“Las cosas bonitas hay que contarlas. Y en IFEMA pasaron muchas cosas bonitas”. Ese es el motor que ha empujado a Ana Ruiz, enfermera del SUMMA 112 de Madrid, a plasmar lo que vivió en el hospital de campaña que se montó durante la primera ola de la pandemia de la COVID-19 en España. Empezando por la creación de la biblioteca Resistiré: una idea que surgió de su pasión por la lectura y la necesidad de dar un acompañamiento a todos esos pacientes a los que no podía dedicar más que unos minutos para suministrar medicación o poner oxígeno. Libros que salvan vidas es el título bajo el que Ana, valdepeñera e hija adoptiva de Madrid, ha recogido los momentos más humanos y solidarios que se vivieron en IFEMA, y que le ha valido el Premio Feel Good 2020, que otorgan conjuntamente la Fundación ”la Caixa” y Plataforma Editorial. Una pequeña joya que estará disponible en las librerías el próximo 11 de noviembre.  

Historias que levantan el ánimo es el espíritu del Premio Feel Good. Y a pesar de los momentos duros que Ana vivió en IFEMA durante los meses de marzo y abril, lo de historias que levantan el ánimo le va como anillo al dedo. “Soy una persona positiva por naturaleza, así que siempre saco algo bueno de lo que ocurre a mi alrededor”. Aunque lo que ocurría a su alrededor el 22 de marzo no era precisamente agradable. “Recuerdo que montaron el hospital de campaña en un tiempo récord. Yo entré el 24, y ese mismo día me di cuenta de que ahí se iban a necesitar libros”. 

 

Ilustración de Ana Ruiz, ganadora premio literario Feel Good

 

Ana dice que la lectura, para ella, es una forma de viajar a lugares a los que de otra forma no llegaría, que lee hasta lo que no le gusta, porque de toda lectura saca algo positivo. Y pensó que tener libros cerca podría levantar el ánimo de los pacientes que iban llegando en tropel. “Los primeros días de trabajo en IFEMA los pasé en el módulo 5. Éramos dos enfermeras y un celador en el turno de noche para 63 pacientes. A algunos los dejaba llorando, solos, porque no nos daba la vida para sentarnos un momento junto a ellos y hacerles compañía. Por eso pensé enseguida en los libros, que tanto me acompañan a mí”.

Así que dicho y hecho. Ana juntó a sus compañeras del club de lectura para recopilar ejemplares, mientras sus superiores daban el visto bueno a la iniciativa de montar una biblioteca en mitad del hospital de campaña. “En tres días nos llegaron más de 3.000 libros. También preparamos pasatiempos y bolígrafos para poder entretener a los pacientes más leves”. 

El día 30 de marzo la biblioteca Resistiré quedó oficialmente inaugurada. Y a partir de ese día, un torrente de donaciones desbordó IFEMA. “Nos llegaban libros desde las editoriales, desde Bibliometro, de personas anónimas que los compraban por internet y los mandaban a mi nombre a IFEMA… fue brutal”. E incluso se sumaron nombres de letras: autores como José María Casas Santero, Curro Cañete, Sonsoles Ónega o José Luis Molinero también mandaron ejemplares. 

Fue entonces, con esa ola de solidaridad, que Ana empezó a trabajar más aligerada. “No hay nada mejor en este mundo que sentir que un paciente se siente cuidado, arropado. Sentían el calor humano que aportábamos a nuestro trabajo. Y montarles la biblioteca fue uno de los gestos que más humanizó los pabellones de IFEMA”.

Esa humanización se coló hasta en los caracteres más hoscos. “Tuve un paciente al que no había forma de entrarle. No quería saber nada de nadie, estaba enfadado con el mundo. Así que una noche, echando una mano a un compañero técnico que no tenía ni tiempo de llevar a varios pacientes al baño, me lo llevé yo al servicio. Y pasamos por delante de la biblioteca. La habíamos puesto de forma estratégica para que estuviera en un lugar de paso. Intenté entablar conversación, y nada. Seguía enfurruñado, así que cuando pasamos por delante de los libros, de vuelta a su cama, le expliqué la iniciativa. Pero me dijo que no quería leer. Yo insistí. Le ofrecí El Principito, que es fácil de leer y no es largo. Le dije que era como una medicina, que lo intentara. Fue leer ese libro y empezar a hablar con el paciente de al lado. De repente, se quitó la soledad de encima y cambió mucho de actitud. Incluso terminamos riéndonos juntos”. 

Historias así, que las tiene a puñados, las ha dejado escritas en “Libros que salvan vidas”.  “La cultura sana, porque da una compañía que en momentos de soledad ayuda mucho. Así que mi intención con este libro es compartir todo lo bueno que ha pasado, seguir ayudando, repartiendo historias positivas”. 

De todas estas experiencias escritas, de las cuales confiesa que nunca pensó que llegarían a salir de su ordenador, Ana se queda con los deberes que algunos le pusieron durante su estancia en IFEMA. “Hubo muchos pacientes que me recomendaron libros a mí. Y he intentado leerlos todos. Un libro es un regalo, y disfrutar de todas las recomendaciones que me hicieron es el mayor gesto de respeto que puedo tener hacia esas personas”.

 

Texto: Itziar Lecea
Ilustración: Alexis Bukowski