porque la atención de la ayuda en formación se suele centrar en la educación infantil.

Los primeros 45 estudiantes sirios llegaron en marzo del 2014 y “a partir de entonces empezamos a buscar nuevos socios para la financiación y la ampliación de nuestro consorcio académico”, nos cuenta su secretaria general. El programa se asienta en tres pilares fundamentales: la red de socios, el consorcio académico y un fondo de emergencia para financiar las becas.

 

 

Gracias a la constante ampliación de socios, el número de estudiantes sirios acogidos ha crecido significativamente y, en este sentido, Helena Barroco destaca el papel de la fundación: “Nuestra relación con ”la Caixa” nació el año pasado y se ha convertido muy rápidamente en un socio importante, ya que gracias a su aportación 50 alumnos podrán seguir con su formación en los próximos dos años.”

La selección de los alumnos se basa en primer lugar en criterios académicos, claro, pero Helena destaca otros: “aplicamos lo que llamamos el criterio cívico: para evaluar en qué medida esos estudiantes van a devolver a la sociedad los conocimientos adquiridos, nos fijamos en si estaban involucrados en actividades comunitarias en su país.” Otro criterio que adopta la organización es el del riesgo que corrían esos estudiantes en Siria, según la zona en la que vivían o su situación personal. Finalmente, frente a perfiles similares, “hemos tratado de dar prioridad a las chicas, teniendo en cuenta que su situación es más complicada debido a los matrimonios forzosos, por ejemplo, y en general a lo delicado de la condición femenina.”

Los estudiantes repartidos por todas las universidades y politécnicas portuguesas (para este curso, está previsto que algunos se incorporen a universidades españolas) reciben una ayuda valorada en 7.100 euros anuales para cubrir los gastos de matrícula (si es necesario) y alojamiento, y disponer de entre 300 y 350 euros mensuales para dietas.

En cuanto a su adaptación, Helena Barroco considera que ha sido “excelente” y que en general su caso no difiere mucho del de los estudiantes Erasmus, aunque con algunos matices importantes. “Estos alumnos son conscientes de la oportunidad que se les brinda y se lo toman muy en serio. Pero también son más vulnerables psicológicamente, porque sus familias en Siria corren un peligro constante, así que hay que prestarles una atención más cercana.”

El idioma tampoco es un escollo insalvable, ya que a partir de los estudios de segundo ciclo se utiliza indistintamente el inglés y el portugués. “En cambio, los estudios de primer ciclo se dan únicamente en portugués, pero eso es fácil de compensar con un poco de buena voluntad y flexibilidad. ¡Un alumno me dijo que Google Translator se había convertido en su mejor amigo!”, se ríe Helena.

Si hablamos de intercambio cultural entre lusos y sirios, la responsable de la plataforma considera que “todo el mundo sale ganando”. Si por una parte, las ventajas para los estudiantes son obvias, ellos también tienen mucho que aportar a la sociedad portuguesa y nos da un ejemplo. “Con la necesidad de reconstruir la vieja Alepo, la Universidad ha incorporado una línea de investigación referida a la reconstrucción de viviendas sociales en zonas en guerra, de la que antes carecía.” Luego está el aspecto cultural y gastronómico, siempre muy dado al enriquecimiento mutuo. De hecho, un estudiante sirio ha abierto un restaurante sirio en Lisboa junto a compañeros portugueses y su éxito ha sido rotundo.

71 estudiantes ya han acabado sus estudios y están trabajando en su sector, pero mientras siga el conflicto en Siria, no pueden volver a su país. “Nuestra idea es que vuelvan a Siria cuando acabe el conflicto, pero no sabemos cuánto durará. Además, son gente libre, quién sabe hacia dónde los llevará la vida: ¡uno de estos estudiantes se va a casar con una chica portuguesa!”

En la era digital y de la movilidad, hay que ser conscientes de que se pueden ir, volver, irse otra vez y sobre todo de que, como dice Helena Barroco, “hay muchas maneras de ayudar a tu país: puedes perfectamente contribuir a su reconstrucción desde fuera.”

Texto: Raul M. Torres
Ilustración: Joan Alturo