Esta no es una guerra de grandes explosiones, sino de pequeñas luchas cotidianas, casi silenciosas. Sus soldados no van de camuflaje, sino de blanco. Hay armas, pero ninguna hace daño. Sin embargo, como todas las guerras, también deja cicatrices. Es también una lucha contra un enemigo muy real pero al que nadie sabe ponerle cara. Sus héroes y heroínas no admitirían nunca serlo, aunque ciertamente lo son. Esta semana recorremos la muestra “Corresponsales de guerra en el cáncer de mama”, unas fotografías que hacen honor a todas aquellas valientes que no salen en los periódicos.

El fotógrafo Manu Brabo lleva años viajando por todo el mundo como corresponsal de guerra. Ganador de un Pulitzer en el 2013, por su objetivo han pasado los enfrentamientos entre los rebeldes sirios y el ejército libio, los refugiados de la ciudad siria de Azaz o los miembros del Partido de los Trabajadores del Kurdistán. Sin embargo, esta vez él y su cámara se enfrentaban a un reto diferente: retratar la intimidad del cáncer de mama, contar las historias de todos los que luchan a diario para erradicar una enfermedad que afecta a una de cada ocho mujeres.

El resultado de todos estos meses de trabajo, “Corresponsales de guerra en el cáncer de mama”, ha quedado plasmado en un libro digital, un documental y, hasta el 24 de septiembre, una exposición en CaixaForum Madrid. Creado para celebrar los 10 años de colaboración entre Samsung y la Federación Española de Cáncer de Mama, el proyecto es, además, un gesto de lucha en sí mismo: gracias al documental se han recaudado 100.000 € que irán directos a la investigación contra el cáncer.

“Poner la cámara delante de un padre, de una madre, de una esposa o de un hermano que sufre infinito… es el paso duro, es ponerte en su lugar. […] La empatía te va a coger las tripas, te las va a retorcer”, cuenta Manu. Son fotografías duras, porque miran la enfermedad a los ojos. Vemos a Patricia, operada hace poco, tatuándose un nuevo pezón antes de la última cirugía de reconstrucción. Vemos a un equipo de médicos practicando una mastectomía. Vemos a Piedad, diagnosticada hace casi 10 años, a punto de quedarse dormida mientras recibe quimioterapia. Son fotografías duras, sí, pero porque son honestas.

Aun así, si el proyecto no dejara lugar a la alegría, estaría contando una media verdad. Porque, hasta el último minuto, la vida sigue. Para demostrarlo tenemos el retrato de Lourdes, diagnosticada desde hacía poco tiempo, disfrutando de sus dos hijos en el parque. O una foto de las socias de la Asociación de Diagnosticadas de Cáncer de Mama celebrando la Navidad. Salen desenfocadas de tanto bailar. Y cuentan que su anterior presidenta, Fina, fallecida en el 2017 tras años de lucha, pasó su última noche haciendo lo que siempre le había gustado: brindar rodeada de amigos.

Un cáncer de mama, como una guerra, no es algo que puedas escoger. De un día para otro, las bombas te caen encima y la enfermedad te remueve por dentro. Pero hay algo que todas las fotos e historias de “Corresponsales de guerra en el cáncer de mama” dejan entrever: aunque uno no escoja la enfermedad, sí puede elegir cómo hacerle frente. “De lo único que podrían culparse estas mujeres es de no vivir mientras todavía pueden. Y eso tienen clarísimo que no lo van a hacer”, sentencia Manu.

 

Fotografía: Miriam Herrera