La humanidad ha sufrido tres grandes transformaciones a lo largo de su historia: la neolítica, cuando las sociedades pasaron de ser cazadoras-recolectoras a horticultoras; la de sobras conocida revolución industrial, y la revolución científico-tecnológica actual, que nos puede llevar al mundo perfecto o al desastre total, pero que en cualquier caso nos convertirá en otra cosa, quizá en el hombre y la mujer posthumanos. El doctor José Félix Tezanos nos habla con optimismo de este movimiento cultural, justo antes de su conferencia “Consecuencias del transhumanismo” organizada en el Palau Macaya por la Obra Social ”la Caixa”.

José Félix Tezanos es catedrático de Sociología en la UNED y director de la Fundación Sistema, donde impulsa investigaciones sobre el futuro. Como pensador transhumanista, cree que estamos en un momento de grandes posibilidades, pero también de grandes riesgos.

¿Cómo le explicaría a un niño qué es el transhumanismo?
Le diría: “Mira, los seres humanos somos el resultado de una larga evolución de las especies. Y si hemos evolucionado hasta ahora, lo vamos a seguir haciendo, esta vez con la ciencia y la tecnología”. La pregunta es si evolucionaremos a mejor o a peor.

¿Cómo sería a mejor?
Podríamos tener avances en salud casi de ciencia ficción, como la regeneración de órganos. Podríamos manipular la herencia genética para ser más resistentes al dolor, a la enfermedad, y para tener más inteligencia o memoria. En el trabajo, podríamos ser más productivos usando menos tiempo. Generaríamos mucha riqueza y productos nuevos, y estaríamos liberados de enfermedades, flaquezas y necesidades.

¿Y cuál es la cruz?
Desconocemos si toda esa ingeniería genética conllevará una mayor capacidad de altruismo, empatía y tolerancia o todo lo contrario: nos convertirá en seres muy inteligentes pero incapaces de controlar nuestro afán de dominio y control. Algunos transhumanistas radicales dicen que hemos de usar todo el conocimiento disponible para mejorar la especie. Pero ahí topamos con la eugenesia, vinculada a culturas terribles en la historia… Es un gran debate ético, social y de todo tipo.

 

 

Dicen los expertos que no usamos el 70 % de la información acumulada, que hay más científicos y tecnólogos que nunca, y que tenemos los recursos suficientes. ¿Qué está fallando, entonces?
Están fallando el sistema social y las concepciones morales. En un mundo con tantos riesgos necesitamos una moral mucho más exigente. ¿Usted se imagina a un gorila gestionando el uso de un misil nuclear? ¡Con una cultura de gorila no podemos gestionar conocimientos potencialmente destructivos! Por un lado, tendríamos que ir a un mayor desarrollo de las concepciones, las implicaciones y las responsabilidades morales. Y por otro lado, deberíamos tener un sistema social más equitativo que garantizase la igualdad. Publica Forbes que solamente ocho grandes fortunas tienen tanta riqueza como la mitad de la humanidad. ¡Como 3.600 millones de personas! Y si dijeras: “Bueno, eso se produce, pero no hay nadie con grandes necesidades”. Sin embargo, el número de hambrientos aumenta: 820 millones, según el último informe de la FAO. Esta situación revela el punto de crisis de civilización al que podemos llegar.

Hablando de dinero, hay quien dice que la revolución científico-tecnológica irá a dos velocidades: la de los ricos y la de los pobres.
El profesor Lee M. Silver, un gran biólogo de Princeton, plantea la hipótesis de una nueva clase social dominante a través de la genocracia. Es decir, que igual que ahora las personas con recursos procuran que sus hijos tengan la mejor educación, aprendan idiomas o viajen, en el futuro podrían decir: “Yo a mis hijos lo que les quiero legar es una mejora genética”.

¿Y usted qué piensa?
Que es una aberración, tipo Un mundo feliz de Huxley. Los ricos serían una superespecie con más riqueza y conocimientos. Y quizá, aunque la ley lo prohibiera, encontrarían sus “paraísos genéticos”. El propio Silver piensa que es una hipótesis aberrante. Y yo creo que lo que vamos a tener es un estado del bienestar equitativo. Es importante que Europa, uno de los espacios de civilización más solidarios, dé ejemplo con más solidaridad, en los impuestos y en los salarios, y vuelva a recuperar políticas de cooperación internacional solidaria como la del 0,7 %.

Hay un proverbio chino que dice: “¡Ay de los que les toque vivir tiempos interesantes!”. ¿Está contento de vivirlos?
Sí. Vivir una época de cambios abre muchas oportunidades. Yo soy un optimista. Creo que tenemos que practicar el optimismo de la voluntad, trabajar para conseguir que lo factible se haga posible. Y si el avance nos lleva a la genocracia, pues habrá que combatirla. Estoy convencido de que la sociedad, si tiene un patrón de comportamiento ético y amplios márgenes de libertad, conseguirá que la evolución científico-tecnológica nos lleve al máximo bienestar.

 

Entrevista: Ana Portolés