Coincidiendo con la celebración de sus 15 años de existencia, CosmoCaixa ha inaugurado su impresionante Sala Universo, una auténtica remodelación de su exposición permanente en la que ahora puedes hacer un recorrido por los 13.790 millones de años de la historia del universo, desde el Big Bang hasta los últimos avances en el conocimiento humano.

El reto era mayúsculo: ¿cómo ir más allá cuando CosmoCaixa ya está considerado el mejor museo interactivo de la ciencia de España y uno de los mejores del mundo? Este enorme desafío se plantea ya en el 2012 y empieza a gestarse en el 2016 con varias directrices. Según Lluís Noguera, director del centro, “los museos de la ciencia deben hacer frente a dos desafíos: tenemos que ser capaces de transmitir la evolución de unos avances científicos constantes y de saber utilizar las herramientas tecnológicas a nuestro alcance para explicar lo que queremos explicar”. En CosmoCaixa se priorizan dos aspectos: que el museo sea lo suficientemente flexible como para renovar su apuesta rápidamente y que las herramientas puestas a disposición del público cumplan con su cometido a través de la interacción. “Queríamos contarlo todo, y contarlo todo de manera atractiva y accesible ha sido nuestro gran reto”, asegura Javier Hidalgo, el responsable museístico.

 

 

Cada actividad propuesta es el resultado de un largo proceso en el que el museo ha contado con la colaboración de especialistas en pedagogía científica en busca del mayor rigor posible. Y en cuanto a buscarle una forma accesible y atractiva, CosmoCaixa se ha apoyado en artistas como Dani Palacios o Luke Jerram y en la productora Mediapro, responsable de la producción audiovisual, para crear una experiencia que apele a la emoción. Sin embargo, el museo ha tenido el acierto de no inundar al visitante con pirotecnia visual. “Hemos huido de lo espectacular”, resume Javier Hidalgo, el responsable museográfico. “Y si hay algo espectacular es porque lo es en sí, no porque nosotros le hayamos puesto fuegos artificiales.”

En cualquiera de los tres ámbitos de la exposición, Kósmos (donde una magnífica gráfica tridimensional nos muestra el Big Bang y la formación de estructuras cada vez más complejas), Evolución (que ilustra la evolución de la vida en nuestro planeta) y Fronteras (centrado en nuestro cerebro y los límites de nuestro conocimiento) lo importante es que la experiencia sirva para que cualquier persona pueda interactuar con el entorno y sacarle provecho.

“Hemos incrementado las experiencias en las que tienes que interactuar, mover palancas, lanzar bolas, coger herramientas… Tocar un botón nos parece muy frío y la gente valora el poder personalizar su experiencia. El bloque de hielo resume una idea, la de los tres estados del agua, y lo puedes tocar. Eso es imbatible, no hay artilugio tecnológico que te permita replicar esta experiencia, ni siquiera la realidad virtual”, puntualiza Lluís Noguera.

También nos podemos adentrar literalmente en el cerebro humano—“el objeto más fascinante del universo”, según el Nobel Stanley B. Prusiner— gracias a una reproducción a gran escala donde vemos qué zonas se activan según el estímulo recibido. Para experiencias más a gran escala, podemos contemplar un enorme globo terráqueo y observar cómo lo atraviesan conceptos como la contaminación, la evolución de la temperatura o el tráfico aéreo.

Destaca también la presencia de los llamados explainers, jóvenes educadores preparados para resolver cualquier duda que tengas. El hecho de que sean tan jóvenes contribuye, según Lluís Noguera, a que el público mayoritariamente familiar se sienta más cómodo si esta mediación la realiza alguien cercano, alejado de una cierta autoridad científica.

Y es que una de las metas de CosmoCaixa es mostrar la ciencia como algo que puede y debe pertenecer a nuestra cotidianeidad, un lugar lleno de sorpresas y los estímulos. ¿Cuántas vocaciones científicas se han perdido por considerar que la ciencia quedaba reservada exclusivamente a las mentes más privilegiadas? “Los estudios revelan que muchos jóvenes renuncian a las matemáticas y a las ciencias por la baja percepción que tienen de ellos mismos. A veces esto se fundamenta en los roles que les asigna su entorno, la familia o el colegio. Se supone que hay gente “buena” y gente “mala” para las ciencias, y no es así”, asegura Noguera.

En esta misma línea de incidir en el carácter lúdico y estimulante del pensamiento científico se inscribe la creación del Lab Math, un espacio lúdico donde te enfrentas a todo tipo de acertijos, laberintos o puzles para descubrir que no necesitas calculadora para aplicar las matemáticas a los más diversos ámbitos de la vida.

La remodelación de la sala permanente de CosmoCaixa en Barcelona es, en definitiva, una gran noticia para el conjunto de la ciudad que cuenta, ahora más que nunca, con nuevos estímulos para despertar vocaciones, estar al día de los avances científicos y disfrutar del placer de sorprenderse.

 

 

Texto: Raúl M. Torres
Fotografía: Mònica Figueras