En los años 80, el historiador Pierre Nora acuña el término “lugar de memoria” y crea una nueva forma de escribir la historia. El orden cronológico desaparece para dejar paso a los objetos, hombres, hechos y lugares del presente. En realidad, seguro que Nora estaría de acuerdo en que un relato es un gran lugar de memoria, ya que recoge las vivencias de una época en un simple pedazo de papel. El Concurso de Relatos escritos por personas mayores, organizado por la Obra Social ”la Caixa” y Radio Nacional de España (RNE), cumple nada más y nada menos que 10 años convirtiendo experiencias en parte de nuestra memoria colectiva.

A Andrew Stanton le debemos las emociones generadas en pelis como Toy Story, Buscando a Nemo o WALL-E. El cineasta afirma que la primera lección que aprendió de las historias es que debemos crearlas con lo que sabemos, “capturar una verdad de nuestra experiencia y expresar los valores que uno siente en la fibra íntima”. Y cuanto más mayor se hace uno, más verdades tiene para capturar y conseguir que su relato llegue.

Las personas mayores nos lo demuestran año tras año en el Concurso de Relatos escritos por personas mayores, que este año tiene como lema “Si tienes una vivencia tienes una historia”. Dejándonos leer parte de lo que han aprendido de la vida no solo nos hacen sentir más cerca de ellos, sino que también ellos se sienten más capaces de removernos por dentro, tal como explica Ignacio Elguero, director de programas de RNE y jurado del concurso, que dice haber observado en muchos de los participantes el talento de “emocionar sin fuegos artificiales”.

 

 

Elguero coincide con Stanton en que todo relato parte de una experiencia, pero apunta que no todos los relatos que se presentan al concurso tienen que estar basados necesariamente en una historia propia o en las pulsiones del paso del tiempo. Lola Sanabria, ganadora de la edición del año 2013 con su relato El Viaje, añade que a ella cuando escribe le parece más interesante plasmar “lo que se fragua en la sociedad”.

El concurso no es solo una exhibición de talento, sino también un método de aprendizaje, tanto para los participantes como para los miembros del jurado y lectores en general. Y es que, como Elguero explica, nos enseña a borrar tópicos, como que las posibles dificultades de acceso a la educación en su juventud podrían comportar una baja calidad literaria. Muy al contrario, asegura que el nivel es increíble, y relaciona este hecho con la asistencia de muchos de los participantes a los talleres de escritura para personas mayores que se ofrecen en los EspacioCaixa.

Aunque a algunos la pasión por la pluma les viene de lejos. Aurora del Amo, ganadora de la edición del 2017 con Blanco, empezó a jugar con las palabras a los 10 años, “animada por una maestra del colegio, que elogió mi ejercicio de redacción”. El recuerdo de una profesora fue también la chispa que motivó a Lola, aunque su carrera literaria arrancó hace 18 años, un tiempo que le ha servido para definirse como escritora y encontrar en la redacción su propio “espacio de libertad”.

El concurso muestra a los mayores hasta dónde pueden llegar sus palabras. Según Elguero, ven que “lo que hacen sirve, se ve, se lee y se puede incluso escuchar”, ya que uno de los premios es la emisión en formato radiofónico del relato ganador. Este reconocimiento les anima también a seguir. A día de hoy, Aurora continúa con una serie de relatos sobre su infancia divididos por colores —después de Blanco llegan Verde y Rojo—, y Lola sigue en activo en el blog que le hizo iniciarse en el relato corto. Los escritos de estas autoras y demás participantes del concurso forman ya parte de los lugares de memoria que dibujan nuestra historia. Una historia que consigue tocarnos esa “fibra íntima” de la que hablaba Stanton y, como le pasa a Elguero, emocionarnos al verlos emocionados mientras recogen el premio o ven que su esfuerzo ha valido, como mínimo, para que otras personas puedan aprender en una lectura lo aprendido en una vida.

 

Ilustración: Ana Galvañ