“Tu libertad termina donde empieza la del otro”, dicen por ahí. Pero, ¿qué es la libertad? Pregunta a quien tengas a mano y, probablemente, se pierda en abstracciones. No es fácil reconocer lo que siempre has tenido. Las personas privadas de libertad, en cambio, seguramente lo tienen más claro. Para ellos, lo primero para recuperarla es salir del centro penitenciario. Obvio. Pero lo segundo, igual o más básico, es sentir que forman parte de la vida social: recuperar la autoestima, rodearse de gente que les apoya y encontrar un trabajo. Desarrollo personal, relaciones humanas y empleo son precisamente los tres pilares de Reincorpora de ”la Caixa”, un programa que busca que los internos puedan, al cumplir su condena, construir un futuro mejor no solo para ellos, sino para todos.

Para reinsertarse en la sociedad y disfrutar plenamente de la libertad, tener un trabajo es fundamental. Y para encontrar empleo, saber escuchar, estar dispuesto a trabajar en equipo y a respetar a los demás es tan importante —o más— como saber inglés o manejarte en las redes sociales. Nadie querría en su empresa a alguien capaz de recitar a Shakespeare de memoria, pero que no supiera tratar con sus compañeros…

 

 

Por eso, las iniciativas en las que participan las personas privadas de libertad que forman parte de Reincorpora van más allá del mundo profesional. Así, además de formarse, recibir el asesoramiento de los técnicos de inserción laboral y realizar prácticas en empresas, en un curso de vela los internos se dan cuenta de que para conquistar el mar primero hay que saber trabajar en equipo, y escribiendo poesía o pintando un mural en grupo, que la creatividad también es algo esencial en nuestras vidas. En los talleres de educación financiera, en cambio, aprenden que saber gestionar los ingresos es tan importante como tenerlos.

Además, los internos también realizan servicios a la comunidad. Se trata de actividades en las que se encuentran frente a frente con el mundo, y en las que son ellos los que tienen que ayudar a los demás: desde hacer manualidades para financiar terapias y tratamientos para niños autistas hasta organizar un cursillo de cocina para personas con síndrome de Down.

Por encima de todo, a través de estos servicios a la comunidad los internos aprenden algo que no cabe en una pizarra, algo que solo se puede aprender relacionándote con el mundo. Aprenden que, en una sociedad, la libertad —o, lo que es lo mismo, la integración— empieza por respetar la libertad del otro. Como decía Nelson Mandela, quien pasó 27 años en una celda, “ser libre no es solamente desamarrarse de las propias cadenas, sino vivir en una forma que respete y mejore la libertad de los demás”.