Esta es la historia de un número: el cinco. En el deporte, puede ser una victoria apabullante o una derrota para olvidar. También es la alineación de titulares en un partido de baloncesto. Y muchos jugadores lo llevan en su camiseta. Es el caso de Rudy Fernández, alero del Real Madrid y capitán de la selección española, y también es el caso de Daniel Stix, escolta del CD Ilunion —el club de baloncesto en silla de ruedas más laureado de España— e internacional con su selección. Ambos protagonizaron la primera charla de Diálogos Paralímpicos 2020, organizada por la agencia de noticias Servimedia y apoyada por CaixaBank.

Rudy lleva la pasión por el baloncesto en los genes. Eligió llevar el cinco en la camiseta porque su padre, Rodolfo Fernández, jugaba con ese número en el Joventut de Badalona. Su hermana y también jugadora Marta Fernández, internacional absoluta con la selección, también lució el cinco. Y hasta la matriarca de la familia había jugado a este deporte. “El baloncesto ha estado siempre en mi vida. Le debo mucho”, reconoce Rudy.

Con Tokio 2020 a la vuelta de la esquina, los dos jugadores internacionales conversaron sobre cómo dar visibilidad a los deportistas que competirán en los próximos Juegos Olímpicos y Paralímpicos, y compartieron con el público sus sueños de cara el gran evento. Rudy, que debutó en el 2004 con la selección absoluta y esta sería ya su quinta cita olímpica, aún sueña con convertirse en campeón de una Olimpiada: “Es lo que me queda como jugador”. Para Daniel Stix, los Juegos Paralímpicos de Tokio son un reto muy bonito: “Como en mi casa siempre se ha dicho que soñar es gratis, evidentemente iremos a por lo máximo. El verano será muy duro, con muchos entrenamientos y concentraciones, así que iremos partido a partido”.

 

 

Dani nació con cáncer, un neuroblastoma congénito. Se tuvo que someter a una extirpación de riñón y padece escoliosis. No puede mover las piernas, pero con el CD Ilunion ha sido campeón de Europa, ha ganado la Liga y la Copa del Rey. Admiraba (y admira) a Carlos Vera, capitán del club, ahora retirado. Por él lleva el cinco en la camiseta.

Rudy cuenta que en el 2012 entrenó con el CD Fundosa ONCE de baloncesto en silla de ruedas. “Al día siguiente no podía ni subir los brazos. Hice un entreno con ellos y estaba perdidísimo. Creo que si Dani hiciera un entreno con Pablo Laso (actual técnico del Real Madrid) lo tendría más fácil que yo haciendo bloqueos en una silla de ruedas”. En el baloncesto en silla, el aro está a la misma altura (3,05 cm) que en el de a pie. “El baloncesto es baloncesto, vayas en silla de ruedas o andando”, dice Stix. “Y hay que seguir apostando por el deporte, olímpico o paralímpico, da igual, porque los valores y los principios que representan son los mismos”.

Con él coincide Pepu Hernández, exseleccionador nacional: “Yo siempre he hablado de un mismo deporte. Cuando entrenaba en baloncesto femenino muchas veces me preguntaban por qué, pero, para mí no hay baloncesto femenino, masculino o en silla de ruedas, solo hay baloncesto”. Aunque, por supuesto, hay diferencias notables, sobre todo en las equipaciones: mientras unas buenas zapatillas pueden costar unos 150 euros, la silla de ruedas de juego de Dani Stix requiere un desembolso de unos 8.000 euros. “Por suerte, a lo largo de los años se ha mejorado mucho. En barreras mentales, sobre todo. La mayoría de la gente ya no ve a los jugadores en silla de ruedas desde la pena sino desde la admiración”, afirma Stix.

Este avance en la sociedad es fruto, sin duda, de la labor continua de miles de jugadores, entrenadores, entidades y fundaciones, entre otros actores. Un ejemplo es la fundación que Rudy montó junto con su hermana Marta en Mallorca. “Si creamos la fundación fue por conocer a gente como Dani”. Desde entonces impulsan proyectos de concienciación sobre deporte y discapacidad con niños y jóvenes, y apoyan a clubs de baloncesto adaptado como el Discaesports, de la mano de entidades como ”la Caixa”. “Trabajamos para que estos proyectos salgan adelante y sigan creciendo. Creo que es importante para una isla tan pequeñita como Mallorca. Hay que mirar con mucha ilusión hacia el futuro, porque todavía queda mucho trabajo por hacer”. Todavía queda mucho camino para que todas las modalidades de baloncesto se consideren siempre baloncesto.

 

Texto: Carlos H. Vázquez

Fotografía: Bárbara Lanzat