“La catástrofe, como muerte biológica que es, lleva implícito el resurgir de una nueva oportunidad. A veces, extraordinariamente radiante. Incluso hasta llegar a su antítesis.” Son palabras del naturalista y escritor Joaquín Araújo. Y lo que él aplica a los desastres naturales se puede aplicar a cualquier obstáculo. La naturaleza quita y pone de un plumazo. Se transforma. Renace constantemente. Y los seres humanos también contamos con algo que nos permite reinventarnos y salir adelante, incluso con más esplendor, ante cualquier crisis. Se llama resiliencia. Y hoy, en el Día Mundial contra el Cáncer, vamos a hablar de ella.

El psiquiatra Luis Rojas Marcos dice que “el sufrimiento en sí no ayuda. Las personas nos recuperamos y volvemos a tener ilusiones en nuestra vida pese al sufrimiento, y no a causa del mismo”. Sufrir no nos hace más fuertes. Es más, ojalá no tuviésemos que pasar nunca por momentos difíciles. Aun así, a veces, sencillamente ocurren sin posibilidad de elección. Lo que sí podemos elegir es cómo nos enfrentamos a ellos: y el abanico de posibilidades no solo es enorme, sino que está al alcance de todo el mundo.

La resiliencia, esa fuerza que nos permite plantar cara a las adversidades, es algo que se entrena, que se construye poco a poco. Se trata, por ejemplo, de rodearse de buenos amigos. De tener alguien con quien hablar aun cuando no tienes ganas de hablar con nadie. O de no perder de vista las cosas que te gustan. Cada uno tiene sus mecanismos.

El de Natacha López, corredora a la que en el 2015 le diagnosticaron un cáncer de mama, fue seguir corriendo. Pasó por una mastectomía, pero eso no la frenó de cumplir su sueño en el 2017: correr 12 maratones. Sandra Ibarra, en cambio, estaba empezando una prometedora carrera de modelo cuando le diagnosticaron leucemia. Se recuperó, rehízo su vida y, siete años después, le diagnosticaron cáncer de nuevo. ¿Se desmoronó? ¡Qué va! Volvió a superarlo y, ahora, ha creado una fundación que lleva su nombre y desde la que busca reunir todas las historias de los que, como ella, superaron la enfermedad.

Una cosa está clara: incluso de las peores experiencias podemos sacar algo positivo. “Pensareis que a mí se me ha ido la olla”, escribe Natalia González en su testimonio para la Asociación española de adolescentes y jóvenes adultos con cáncer. “Pues lo siento, pero no. Detrás del cáncer hay magia. Hay magia en ser capaz de levantarse cada día, en ese primer milímetro de pelopincho que te sale y a poco más te hace llorar de la alegría. En esa familia y esos amigos que están ahí, apoyándonos […]. Hacer que se pregunten por qué sigues sonriendo, esa es la auténtica grandeza”.