Ser “niño Ruta” en Sevilla es una condición vital que acompaña cada día a casi medio centenar de menores en riesgo de exclusión social y que puede marcar de por vida, en positivo. Es el caso de Almudena Martín, de 48 años, hoy tesorera y trabajadora social en la Asociación Rutas de Sevilla, que trabaja en el Polígono Norte de la capital andaluza. De pequeña, Almudena encontró en esta institución, apoyada por el programa CaixaProinfancia, una alternativa a la calle. “Yo conseguí llegar a la universidad mientras que veía cómo la mayoría de mis amigos del barrio caían en la droga”, rememora. Hoy devuelve a su entorno todo lo que aprendió gracias a haber escogido la ruta correcta.

Almudena llegó con su hermana a Rutas de Sevilla en la década de los 80. “Necesitábamos un espacio donde estar y que nos permitiera salir de la calle. Era una época muy dura, el barrio estaba fatal y muchos de nuestros compañeros de clase cayeron en la droga, algunos de ellos con ingreso en la cárcel incluido”. La Asociación había sido fundada en 1976 por la orden de las Carmelitas de la Caridad de Vedruna —hoy es aconfesional— para atender a niños y niñas, adolescentes y jóvenes con escasísimas oportunidades sociales en los entornos desfavorecidos del Polígono Norte y La Bachillera, ofreciéndoles “refuerzo educativo y un ocio saludable”.

 

 

Después de más de 40 años de actividad en el extrarradio de la capital andaluza, han creado una red de jóvenes y adultos que fueron en su día “niños Ruta”. Todos ellos mantienen un fuerte vínculo con la asociación que consiguió apartarlos del pobre destino que muchos tenían marcado al nacer, y gracias a la que, además, han logrado emprender proyectos personales y profesionales de máxima integración social.

“Nuestra asociación ha hecho una apuesta clara por estos chavales y chavalas y, nuestro compromiso y posicionamiento está al lado de ellos. Es nuestra manera de gritar que no estamos conformes con este sistema que excluye y establece una jerarquía social, económica y cultural entre dominantes y dominados. Creemos en la posibilidad del cambio social y de la transformación en beneficio de los más desfavorecidos”, asegura Irene Castilla, coordinadora de la asociación y pedagoga, quien, junto con Almudena, pasa los días de verano con el medio centenar de chicos de entre 6 y 18 años que actualmente reciben atención en Rutas de Sevilla, institución que se acoge desde hace más de una década al programa de lucha contra la pobreza infantil CaixaProinfancia.

La asociación ha elegido este verano un antiguo internado en la vecina localidad gaditana de Sanlúcar de Barrameda para celebrar un campamento de verano en el que los niños “puedan desconectar unos días”. “Muchos de ellos jamás han visto la playa, casi no han salido de las tres calles de su barrio, y esto les abre la mente”, explican.

Algunos de los monitores que trabajan con estos chavales, como en el caso de Almudena, trabajadora social, son antiguos alumnos de la asociación que quieren devolver a este colectivo todo lo que les ha ofrecido y se dedican en sus vacaciones a echar una mano en el campamento: “Tenemos una relación muy estrecha con todos nuestros niños y niñas, y muchos de ellos, cuando llegan a la edad adulta, no se van, van incorporando a sus hermanos y hermanas y mantienen el vínculo con la asociación para siempre”, explica Almudena, que es uno de esos claros casos de éxito: una niña que pudo alcanzar la Universidad viviendo y estudiando en un entorno completamente adverso.

“Los niños y niñas se pasan el año soñando y planificando el campamento: sus vidas diarias son muy duras en muchos de los casos, con familias desestructuradas, madres ausentes y padres en la cárcel, entornos de malos tratos y ningún valor que les inculque el estudio o el desarrollo de una actividad profesional”, explica Irene, para quien este campamento, así como el resto de actividad diaria durante el curso, les ofrece “cariño y normas: límites”.

“Los límites les dan seguridad, están acostumbrados a que casi nadie se ocupe de ellos, llegan a nosotros con una completa ausencia de normas de conducta, y entienden esto como una forma de sentirse importantes para alguien: siempre les decimos que, si nos dieran igual, tampoco nos importaría que hicieran lo que les diera la gana”, asegura Irene.

De este modo, dentro de esta filosofía de trabajo, en Rutas de Sevilla es tan importante el trabajo de refuerzo académico como “manejar la parte emocional, transmitirles nuestra preocupación por ellos y quererlos, sin más”, aseguran las coordinadoras. “Donde hay una ruta, hay un amigo, reza el lema de esta asociación en la que Almudena Martín, Irene Castilla y Mar Montiel forman un escueto organigrama de trabajo que a ellas no les pesa: “Es un trabajo muy vocacional, implica muchas horas y es una dedicación en la vida. Más que una profesión, es nuestra manera de estar en el mundo”, aseguran.

 

Texto: Amalia Bulnes
Fotografía: Alfonso Vázquez